Alberto Corona, autor de ‘La otra Disney’: “Una película puede ser mala desde un punto de vista cinematográfico y tener valores excelentes, y viceversa”

Por mucho que los remakes y los live action hayan invadido en los últimos años la cartelera internacional, el modus operandi de la Casa del Ratón viene de lejos. Es lo que el periodista cultural Alberto Corona explora en su reciente libro, La otra Disney, un volumen que analiza las producciones en acción real de esta compañía entre sus inicios en 1946 y el punto de inflexión que supuso la muerte de su patrón en 1966.

La llegada de Disney+ ha puesto de manifiesto, una vez más, el poderío de la compañía audiovisual que contiene el monopolio de algunos de los productos culturales de masas más relevantes de los últimos años, desde Star Wars hasta el Universo Cinematográfico de Marvel, pasando por Pixar o Los Simpson. Parece que no hay nada que se le escape al estudio, sobre todo tras su reciente adquisición de 21st Century Fox. Aunque no siempre fue así, como nos hace notar Alberto Corona en su último trabajo, en el que nos muestra algunos de los mayores descalabros de su larga producción.

El periodista, colaborador habitual de esta casa, acaba de publicar en mitad de una pandemia y de la mano de Applehead Team -dentro de su colección La generación del videoclub– el primero de dos volúmenes que estudian de manera muy cercana, apasionada y repleta de humor las primeras producciones que se alejaban de la animación de la compañía de Walt Disney, desde sus grandes fracasos a sus principales hitos culturales, mostrándonos así el camino que ha llevado al gigante a este punto. Para que nos cuente más sobre la que es su primera publicación de este tipo, nos reunimos con Corona, mascarilla de por medio.

Elena Crimental (EC) El volumen uno de La otra Disney es tu primer libro publicado. ¿Cómo nace el proyecto? ¿Surge inicialmente como dos volúmenes?  

Alberto Corona (AC) El libro nació de una forma bastante poco épica. La gente de Applehead Team tiene muchos libros dedicados al cine popular desde un enfoque nostálgico y querían hacer un libro dedicado a las películas más desconocidas de Disney, centrado en las de acción real y en las colecciones de caja blanca de Filmayer que para una generación fueron muy importantes. Aunque esa generación no es la mía, como eran muy llamativas, sí que estaba esa imagen y algunas películas en mi cabeza. Pero vaya, que el proyecto no salió de mí. John Tones pasó mi nombre porque precisamente aquí en CANINO había escrito algún artículo en esa línea. Luego ellos se pusieron en contacto y les dije que el proyecto me interesaba mucho, porque además me gusta mucho indagar e investigar. Al principio iba a ser un volumen, aunque rápidamente pasaron a ser dos porque a medida que avanzaba con la documentación veía que el asunto era más complejo y jugoso de lo que había pensado en un primer momento. Ahí ya vimos que iba a ser un proyecto más extenso de lo que parecía en los inicios, cuando iba a tratarse solo de una reseña de cada película. Pero al saber más sobre ellas y el contexto histórico que habían dado lugar a su creación, cada capítulo resultó ser de extenso como un artículo de CANINO en sí mismo. Después lo acabamos dividiendo para que pudiese explayarme lo que quisiera y se mantuvieran estas ambiciones que estaba desarrollando mientras me documentaba. Es verdad que en un momento se pensó dividirlo en tres volúmenes, aunque por suerte eso no salió finalmente, porque por tema narrativo era muy potente acabar el primer volumen con la muerte de Walt Disney y ya el segundo centrarlo en esa época posterior de confusión hasta el Renacimiento, que comenzó con trabajos como Cariño, he encogido a los niños (1989) y La Sirenita (1989).

EC – Has trabajado en él mientras compaginabas su escritura con tu labor habitual de colaborador en distintos medios y de podcaster en Choquejuergas. ¿Qué has aprendido de esta experiencia de pluriempleo? 

AC Al final ha sido… caótico, diría. Porque esto de escribir en varios sitios a la vez conlleva que haya temporadas con mucho trabajo y otras sin nada. Cuando empecé a trabajar en el libro me pilló en un momento en el que no iba a tener problema para sacarlo con cierta regularidad, pero rápidamente mi idea se vio truncada porque comencé a trabajar en Cinemanía y comenzó a resultarme extremadamente difícil compaginarlo. Luego espacié mi colaboración con SensaCine y volvió a ser más fácil. Por lo que en general ha sido un trabajo por rachas, en función del tiempo que tenía para revisar y analizar las películas.

EC Parece que estas dos tareas tienen muchos puntos en común en cuanto a soledad, gestión del tiempo y horas de trabajo. Entonces, qué es más duro: ¿el mundo del freelancismo o el del escritor? 

AC Escribir un libro está bien. Para mí ha sido una experiencia agradable, porque al final el freelancismo te expone al caos y a escribir sobre cosas que no te interesan, aunque yo en ese sentido tengo mucha suerte, porque no suele ser mi caso. Mientras que el libro, aunque es más solitario, es algo mucho más regular y te puedes administrar como quieras. Lo único malo de La otra Disney es que he tenido que ver algunas películas realmente horribles, porque por lo demás ha sido un ejercicio totalmente plácido para mí, también por el hecho de poder escribir muchísimo sobre un tema sin centrarme en cuestiones como la actualidad. Si en un futuro me pudiese dedicar a escribir libros sería ideal, aunque evidentemente no da para comer. Es más una idea romántica relacionada con la creatividad, la documentación y el rigor a la hora de escribir. Pero vamos, que lo he disfrutado mucho y que ojalá fuese un trabajo sostenible.

EC Hablando ya del volumen en sí, lo primero que llama la atención -más allá del sorprendente peso del tomo- es el exhaustivo repaso que realizas de las producciones de Disney. ¿Cómo te has documentado para recopilar tanta información?

AC Me compré al empezar unos cuantos libros que registraban la historia de Disney. Hay uno que me resultó especialmente interesante: The Disney Live-Action Productions (1994), que es muy completo y no solo habla de las películas. Aunque el periodista John G. West fuera muy afín a Walt, y por tanto resultase un poco lamida de culo, hablaba de las temáticas e ideologías que fluían en sus trabajos y eso me ayudó mucho a hacer que mis ideas dialogaran con las suyas. Luego he leído también muchos artículos en Internet, pero la única entrevista que he hecho fue a Piper Valca para hablar de Canción del Sur (1946) porque, como persona blanca -aunque no se me van a caer los anillos por denunciar el pasmoso racismo que tiene-, sí que pensé que era importante recurrir a alguien versado en estos temas, y él tiene el blog Antro Narrativo centrado en asesorar a escritores sobre representación y diversidad. Eso me ayudó a sacar adelante el capítulo más difícil. Por lo demás, incluso lecturas más vertebrales me resultaron de utilidad, aunque fuera para aclarar las ideas, como el interesante Para leer al Pato Donald (1971), que habla del racismo y el colonialismo presente en los cómics de los patos de Disney y de los valores de la compañía que mostraba. La verdad es que este es un fenómeno interesante que me dio pena no haber abordado en el libro. Aunque pensé meterlo en el capítulo dedicado a El teniente Robinson (1966), me parecía más jugoso hablar de su lectura de género. Quizá en el siguiente libro lo consiga incluir.

Ya solo por su cartel, nos imaginamos el tono de El teniente Robinson

EC – ¿Hay algún otro dato o anécdota que te hubiese gustado incluir, pero que al final no ha habido manera?

AC En general no, porque no le hacía ascos a nada, y quizá ese exceso de información sea un fallo que tenga que mejorar, porque a veces a raíz de estas lecturas satélites metía mis propias ideas y tesis. Es lo que me pasa en el capítulo dedicado a Fiel amigo (1957), donde partiendo de la novela especulativa El americano perfecto: Tras la pista de Walt Disney (2012) de Peter Stephan Jungk sobre el carácter y vida del patrón, hablo de su peculiar relación con los animales. Así que es posible que deba pulir esto en el futuro, por mucho que toda esta información se deba al entusiasmo y a que a medida que descubría cosas me parecían muy divertidas y las quería meter todas. 

EC Ya has dicho que en realidad estas películas no son de tu generación, por lo que muchas ni las habrías visto de niño. Pero, a la hora de abordar estos visionados, ¿te ha costado separar objetividad de nostalgia? 

AC Creo que es un problema que he tenido poco. De hecho, viene muy a cuento lo que yo quería hacer con el libro que el prólogo venga firmado por John Tones, que sí puede sentir nostalgia por estas películas. Pero yo no. Evidentemente me vi Mary Poppins (1964), Pollyanna (1960), La isla del tesoro (1950)… Las más famosas de su momento, pero tampoco fue un impedimento. Sí que hay alguna concesión nostálgica al cien por cien en obras de los noventa, aunque las he intentado saldar usando un poco el humor. Me sucede al hablar de Flubber y el profesor chiflado (1996), que es una peli de mi infancia y que, al revisarla, aunque iba con la idea de ser súper serio y objetivo, me volvió a parecer estupenda. Lo mismo con Tú a Londres y yo a California (1998), que son muy claves de la época. Aunque sí me ayudó analizarlas a descubrir por qué funcionan tan bien. Y luego me pasa lo contrario, que por ejemplo Un sabio en las nubes (1961), aunque tuvo mucho éxito en su momento y está muy bien considerada, para mí es un rollo. Además de muy machista, no me parece que funcione ni sea especialmente divertida. Así que más que un impedimento ha sido una manera de estimular el pensamiento a la hora de analizar las películas. Pero vaya, por eso nunca me las doy de objetivo en el libro, porque tiene mucha opinión personal. 

EC ¿Qué películas has descubierto gracias al proceso de documentación que te haya sorprendido para bien o para mal?

AC La isla del tesoro, porque me parece especialmente asombrosa y una adaptación totalmente modélica. Las cosas que siempre me interesaron del libro de Robert Louis Stevenson, que no son tanto las aventuras como el juego psicológico entre Jim y John Long Silver, es en las que se basa esta versión. Me parece de una riqueza estupenda y me sorprendió que fuera tan madura a efectos psicológicos. Y creo que no está especialmente bien considerada, sobre todo comparando con otras versiones -como la de los Teleñecos, que también es estupenda-, así que animo a verla. En ese sentido ha sido interesante encontrarme con trabajos con un discurso muy currado y personajes muy sólidos. Es lo que pasa con Héroes de hierro (1956), que es como Mientras dure la guerra (2019) pero en la Guerra de Secesión, con Walt Disney queriendo ponerse equidistante y consiguiendo un resultado flipante, porque es una película fabulosa que juega con los referentes clásicos que tratan el mismo incidente y la ambientación western. ¡Y a nadie le gusta! 

Los piratas junto al pequeño Jim Hawkins buscando el tesoro de la isla

EC – En cuanto al tono que empleas, es muy ligero, dinámico y personal, por lo que resulta refrescante respecto a otras propuestas de tintes más académicas. ¿Por qué optaste por esta opción? ¿Buscabas hacerlo más accesible?

AC Ha sido más bien por pasármelo bien. Al final la escritura para mí es un ejercicio de diversión. Quizá por eso siempre ha tenido un tono lúdico, aunque a veces me ponga más académico empleando determinados términos. Pero siempre he sentido la escritura como un acto de comunicación y, si está llevada en cierta medida hacia lo más ligero, creo que entra mejor. El humor me parece una herramienta maravillosa para eso. Aunque por otro lado, eso quizá haga que no conecte con ciertas personas. Es un peligro, pero, al margen de que piensen que soy un gilipollas, espero que también consideren que la información y opiniones que lanzo son valiosas.

EC Si Disney comienza a producir en acción real, fue por abaratar costes y aumentar beneficios, el mismo motivo por el que parece que ahora no deja de acudir a versiones live action de clásicos. Pero también había cierto orgullo de querer demostrar que podían diversificar y seguir siendo los mejores en todo. Y, cuando la producción aumentó a varios trabajos al año, se intentaba innovar en alguno de ellos. ¿Qué presencia tiene este modelo Disney en la actualidad?

AC Sigue presente. Tiene relación con la actualidad en un sentido de que al final lo que hacen es sacar una gran cantidad de películas al año, porque, aunque fracasen la mayoría, si una triunfa mucho, les sale rentable. No solo en Disney, ocurre en la industria en general. Aunque en el caso concreto del estudio eso sí lo tuvieron muy en mente, sobre todo con el tema de lo barato de producir que era el live action, porque cuando salía mal una de animación el estudio sí lo tenía jodido. Es lo que pasó en el 59 con La Bella Durmiente, que fue una película formalmente muy ambiciosa que costó una millonada y resultó un fracaso de crítica y público. Ese mismo año sacaron El extraño caso de Wilby, una película estúpida sobre un pavo que se convertía en perro que no les había costado un duro y la superó en taquilla. Esto tiene que ver con que Disney siempre se ha sabido sacar las castañas del fuego. Así se asentó la Disney más corporativa, ya que esta posición empresarial que tiene hoy en día comenzó en los cincuenta.

En esos años hace cuatro movimientos fundamentales: por un lado, diversificar su producción gracias al live action para generar muchas más películas que además resultaban baratas de hacer; por otro convertirse en su propia distribuidora (fundando Buena Vista en vez de colaborar más con RKO, que no quería distribuir sus documentales sobre naturaleza), que les daba mayor control del producto; en tercer lugar la construcción de parques temáticos a raíz de Disneyland, que consolida la marca Mickey Mouse; y por último su producción en televisión. En aquella época la reacción fue como la que ahora se tiene con Netflix, pero mientras que en Hollywood hacían cada vez blockbusters más grandes y caros para justificar el ir a las salas de cine que a mitad de los sesenta desencadenó una burbuja económica, a Disney no le afectó porque estaban haciendo contenidos para televisión. Desde el principio supieron adaptarse y no quedarse solo haciendo películas de animación, aunque estas le dieran la fama.

Un simpático Wilby preguntándose cómo pudo ser un éxito

EC – En varias ocasiones haces alusión directa a los valores que Walt Disney trasladaba a su obra, como la mitificación de la infancia, de la familia y de la patria. Aunque insistes en que toda manifestación cultural es política por el contexto y la visión con la que nace, en ocasiones también pareces perdonar estas ideas. Por ejemplo, aunque en la mencionada Héroes de hierro quite toda ideología de la guerra de secesión, no dudas en calificarla de un buen trabajo. ¿Cómo has gestionado esta dualidad a la hora de hablar de las películas elegidas?

AC La he gestionado de una forma que quizá sea una aproximación un tanto frívola, pero que creo es la de cualquier consumidor de cultura pop, porque al final una película puede ser muy mala desde un punto de vista cinematográfico y tener valores excelentes, y viceversa. Pero claro, si la analizas desde el primer prisma no dejas de ser un receptor subjetivo percibiendo ciertos elementos. A mí no me queda otra que llevarlo con honestidad y de alguna forma, a la hora de abordar el libro, dar cuenta de las contradicciones que estoy teniendo al respecto, hablar de los valores cinematográficos e ideológicos y que ambos estén analizados y abordados con cierto rigor. A veces es muy fácil, como con Canción del sur, que es una peli repulsiva por motivos muy variados, pero otras son más ambiguas. Es lo que ocurre con Mary Poppins, que ha tenido muchas conversaciones sobre si promulga ideales de izquierda, pero yo no creo que sea progresista ni que se distancie mucho de otros valores de Disney. Dentro de esto, en todo momento he intentado ser justo a la hora de analizar las películas. Al final Disney ha tenido un pensamiento tan monolítico siempre que creo que son contradicciones a las que todos nos hemos tenido que enfrentar.

EC Si tratamos las mayores polémicas, ahí está Canción del sur, un film de 1946 que como dices es claramente racista, que fue tanto criticado como un absoluto éxito en su momento, pero que ahora es prácticamente imposible de encontrar, ya sea en formato físico o en plataformas digitales. En un momento en el que se debate recontextualizar las obras -como ha sucedido con Lo que el viento se llevó-, ¿qué opinas de esta decisión del estudio?

AC Es complejo. De hecho, hay un punto cobarde en el libro, en el que digo algo así como “que cada uno piense lo que quiera”. Pero honestamente es un tema en el que ni yo mismo sé bien qué pensar. El hecho de hacer como que la peli no existe es lavarse las manos, decir “eran otros tiempos, hicimos estas gilipolleces y ya está”… pero es que no es así, es algo que ocurrió, y hay que hablar de eso y evitar que se vuelva a repetir. Entonces por un lado me molesta esta estrategia tan cínica de Disney -porque fue una película muy taquillera e importante para su historia-, pero por otro ¿contrapondría ese cinismo al hecho de incluir Canción del sur en Disney+? Quizá no, porque es una plataforma fundamentalmente para niños, entonces que se asomen si ningún tipo de contexto a discursos tan nocivos me parece problemático. Y luego, joder, es que ni siquiera es una película tan buena para que nos dé tantos quebraderos de cabeza. Pero más allá del tema de la calidad, que es subjetivo, no creo que los niños deban exponerse a eso, por mucho que haya listillos que digan que están bien educados y que está en mano de cada uno informarse. Pero tú te encuentras Canción del sur al lado de Frozen (2013) y ¿qué haces con eso? Por otro lado, está el tema de las cartelas y de las contextualizaciones, pero tampoco sé qué uso tendrían en una plataforma así. Honestamente no lo sé. 

EC – Aparte de la cuestión ideológica dentro de la narración, están los problemas fuera de cámara, como el despido del joven Tommy Kirk por ser homosexual o el destino de algunos de los sweethearts de la compañía. O, en el terreno de los documentales, la manipulación y el maltrato animal, como ejemplifica el sonado caso del suicidio de los lemmings en White Wilderness (1958). ¿Qué otras malas praxis han caracterizado a la compañía?

AC Diría que ha habido una mala praxis de Disney con respecto a una ideología muy concreta, que es lo que explicaría el despido de Tommy Kirk a pesar de que era el actor más famoso del estudio en la época. Más allá de cuestiones de homofobia, esto de reivindicar tanto la infancia -que es un valor transversal de las películas-, afectó mucho a sus actores. Se juntó la práctica turbocapitalista con que, digamos, esos niños fueran como sus mascotas. Esto es algo que le jodió la vida a Bobby Driscoll en los cincuenta, pero también a infinidad de otros actores, incluso encontramos ejemplos recientes como Lindsay Lohan. Hayley Mills es un caso muy curioso, porque se meten cuestiones de la percepción pública de la feminidad. Al final es una niña que se convierte en adolescente y acaba siendo una adulta en pantalla, con estos cambios siendo muy difíciles de controlar de manera mediática. Por su parte en Disney tenían tan fijo el camino por el que querían ir que nunca supieron darle papeles de mujer, más allá de Un gato del FBI (1965), que es una excepción. Encima el nivel de esta exposición pública hizo que tuviera problemas de anorexia, que se apartara de las cámaras… Por eso, aunque no sea exclusivo de Disney, no dejan de ser llamativos todos estos casos de juguetes rotos. 

El joven Kevin Corcoran y Amarillo, protagonistas de Fiel amigo

EC – Mencionas que Fiel amigo inicia la dogexplotaition, que dura hasta bien entrado este siglo y que incluso nos ofrece reestrenos recientes como el live action de La dama y el vagabundo o el reciente filme protagonizado por Willem Dafoe Togo. ¿Por qué es un género que no parece morir? 

AC Porque queremos mucho a los perros. No es algo que inventó Disney, pero sí que se vendió de forma ultraprocesada porque funcionaba mucho como producto familiar.  Además de que tratan algo tan universal como que a todo el mundo le gustan los perros, y ese es el secreto. De hecho, Fiel amigo es un fenómeno cultural en Estados Unidos al nivel de El rey león (1994) en España. Es el patrón por el que se mueven las películas de perretes en general, que no tienen que ir siempre a lo trágico, pero sí juegan con eso. Otro de los máximo exponentes del género es Siempre a tu lado, Hachiko (2009), que es otra peli de llorar muchísimo, o, también de Disney, otro drama parecido como es Mi leal compañero (1961). Pero es que no hay manera mejor de conectar con el público que meter un animal doméstico como un perro que quiere a sus dueños. Por ejemplo, si La dama y el vagabundo (1955) impacta tanto es porque la primera escena es una perrita a la que sus dueños no dejan meterse en su cama, eso es terrorismo emocional puro. Es verdad que en el libro hago intento de acotar una época de gran esplendor de esto, pero nunca ha desaparecido. La verdadera pregunta es por qué no se hizo antes. 

EC Defines Mary Poppins como la cumbre de Disney. ¿es porque es una de tus películas favoritas como tú mismo confiesas en el libro o de verdad es prácticamente perfecta en todos los sentidos?

AC De verdad creo que es su trabajo cumbre, más allá de que es verdad que es una de mis pelis favoritas de la historia, hasta el punto de que a la hora de escribir el capítulo pensé que no hacía falta revisionarla porque me la sé de memoria, pero me dio igual porque era una oportunidad ideal de volverla a ver. Pero, desde un punto de vista crítico, creo que es completamente contundente porque te presenta todo con una perfección y sofisticación en cada aspecto, hasta el punto de que es uno de esos trabajos que si no te gustan te sientes mala persona, porque presenta valores a priori tan aplaudibles y universales como la unión familiar, el amor o los cuidados. Te lanza cosas con las que es muy difícil estar en desacuerdo y que trascienden ideología, aunque claro que la tiene. Y creo que es súper contundente porque se beneficia de estas cuestiones universales para reflejar una cierta forma de ver la vida que tenía Disney, un triángulo que menciono en el libro basado en exaltación de la niñez, la defensa de la unidad familiar y el optimismo a saco. Eso lo mete tan bien que encuentras a gente defendiendo que es un trabajo de izquierdas y es completamente comprensible, porque al final está hecha con tanto cariño y apelando a la bondad del ser humano de forma tan incontestable que es normal que como espectador te proyectes en una película así. Por eso creo que es el éxito mayor de Disney, y eso sin meternos en cuestiones técnicas como que todas las canciones son una obra maestra, que los actores están muy bien y que los números musicales son prodigiosos. Hasta el propio Walt Disney lo decía, que fundó el estudio para hacer una película como esa. Así que claro que es su mayor logro, más incluso que crear a Mickey Mouse, diría yo.

EC A lo largo de toda La Otra Disney no dejas de hacer referencias a otros productos culturales, incluidas obras más recientes de la Casa del Ratón. Y es que el estudio no deja de producir, de hacer remakes, de sacar secuelas… ¿Te gustaría hablar de ello o de otras obras pop en el futuro en otro libro?

AC Es verdad que constantemente estoy haciendo asociaciones en mi cabeza que, si me hacen gracia y creo que tienen sentido, la meto. Por ejemplo, digo que El teniente Robinson es como Mad Max: Furia en la carretera (2015) pero en machista. Así que evidentemente todo el libro está escrito en clave de cultura pop y haciendo muchas asociaciones con otras obras de Disney y su actual revisionismo histórico. Al final tengo un gran mapa de opiniones y cosas que me gustan que presentan grandes conexiones y que no me podía resistir a incluir. Más allá de esto, me noto un poco cansado del estudio y del mainstream actual de Hollywood, así que si me preguntas sobre cosas que me gustaría hacer, me encantaría escribir un libro sobre Bojack Horseman (2014-2020), porque ahí está todo. Todos los debates sociales, culturales y políticos se encuentran en esa serie.

EC Hablando precisamente de futuros libros, pronto podremos saber más en el siguiente volumen, en el que ya estás trabajando, ¿qué podemos esperar de él?

AC Va a estar bastante divertido porque veremos a una Disney que está muy en la mierda porque se ha muerto Walt y eso implica unos juegos de poder brutales, paralelamente al hecho de que los setenta es mi década favorita del cine americano, por lo que me interesa mucho explorarla. Será curioso ver cómo las pelis del estudio van un poco a contracorriente de ese Hollywood, en parte porque no entendían cómo estaban cambiando los gustos del público y no tenían claro qué iba a gustar, así que en ese tiempo no te encuentras grandes éxitos. Así llegamos a los ochenta, donde empiezan a probar muchas cosas y sacan obras de culto como El dragón del lago de fuego (1981) o Tron (1982), que no serían posibles sin esa posible crisis del estudio. Va a ser muy interesante de analizar.

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