“El ajedrez es la vida” – Auge y caída de Bobby Fischer

La vida de Bobby Fischer ha sido ilustrada en numerosos documentales, quizás el más famoso es Bobby Fischer contra el mundo (2011). Recientemente, su enfrentamiento contra Spassky fue llevado al cine en la película El caso Fischer (2016). También, se han publicado numerosos libros sobre él, como Endgame. En este artículo, coincidiendo con el aniversario de su nacimiento, trataremos los aspectos más importantes de su vida, para que nuestros lectores, ajedrecistas o no iniciados al deporte-ciencia no olviden a uno de los ajedrecistas más grandes de todos los tiempos.

Robert James Fischer nació el 9 de marzo de 1943, en Chicago. Comenzó a jugar al ajedrez cuando tenía 6 años. Su hermana, Joan, compró una caja de “juegos reunidos” que incluía un tablero. Bobby aprendió leyendo las normas y descubrió su verdadera pasión.

Su madre, Regina, nació en Suiza y estudió Medicina en Moscú. Se mudó a EEUU donde dio a luz al pequeño Bobby. Uno de los aspectos que pudo influir negativamente a Fischer fue la paranoia de su madre, ya que al ser simpatizante comunista -y posteriormente activista- fue vigilada por el FBI. Ahora bien, otro aspecto que le pudo perjudicar fue la falta de un padre. Su padre oficial fue Gerhardt Fischer, de origen alemán y sospechoso por sus conexiones comunistas. En realidad, su verdadero padre fue el físico húngaro Paul Nemenyi, que visitaba de vez en cuando a Fischer. Falleció poco después del noveno cumpleaños de Bobby.

El niño Bobby Fischer

Pero centrémonos en las andaduras ajedrecísticas de Fischer. Su madre le llevó al psiquiatra por su obsesión con el ajedrez, y el facultativo respondió que “había peores obsesiones que el ajedrez”. Al final, su madre decidió apoyarle y le apuntó a un club del deporte. Pero no fue considerado un niño prodigio en el tablero hasta que, siendo adolescente, participó en el US Open, donde obtuvo en resultado muy positivo.

Su buen resultado en tal torneo le valió para participar en el Trofeo Rosenwald. Y es ahí donde el talento de Fischer hizo historia con tan sólo trece años. Fue cuando disputó la denominada Partida del Siglo contra Donald Byrne, considerada una de las partidas más bellas de la historia. Un años después, con 14 años, se proclamó campeón de los Estados Unidos.

De hijo adoptivo a enemigo número uno de la URSS

El joven campeón de los Estados Unidos había estudiado las partidas y las aportaciones teóricas de los ajedrecistas soviéticos, incluso aprediendo ruso para poder profundizar en su estudio, por lo que en la URSS le consideraron un hijo de la Escuela Soviética de Ajedrez. Además, era de origen humilde, procedía de un barrio obrero y tanto su madre como su padre fueron simpatizantes del comunismo -su madre llegó a estudiar en la Unión Soviética- lo que le hacía más atractivo para las autoridades. Fischer fue invitado a viajar a la capital soviética, donde fue recibido como un ídolo. Rápidamente, el joven Bobby acudió al Club de Ajedrez de Moscú para jugar partidas rápidas, denominadas Blitz -partidas donde cada jugador tienen un total de cinco minutos por movimiento- llegando a ganar a las jóvenes promesas del ajedrez soviético. El propio Tigran Petrosian tuvo que desplazarse hasta el Club para frenar la ingente cantidad de victorias que estaba cosechando el quinceañero.

Este idilio entre la potencia comunista y Fischer no duró mucho. Fue debido a las declaraciones de Fischer tras el Torneo Internacional de Candidatos: “El Torneo Internacional de Candidatos, que ha terminado este 22 de junio, me ha dejado un convencimiento: el control ruso sobre el ajedrez ha llegado a tal extremo que ya no puede existir una competición honesta por el Campeonato Mundial. El sistema que mantiene la FIDE, el organismo que gobierna el mundo del ajedrez, asegura que siempre habrá un campeón mundial ruso (…) Los rusos lo han arreglado así”. Tales palabras no sentaron del todo bien en la URSS, y acusaron a Fischer de mal perdedor y niñato americano malcriado. De ser un hijo adoptivo pasó a ser el enemigo número uno del ajedrez soviético.

Y llegó el día “D”: Boris Spassky vs Bobby Fischer

Bobby Fischer consiguió el título de Gran Maestro a los 15 años, había arrasado en lo sucesivos campeonatos nacionales de los Estados Unidos, pero le faltaba la joya de la corona: proclamarse campeón del mundo. Ésa oportunidad llegó en el año 1972, en la final de Reikiavik (Islandia). Fischer consiguió ser el mejor en el Torneo Interzonal de 1970, clasificándose para el Torneo de Candidatos, donde arrasó con un 6-0 al soviético Mark Taimánov y al danés Bent Larsen. El soviético, que falleció recientemente, sería duramente castigado en la URSS. En la semifinal, Bobby lograría vencer a Tigran Petrosián con un resultado a favor del americano de 6,5 a 2,5. Fischer lo había logrado, disputaría la final del campeonato del mundo contra Boris Spassky, genial ajedrecista que todavía no había sido derrotado por Bobby.

Spassky vs. Fischer

Comenzaba el mayor duelo de la historia del ajedrez. En plena Guerra Fría se enfrentaban EEUU y la URSS. Los norteamericanos podrían vencer a la supremacía soviética, y la presión política no tardó en llegar. La URSS movilizó a sus mejores ajedrecistas para que analizaran las partidas de Fischer y asesoraran a Spassky. En la Unión Soviética el ajedrez era un deporte de Estado, no podían permitirse perder. La importancia del ajedrez en ese país la describe a la perfección Evgeni Bebchuk, expresidente de la Federación Rusa de Ajedrez: El régimen bolchevique no estaba reconocido por la Sociedad de Naciones. Había que hacer una demostración, esa era la primera razón (…) después de la guerra civil había mucha pobreza, el país estaba en la ruina. El ajedrez es un deporte barato, se necesita un tablero, unas piezas y ya está, no hacen falta estadios ni pistas. Y eso Stalin y Lenin lo comprendieron muy bien. Esa fue la segunda razón. Y, por último, el ajedrez es un deporte intelectual y para los bolcheviques era importante demostrar que en un deporte intelectual ellos podían ser los mejores. Todo ello explica el gran apoyo estatal que recibió el ajedrez.”

Ese apoyo estatal se materializó en la creación de la Escuela Soviética de Ajedrez, un sistema para descubrir grandes talentos, un centro de entrenamiento al más alto nivel. Fue así como llegaron campeones como Botvinnik -campeón del mundo de 1948, al que se permitió jugar el torneo mundial con la única condición de que ganara, pues la URSS en ésa época no pertenecía a la FIDE por considerarla una organización burguesa- Smyslov, Tahl, Petrosian, Spassky…

Y llegó el día. Pero cuando el torneo estaba a punto de comenzar, Bobby ni siquiera estaba en Islandia. Consideraba que el dinero para el ganador era insuficiente. Le acusaron de sólo centrarse en el dinero, a lo que él respondió: “Si sólo me interesase enriquecerme con esto, no me dedicaría en exclusiva al ajedrez. Me dedicaría a invertir en bolsa, ahí es donde uno puede enriquecerse”. Finalmente, un magnate británico llamado Jim Slater ofreció 125.000 dólares para aumentar el premio, enviando un telegrama a Bobby que decía: “Ahí tienes el dinero. Ahora ve y juega”. Sorprendentemente, Bobby Fischer, perdió la primera partida por un error –celada en el argot ajedrecístico- de principiante.

De inmediato comenzó quejarse del sonido que emitían las cámaras, del público, etc. A la segunda partida no se presentó, lo que propició la llamada del por aquel entonces Secretario de Estados norteamericano Henry Kissinger con su famosa frase: “Este es el peor jugador del mundo llamando al mejor jugador del mundo”. Bobby regresó al tablero y comenzó a ganar. Al final, Fischer destronó a Spasski, con un resultado de 12,5-8,5. Bobby ganó y después, desapareció.

Después del campeonato

En 1975 a Bobby Fischer le tocaba defender el título de campeón contra el jovencísimo Anatoli Kárpov en Manila (Filipinas). Pero el ajedrecista norteamericano se negó a disputar dicho encuentro ya que consideraba que sus exigencias no fueron escuchadas. Fischer propuso a la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) que el campeonato se jugase al mejor de diez victorias, sin límite de partidas, donde los empates no contarían. Tales condiciones, de cumplirse, alargarían sine die el Mundial de Ajedrez. La FIDE no aceptó las condiciones de Bobby, y éste desestimó defender el título a pesar de que el dictador, Ferdinand Marcos, ofreció una bolsa de cinco millones de dólares.

No se volvió a saber nada de Bobby hasta 1977, donde se enfrentó a la computadora MacHack en un match secreto a tres partidas que se celebró en Cambridge. Pero a pesar de la confidencialidad, las partidas se filtraron y fueron publicadas. Fischer destrozó al ordenador en tres partidas.

Buscar a Fischer se convirtió en algo así como buscar a Carmen Sandiego. El Gran Maestro de Ajedrez volvió a aparecer en 1981, cuando fue detenido en Pasadena (California) por la Policía, ya que se negó a mostrar su identidad. Fischer lucía un aspecto visiblemente desmejorado y se dedicaba a pegar carteles antisemitas en los coches. Las autoridades le retuvieron durante 48 horas donde escribió el famoso texto “Fui torturado en Pasadena”.

No se volvió a saber nada de él hasta principios de los noventa. El periodista español, Leontxo García consiguió dar con él tras dos años de investigación. Fischer obligó a Leontxo a reproducir en un tablero de bolsillo la partida entre Pomar y Fischer disputada en La Habana en 1966 para comprobar que no mentía, pues según el periodista español, Fischer estaba obsesionado con su seguridad.

Se sabe que estuvo viviendo en Belgrado desde 1992 después del encuentro ajedrecístico con Spassky, que trabajó en una radio filipina como pinchadiscos a tiempo parcial y que mantuvo un romance con la joven húngara Zita Rajcsanyi, con la que tuvo un hijo. En diciembre de 2003, el Gobierno de EE UU canceló el pasaporte de Fischer, lo que motivó que fuera detenido por la policía japonesa. Finalmente, las autoridades islandesas le concedieron la ciudadanía al norteamericano.

Bobby Fischer en 1992

En 1992, un adinerado banquero yugoslavo, Yezdímir Vasílievich, ofreció a Fischer cinco millones de euros por volver a jugar contra Spassky en Sveti Stefan y en Belgrado, ambos territorios de la República Federal de Yugoslavia. Los Estados Unidos habían decretado un embargo económico sobre tal país, y prohibieron a Fischer aceptar tal oferta. Pero Bobby, haciendo gala de su fuerte carácter escupió sobre el documento del Departamento del Tesoro que le conminaba a no violar el embargo contra Yugoslavia, debido a la guerra de Bosnia. El ajedrecista neoyorkino ganó el torneo, y pasó a ser un prófugo de la justicia norteamericana.

24/7 de tenis y bolos: sus exigencias más famosas

El ajedrecista de Brooklyn no sólo destacó por su destreza en el tablero, sino también por sus excéntricas exigencias. Sí sus demandas no eran escuchadas, por muy dispares que fueran, simplemente adquiría un billete de avión y volvía a su hogar. Bobby Fischer se convirtió en un verdadero quebradero de cabeza para los organizadores de cualquier encuentro ajedrecístico, unos organizadores que eran conscientes de que la presencia de Bobby atraía un interés mediático sin precedentes.

Testigo del carácter del ajedrecista neoyorkino fue el propio Rainiero de Mónaco. El Príncipe monegasco, que era muy aficionado al ajedrez, organizó un torneo donde invitó a tres jugadores norteamericanos con la condición de que uno de ellos fuera Bobby Fischer. En cuanto el de Brooklyn llegó a Mónaco, comenzó a protestar por todo: la comida, la sala donde se iba a celebrar, el hotel, etc. Finalmente, Bobby obtuvo la victoria, pero a un elevado precio, ya que en la siguiente competición organizada por Rainiero se puso como condición que no se invitase a Bobby Fischer.

Lo mismo ocurrió en el Torneo Interzonal de Sousse, celebrado en Túnez. La presencia de Fischer aumentó la expectación por el evento. Pero nada más llegar, el bueno de Bobby empezó a protestar por la iluminación, por los fotógrafos, por el público asistentes, etc. Sus demandas no fueron escuchadas y no apareció en la partida que le enfrentaba al soviético Gipslis. El presidente de la federación tunecina de ajedrez tuvo que ir a buscarle al aeropuerto.

Fischer, a pesar de alguna de sus extravagantes exigencias -como que hubiera alguien dispuesto a jugar con él al tenis y a los bolos las 24 horas del día durante su enfrentamiento contra Spassky- consiguió mejorar las condiciones de los ajedrecistas. Spassky le llegó a llamar el “jefe del sindicato de ajedrecistas”.

“Quiero ver a EE.UU. borrado del mapa”. Sus opiniones políticas

“El que la hace la paga, incluso EE.UU. Quiero ver el país borrado del mapa.” Estas palabras, acompañadas de unas perturbadoras carcajadas, fueron pronunciadas por Bobby Fischer el 11 de septiembre del año 2001 en una radio filipina mientras las Torres Gemelas se derrumbaban.

En su encuentro con él, el periodista y ajedrecista Leontxo Garcia descubrió que el genio ajedrecista odiaba a mujeres, negros, comunistas, periodistas y judíos (recordemos que Bobby Fischer era judío por parte de madre y de padre). También el periodista alertaba de que el norteamericano entabló amistad con personas de ideología neonazi. Su feroz antisemitismo se manifestó cuando le fueron embargadas y subastadas sus pertenencias que guardaba en Pasadena (California) aduciendo a que fue una conspiración de los judíos contra él: “Éste es el último de una serie de crímenes contra mí perpetrados por la comunidad judía mundial y sus grupos de presión en Estados Unidos”

Estas opiniones políticas e inclinación por ciertas tesis conspirativas comienzan a aflorar en el ajedrecista de joven, tal y como muestra una entrevista recogida en el Documental Bobby Fischer contra el mundo, donde afirma ser lector de revistas y libros que “cuentan lo que el gobierno oculta a la población”. Fischer se convirtió en un negacionista del Holocausto y se mostró favorable a un golpe militar en su país, seguido de la destrucción de sinagogas y la ejecución de cientos de miles de judíos.

Fischer falleció el 17 de enero de 2008 en Reikiavik, a causa de una insuficiencia renal, a los 64 años de edad, el mismo número de casillas que tiene un tablero de ajedrez. Así llevó hasta la muerte su máxima “El ajedrez es la vida”, como si de un homenaje recíproco se tratara.

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