¡Aléjate de ‘Alien’, Ridley!

Cambios de título. Cambios en el equipo de guionistas. La jugarreta a Neill Blomkamp cancelando su Alien 5. Y, como postre, un salto temporal de diez años con respecto a la película original que trastocará el reparto. Las novedades sobre la secuela de Prometheus nos dan a entender que el mayor peligro para la saga de los xenomorfos es el director que la puso en marcha.

Estimados lectores y lectoras de CANINO: ¿les gustó Prometheus? Pues a quien suscribe, como que no. Nada en absoluto, vamos: los espasmos que sacudieron su cuerpo aquella noche de 2012, cuando acudió a ver el tan cacareado regreso de la saga Alien al cine de tronío, estuvieron a la altura de los de John Hurt en cierta memorable escena de Alien, el octavo pasajero (1979). Sólo que, en lugar de brotarle del esternón un revientapechos babeante, lo que surgió de su cuerpo fue un estentóreo “¡Esto es una mierda como un piano!”. Para colmo, el blasfemo parto fue de gemelos: tras expulsar su primer arrebato de cólera, el firmante de este artículo llegó poco después a la conclusión de que el peor enemigo del serial xenomorfo era el director que había contribuido a darlo a luz en 1979. Es decir, un Ridley Scott cuyos nuevos planes para su continuación (esa que, se supone, tendrá como título Alien: Covenant, y que se estrenará en 2017 si el espectro de H. R. Giger no nos ha fulminado a todos antes) dan más miedo que los bichos carniceros del espacio exterior.

¿Por qué nos ponemos tan agoreros? Pues por varias razones, y muy cercanas en el tiempo además. La primera de ellas (es decir, la más reciente) es el anuncio de que el argumento de Alien: Covenant se desarrollará diez años después del final de Prometheus. Nada malo de por sí, y menos si recordamos James Cameron realizó un salto temporal de 57 años entre la primera película y Aliens (El regreso) 1986-. Pero un detalle que empieza a oler a chamusquina si atendemos a rumores según los cuales dicha maniobra permitirá a Scott minimizar el papel de Noomi Rapace en favor del de Katherine Waterston (Animales fantásticos y dónde encontrarlos). El star power de la actriz sueca, tan promocionada entonces como sucesora de Sigourney Weaver, ha ido a la baja, y nada mejor que una joven cuyo perfil sube como la espuma para reactivar el interés mediático. En cuanto a la cabeza de Michael Fassbender, está por verse qué lugar le deparan estos planes.

Segundo punto de alerta: el mareo de títulos y guiones. ¿Recuerdan cuando la película tenía el impreciso título de Prometheus 2? ¿Y cuando Scott olvidó sus reparos hacia la saga para bautizar al proyecto como Alien: Paradise Lost? Llámennos paranoicos, pero esto tal vez revele un par de cosas sobre un director cuya actitud hacia las cosas de dos mandíbulas fue durante muchos años ambivalente, como poco. Al igual que en el caso de Prometheus, cuyo guion original (obra de John Spaiths) fue rehecho de aquella manera por Damon Lindelof, el libreto para el futuro filme se ha enfrentado a una nueva elaboración casi completa a manos de John Logan, profesional con currículum en la saga James Bond que ya curró junto a Scott en Gladiator y que ha reconducido (está por verse cómo) un primer trabajo de Michael Green. Quien, a todo esto, también ha puesto su firma en esa secuela de Blade Runner en la que sir Ridley también anda metido. Válganos el Señor.

Siempre desde lo subjetivo, podríamos decir que Scott lleva ya varios años abordando su regreso al universo Alien de una forma ambigua. Titubeante, incluso. Sus movimientos pueden resumirse en las siguientes declaraciones ficticias, o no tanto: primero tenemos un “¡Quiero recuperar mis ideas antes de que me las conviertan en fantochadas de serie B!”, al que sigue un “Pensándolo mejor, todo esto de la ciencia-ficción y el terror se me queda pequeño: lo que me interesa es un relato ‘serio’ sobre el origen de la vida en la Tierra, el papel del ser humano en el cosmos y todo lo demás”. Y, finalmente, tras más pasitos p’alante p’atrás que la María de Ricky Martin, parece que el director inglés ha optado por un “Al carajo todo: si el público quiere ‘Alien’, les damos ‘Alien’ y santas pascuas”. Algo confirmado por los planes de Scott de rodar otras dos películas más, cuyas tramas desembocarán en la del Alien original. El papel que los ejecutivos de 20th Century Fox hayan podido tener en este baile de intenciones no es desdeñable, pero aún queda la última anécdota, la más aberrante de todas, para ser conscientes de qué estamos hablando.

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¿De qué hablamos? Pues del modo en el que Ridley Scott movió ficha para que Neill Blomkamp se viera obligado a aparcar su Alien 5. Hablamos de un filme que habría retomado la continuidad original, que contaba con el beneplácito de Sigourney Weaver (el interés de la actriz, según parece, no se debía sólo a razones crematísticas), cuyos diseños conceptuales parecían llevados a cabo con pasión de fan… y que se fue al limbo cuando el inglés decidió que la franquicia era suya y sólo suya. Servidor tampoco le guarda demasiado aprecio al sudafricano (menos aún después de haber visto Chappie), pero esta jugarreta le parece muy trapacera, y muy poco esperanzadora.

Nuestra primera conclusión ante tanto desbarre: Ridley Scott no sabe qué hacer con Alien y sus prolongaciones. Algo que tampoco debería extrañarnos, porque, cuando rodó Prometheus, el cineasta llevaba nada menos que 33 años sin poner pie en LV-426. Un planetoide al que decidió regresar después de que el visionado de Alien vs. Predator (Paul W. S. Anderson, 2004) y Alien vs. Predator 2 (Hermanos Strause, 2007) le hiciera temer por el futuro de su obra, condenada (pensaba él) a despeñarse por el camino de la serie B. Ahora bien, ¿es Ridley Scott el único padre de Alien? Pues no: resulta lógico que criaturas tan viscosas y primigenias no sean fruto de un solo progenitor, sino de muchos.

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Aquí viene nuestro segundo dictamen: si Scott no se aclara sobre qué hacer con la saga es porque él nunca fue su responsable más importante. Y eso se debe a que Alien (la película) fue una feliz aberración nacida de aquel cataclismo que fue el Dune de Alejandro Jodorowsky. De aquella película nonata surgieron todos sus elementos, desde el guion (escrito por el gran Dan O’Bannon para quitarse la frustración tras su colapso) hasta ese equipo técnico en el que brillaron los nombres de Moebius y Giger. Scott llegó al filme casi de rebote, tras haber sido convocado para un infructuoso intento de reactivar la propia Dune, y a él le debemos detalles como el fichaje de Weaver (para un papel, el de Helen Ripley, que había sido escrito pensando en Paul Newman) y una puesta en escena virtuosa. Nada menos… pero nada más. Hasta aquel momento, Ridley iba para director de filmes de época estetizantes y solemnes, como su debut Los duelistas (1977), y él mismo reconoce que la ciencia-ficción no le había interesado casi nada antes de aceptar el encargo.

Tercer veredicto: aun en el caso de que le adjudiquemos a Ridley Scott el título de “padre de Alien”, estaríamos hablando de la peor clase de padre. Un padre saturnino, de esos que se comen a sus hijos so pretexto de protegerlos. Para empezar, el pretexto que ahora pone el director para enlazar sus precuelas con el original (“Hubo algo en ‘Alien’ que me dejó insatisfecho”, declara ahora el tunante“y es que nadie se preguntaba de dónde había salido la criatura, quién la había hecho y para qué”) olvida bastantes cosas. Para empezar, que la fascinación de lo desconocido suponía buena parte del atractivo de aquella película. Y, para seguir, que el ciclo vital del bicho figuraba en escenas eliminadas que pudieron verse en su propio ‘montaje del director’ de 2003. ¿Es cinismo, o será cosa de la falta de riego?

Así pues, podemos llegar a una conclusión definitiva: si Ridley Scott quiere dignificar la franquicia que él ayudó a crear, puede hacer una cosa, y es renunciar a ella. Las dos entregas de Alien vs. Predator fueron sendos pestiños, cierto, pero pestiños simpáticos, y su continuación en pantalla grande resultaba ya muy cuestionable en 2007. Por otra parte, la mejor entrega de Alien en mucho tiempo se estrenó el año pasado… y fue un videojuego. Hablamos del espléndido Alien: Isolation, trabajo que conseguía meternos un santo terror cósmico en el cuerpo sin recurrir a la mitología sembrada por Cameron en su Aliens (los marines coloniales y las reinas grandes como casas no son imprescindibles… aunque sigan molando) mediante virtudes tales como la dosificación del clímax, el amor al detalle o el recurso a la sugerencia en lugar de a la sobreexplicación descarada. Desde aquí, tenemos un mensaje para Scott. Un mensaje que reza “¡Aléjate de ‘Alien’, Ridley!” y que, para mayor efecto, debe ser pronunciado a contraluz y con el o la declarante montado en un exoesqueleto de carga. ¿Que esa escena no pertenece siquiera a su película, sino a la de su colega canadiense? Pues sí, lo sabemos, pero es tan parte del serial como cualquiera de sus aportaciones. Y, si estamos seguros de algo, es que eso le fastidia muchísimo.

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