Abajo los anti-premios: por qué los Razzies ya no tienen gracia

Llega una nueva sartenada de nominaciones a los premios Razzie, también conocidos entre periodistas perezosos como los anti-Oscar (eh, al menos no son la antesala de nada), y arrojan un año más la misma imagen de siempre: la del abusón de clase atizándole al gafas de los tebeos, a la marimacho y al jevi tripitidor.

Este año entre los nominados están Cuatro Fantásticos, Cincuenta sombras de Grey, El destino de Júpiter o Pixels acaparando buena parte de las nominaciones. Revisemos las de este año y comentamos el desastre anual:

Peor película:
Cincuenta sombras de Grey
Cuatro Fantásticos
El destino de Júpiter
Pixels
Superpoli en Las Vegas

Peor remake o secuela:
Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas
Cuatro Fantásticos
Jacuzzi al pasado 2
The Human Centipede III
Superpoli en Las Vegas

Peor guion:
Cincuenta sombras de Grey – Kelly Marcel
Cuatro Fantásticos – Simon Kinberg, Jeremy Slater y Josh Trank
El destino de Júpiter – Andy y Lana Wachowski
Superpoli en Las Vegas – Kevin James y Nick Bakay
Pixels – Tim Herlihy y Timothy Dowling

Peor director:
Sam Taylor-Johnson – Cincuenta sombras de Grey
Josh Trank – Cuatro Fantásticos
Andy & Lana Wachowski – El destino de Júpiter
Andy Fickman – Superpoli en Las Vegas
Tom Six – The Human Centipede III (Final Sequence)

Peor actor:
Johnny Depp – Mortdecai
Jamie Dornan – Cincuenta sombras de Grey
Kevin James – Superpoli en Las Vegas
Adam Sandler – Pixels y Con la magia en los zapatos
Channing Tatum – El destino de Júpiter

Peor actriz:
Katherine Heigl – Hogar no tan dulce hogar
Dakota Johnson – Cincuenta sombras de Grey
Mila Kunis – El destino de Júpiter
Jennifer Lopez – Obsesión
Gwyneth Paltrow – Mortdecai

Peor actor de reparto:
Chevy Chase – Jacuzzi al pasado 2 y Vacaciones
Josh Gad – Pixels y El gurú de las bodas
Kevin James – Pixels
Jason Lee – Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas
Eddie Redmayne – El destino de Júpiter

Peor actriz de reparto:
Kaley Cuoco-Sweeting – Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas y El gurú de las bodas
Rooney Mara – Pan
Michelle Monaghan – Pixels
Julianne Moore – El séptimo hijo
Amanda Seyfried – Pan y Navidades, ¿bien o en familia?

Peor combinación en pantalla:
Miles Teller, Michael B. Jordan, Kate Mara y Jamie Bell – Cuatro Fantásticos
Johnny Depp y su bigote postizo – Mortdecai
Jamie Dornan y Dakota Johnson – Cincuenta sombras de Grey
Kevin James, su Segway y su bigote postizo – Superpoli en Las Vegas
Adam Sandler y cualquier par de zapatos – Con la magia en los zapatos

Premio a la redención:
Elizabeth Banks – Dando la nota 2: Aún más alto
M. Night Shyamalan – La visita
Will Smith – La verdad duele
Sylvester Stallone – Creed

Ahí están: la macedonia anual de fracasos de taquilla (Cuatro Fantásticos, El destino de Júpiter), éxitos a los que se puede mirar por encima del hombro por populacheros o estar asociados a un fenómeno externo al cine (Cincuenta sombras de Grey), el eterno Adam Sandler, actores de prestigio en trabajos alimenticios o que no están a la altura de lo esperado (Julianne Moore, Rooney Mara, Eddie Redmayne o Amanda Seyfried) o el repugnante reírse de películas que juegan en una liga ajena a la de los grandes estrenos, como Superpoli en Las Vegas o Human Centipede III, y que recibirán la nominación, imagino, encogiéndose de hombros, rascándose la cabeza y pensando «Están locos estos romanos». Aparte de todo ello, la categoría más despreciable del año, el Premio a la Redención que deja que humillados de otros años como Shyamalan, Stallone o Will Smith sean admitidos de nuevo en el redil de los favoritos de la seño.

La irritante existencia de los Razzies se origina en una forma de crítica muy actual, muy internáutica y cínica pese a ser unos premios que llevan 36 años otorgándose (es curioso que, pareciendo el invento de un tuitero, se hayan acabado convirtiendo en un epítome de lo rancio y lo clasista de determinada crítica de cine que ya parece estar en extinción): la de mirar por encima del hombro a las películas que no han triunfado (en taquilla o entre la crítica). Y, de paso, establecer entre líneas una tesis acerca de lo que está Bien y lo que está Mal en el cine, y que castiga la disidencia, el atrevimiento y el fracaso.

No hay más que ver las nominaciones del primer año, 1980: El Resplandor (Stanley Kubrick fue también nominado como Peor Director), Vestida para matar de Brian De Palma y A la caza, que está lejos de ser la mejor película de William Friedkin, pero aún así… Quizás el Razzie más significativo de la actitud de los premios sea el de Peor Director que ganó Michael Cimino por La puerta del cielo (1980), considerada uno de los grandes fracasos inmerecidos de la historia del cine, y que dice mucho de la actitud de abusón de los premios: castiguemos al que ya ha sido machacado (insistimos, por crítica o público), al que ya no le quedan fuerzas para reaccionar. En ese sentido, las premiadas típicas este año han sido Cincuenta sombras de Grey (¡es «cine para tías»! ¡y a la crítica no le ha gustado!) y, sobre todo, El destino de Júpiter, una película decididamente discutible, pero también mal entendida, ambiciosa y de indiscutibles logros técnicos y visuales.

Si se mueven, mátalos

Los Razzies ni siquiera tienen matices. ¿De verdad son Pixels, El destino de Júpiter y Human Centipede III el mismo tipo de película «mala»? El caso más claro, en ese sentido, de esa falta de matices al hablar de Buenas y Malas es el de Showgirls, que arrasó en los Razzies de 1995 y que ya ha trascendido la consideración que se tuvo en su día sobre ella de «placer culpable» y «tan mala que es buena» (otras dos etiquetas despreciables, de las que hablaremos otro día) para convertirse en una película de culto con todas las de la ley. Los Razzies, ese año, se alinearon con los guardianes de la moral que la calificaban de pornografía sin excusa posible ni valores artísticos. Lo mismo que pensaban los críticos más estirados, los gerifaltes de las productoras menos amigos del riesgo y las asociaciones de integristas religiosos que iban a las puertas de los cines con pancartas de «Jesús te ama. Arrepiéntete».

Esa y no otra es la personalidad de los Razzies: otra forma del pensamiento conservador y poco amigo del cambio, que quiere imponer unos códigos acerca de lo que es el Buen Cine y el Mal Cine aunque sea a través de un humor aparentemente crítico y vitriólico. Y sí, por supuesto que los Razzies han premiado películas que no volveríamos a ver bajo ningún concepto: este año, Pixels, Mortdecai o la propia 50 sombras de Grey nos han dejado con pocas ganas de repetir, pero no por ser «malas», sino por razones con más matices que el blanco y el negro. Las películas que fracasan lo hacen por razones complejas, y este año ha habido un caso muy claro: Cuatro Fantásticos, una película rota que podría aparecer en el diccionario junto a la definición de «fallida», pero con la que no cuesta rascar entre los escombros para detectar ideas de valor que podrían haber dado pie a una película mucho más interesante y que se frustró por los motivos que ya han sido más que examinados. Pero claro, eso supondría acercarse a ella con una actitud constructiva y de amor por las películas de la que los Razzies, sencillamente, carecen.

En su interesante Por qué me repelen los Razzies (y los YoGa), Jordi Costa situaba el origen no ya de los Razzies, sino de la propia actitud de reírse de las películas malas en el libro The fifty worst films of all time (1979), de Michael Medved, que aunque ya caduco y anticuado, poseía un par de valores bastante indiscutibles. Por una parte, proponer un cambio de paradigma, siempre saludable cuando existen unos criterios críticos esculpidos en piedra. El libro se preguntaba, con la impertinencia de un adolescente respondón: ¿son las películas buenas tan buenas y las películas malas tan malas? Es decir, proponía introducir matices en el sentido crítico del cine, justo lo opuesto a lo que son los Razzies ahora.

El otro valor del libro de Medved era sugerir que hay determinadas vacas sagradas que quizás merezcan una colleja. Quien las recibía allí eran, entre otros, (glups) Iván el Terrible de Eisenstein (1944-1958) y (doble glups) El año pasado en Marienbad, lo que refrenda lo que veníamos diciendo: los Razzies no quieren hacer justicia, sino reírse del raro, el débil y el empollón. Es decir, no quieren proponer un cambio de paradigma, sino subrayar la opinión mayoritaria. Los Razzies, por tanto, no solo son irritantes: son despreciables.

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