‘After the rain’ y cómo tratar (bien) la diferencia de edad en las relaciones románticas

Akira es una adolescente corriente que trabaja a tiempo parcial en un restaurante familiar y que -¡tachán!- está perdidamente enamorada de su jefe, un cuarentón divorciado que le saca casi treinta años de edad. ¿Cómo podemos tratar este tema tan complicado sin caer en terreno pantanoso? Jun Mayuzuki propone una nueva visión para esta problemática y aprovechamos para hacer un repaso al tratamiento de otras parejas con edades desiguales en el cine.  

Cuando te enfrentas por primera vez a After the rain (2018) (Koi wa ameagari no you ni en japonés y Después de la lluvia en español) no puedes evitar cierto recelo. Has leído la premisa y te ha podido la curiosidad, para qué mentir. La historia de una relación amorosa entre una adolescente de diecisiete años y su jefe de cuarenta y cinco puede dar mucho de sí y sería muy fácil caer en tópicos que la convirtieran en otro producto audiovisual horrible. Precisamente ver hacia dónde se dirige la trama –y rezar para que no se desvíe– es lo que te hace continuar esta serie que se las arregla muy bien para salir del lodazal que supone el tema.  

Su autora, Jun Mayuzuki, sabía que contaba con una historia muy potente cuando lanzó en 2014 el primero de los nueve volúmenes del manga. Su éxito en el país nipón llevó a que fuera adaptada en 2018 a anime e incluso a película de acción real, contribuyendo a su expansión fuera de Japón y adquiriendo cierta fama en nuestro país gracias a la compra de la serie por la plataforma Amazon Prime.

Los dos grandes problemas que presenta la historia son claros: la gran diferencia de edad de los protagonistas y la desigualdad de poder que existe al tratarse de jefe y empleada. Pero antes de entrar en el análisis de estas cuestiones, es primordial conocer un poco más a los dos protagonistas para entender After the rain. Aunque es cierto que la relación amorosa es el centro argumental, lo verdaderamente importante en la obra son los personajes, sus emociones y cómo la autora los rodea de una gran humanidad para que realmente podamos entender cómo se siente el uno respecto al otro. Algo esencial para que la relación no caiga en la banalización.

Conforme pasan los capítulos tenemos la oportunidad de conocer a Akira Tachibana, que no es solo una adolescente enamorada de su jefe, sino una joven con un sueño truncado. La pasión de Akira es el atletismo y sus buenas marcas la hacen soñar con una carrera prometedora en este campo hasta que una grave lesión le aleja de las pistas. Devastada, abandona el club de atletismo al que acudía todos los días a entrenar, dejando de lado también a su mejor amiga, otra apasionada de ese deporte.

Su vida acaba de cambiar completamente y el hueco que antes ocupaba el atletismo ahora es un vacío que le carcome. Pero un día entra en un restaurante para cobijarse de la lluvia y un simpático camarero le sirve un café e intentar animarla con una ternura que conmueve a Akira. Algo acaba de cambiar, se ha enamorado de ese hombre que resulta que es el jefe del restaurante y el vacío que tenía en el pecho empieza a llenarse con una nueva ilusión. No pierde el tiempo y empieza a trabajar como camarera allí para poder pasar más tiempo con él y su vida anterior queda relegada a un segundo plano.

Por el otro lado tenemos al señor Kondo, un cuarentón divorciado con un hijo pequeño, que ve que su vida ha transcurrido sin pena ni gloria. Su matrimonio ha sido un fracaso, su sueño de ser escritor se ha evaporado y ahora lo único que le queda es ser el gerente de un restaurante y un hastío vital con el que ha aprendido a convivir. Pero a pesar de todo es un hombre amable, a veces demasiado bueno, al que sus empleados no le tienen demasiado respeto por no saber imponerse. Y de repente Akira entra en su vida. Dos vidas rotas de formas tan diferentes se encuentran y de ahí surge lo inesperado.

El tratamiento de la problemática

Todo comienza cuando Akira le confiesa sus sentimientos a Kondo y este es consciente por primera vez de la posibilidad de una relación con ella. Hasta ese momento él no se había dado cuenta de nada y ni se le podía pasar por la cabeza que algo así pudiera suceder. Pero aquí nos encontramos con el principal acierto de la autora, al dejar claro que el personaje de Kondo sabe desde el primer momento que esa relación no estaría bien y que por tanto no puede tener lugar. Pero como ser humano que es, duda. Él no sabe muy bien cómo reaccionar a esta situación y accede a tener un par de citas con ella. El verse deseado por una persona tan joven le produce una sensación de entusiasmo que le recuerda a su juventud perdida y sería tan fácil dejarse llevar por ella… Pero no sería lo correcto.

Siempre es Akira la que intenta llevar un paso más allá la relación con acciones tan tópicas como querer tener su número de teléfono para escribirle o ir a visitarlo cuando está enfermo. Este acercamiento consigue que ambos se conozcan mejor el uno al otro al interaccionar fuera del horario laboral, y ahí es cuando empiezan a entenderse. Ella descubre la pasión de Kondo por la literatura y que su sueño siempre ha sido el poder convertirse en escritor. Y él descubre la pasión de Akira por el atletismo, la lesión que ha sufrido y que ahora tiene la oportunidad de operarse pero no se decide a intentarlo por temor a volver a sufrir. Su relación avanza, no en el sentido convencional, pero sí en el plano de un entendimiento completo en el que el acercamiento físico es mínimo.

Gracias a esto ambos evolucionan. Akira ve que Kondo tenía un sueño que ha dejado de lado como ella y que es una decisión que no le ha hecho feliz. Entonces ella comienza a replantearse su propia vida y consigue encontrar el valor necesario para operarse y seguir adelante con él. Pero lo mismo pasa con Kondo, que recupera la ilusión gracias a conocer a Akira. La juventud y energía de ella le hacen volver a tener fuerzas para perseguir su sueño como escritor y ver que todavía le queda mucha vida por delante como para conformarse y estancarse.

La clave de esta historia reside en que ambos se ayudan mutuamente. Ninguno de los dos se aprovecha del otro para conseguir para conseguir un fin. La relación entre ellos es tan simple como dos personas que empiezan a conocerse, crean un vínculo y que gracias a ser entendidas se dan cuenta de hacia dónde quieren enfocar su vida. Una visión bastante acertada de una situación que puede ser problemática y que conduce a la serie a la mejor conclusión posible.

¿Cómo han tratado este mismo tema otros títulos?

Publicado en un artículo de Vulture sobre las diferencias de edad
entre varias actrices y sus compañeros.

La diferencia de edad en relaciones amorosas es un tema recurrente en el mundo audiovisual y tras analizar cómo ha sido llevado en After the rain, sería interesante ver cómo otras obras han trabajado la misma cuestión. Para empezar, es un hecho que existe un mayor número de películas en la que la mujer es el personaje joven de la relación y el hombre el mayor. Aunque muchas veces no se especifica la edad de los protagonistas, en muchas de ellas las actrices elegidas son con diferencia mucho más jóvenes que sus compañeros –como se puede apreciar hasta en las entregas de Premios– y no hay más que ver gráficas como la que hay sobre estas líneas para ver claramente cuál es el estado de la situación.

Pero aunque en este tipo de ejemplos existe una diferencia de edad muy desigual, el terreno en el que nos vamos a mover va a ser el mismo que el que se da en After the rain , con obras con personajes dentro de la adolescencia o de instituto. Por eso también vamos directamente a obviar títulos como Lolita (1962) por tratarse del ejemplo de una niña de doce años en el que directamente entra en escena el factor de la ilegalidad.

Dentro de este rango de edad encontramos distintos tratamientos. Por un lado tenemos las películas que muestran una relación completa entre los dos protagonistas como ocurre en Manhattan (1979) -y más de dos tercios de las películas de Woody Allen– o en Perdona si te llamo amor (2008). La base de ambas es la misma, señores mayores que tienen una relación con una chica adolescente, pero la diferencia entre ambas es el tratamiento con el que es llevada cada pareja. Mientras que el libro de Moccia se trabaja como una historia romántica en que se aprecia cómo los dos miembros de la pareja adquieren sentimientos el uno por el otro en lo que se va a desarrollar como un noviazgo normal, en la película de Allen la relación solo sirve al protagonista para mantenerse ocupado, ya que realmente nunca se ve que tenga sentimientos por ella, y no duda en cortar la relación cuando la verdadera persona que le interesa le pide salir. Justo cuando este verdadero interés amoroso rompe con él corre a los brazos de la adolescente de nuevo porque no quiere quedarse solo. El típico caso de hombre en la crisis de la mediana edad que utiliza una relación con alguien mucho más joven con el propósito de revivir su juventud y comprobar que todavía le queda vida por delante.

También parecida a esta descripción tenemos al protagonista de American Beauty (1999) que en una crisis existencial empieza a tener deseos sexuales hacia una amiga de su hija. Aquí se trata casi de una obsesión por el personaje femenino, siempre basada en el fin sexual que en todo momento quiere llegar a cumplir. Pero al llegar el momento decide echarse para atrás porque le entra la vena paternal y se da cuenta de que no sería lo correcto, salvándose moralmente por los pelos.

Por tanto, podemos decir que mientras los protagonistas de Perdona si te llamo amor desarrollan una relación con sentimientos e igualitaria, al igual que ocurre en After the rain, los personajes masculinos de las otras dos utilizan esa relación como medio para conseguir un fin –juventud, ilusión, combatir la soledad, placer sexual– y se produce una relación desigual donde uno de las partes utiliza a la otra.

Aunque la mayoría de ejemplos hasta el momento entran dentro de la cisheteronormatividad blanca predominante en el cine occidental, la diferencia de edad es algo que también se ha relatado en parejas homosexuales. Su tratamiento suele estar relacionado con la exploración de la sexualidad del personaje más joven, como en el caso de Call me by your name (2017). En este sentido, una persona mayor introduce al adolescente en el terreno de la pasión sexual y en el descubrimiento personal.

Pero existe otro elemento más a tener en cuenta en la ecuación, como que además de la edad, pueda existir una diferencia de poder como la que se daría entre jefe y empleado –como ocurre en After the rain– o entre profesor y estudiante. Es más común que la relación se dé en el ámbito escolar, más que en el laboral: así, Diario de un escándalo (2006) es un ejemplo claro de profesora que entabla una relación sexual con uno de sus estudiantes de quince años y en el que se ve cómo el terreno de lo moralmente aceptable se entremezcla con lo que establecen los códigos legales al respecto.

Como hemos podido comprobar, la diferencia de edad en las relaciones es un tema que está presente en la cultura audiovisual, reflejo de los problemas que presenta nuestra sociedad. Es un tema complicado en el que entran en escena muchas variables y existen muchas formas diferentes de tratarlo, no todas ellas acertadas. Aquí es donde sobresale After the rain, proponiendo una solución que pasa por añadir humanidad a los personajes, crear una relación igualitario y proponer soluciones maduras a la pregunta de qué es correcto y qué no lo es.  

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