‘American Crime Story’: El juicio del siglo según Ryan Murphy

El auge de las producciones televisivas ha servido, entre otras cosas, para dar fama y voz a una de las profesiones más necesarias en televisión: la de los showrunners, o productores ejecutivos, que desde su despacho en las cadenas se encargan de crear y coordinar (en algunos casos hasta de dirigir) las ficciones que se emiten en antena.

Uno de los showrunner más famosos en Estados Unidos es Ryan Murphy, y no por casualidad. Además de imprimir un estilo muy personal a sus creaciones, ha ido encadenando un éxito tras otro y recogiendo alabanzas desde los más diversos targets. A Murphy le debemos comedias tan rentables como Glee (2009-2015) o Scream Queens (2015-) pero también producciones de mayor calidad como la multipremiada American Horror Story (2011-).

Siguiendo la estela de la famosa serie de terror, Murphy estrena este dos de febrero —no por casualidad, la fecha en la que O.J Simpson y Nicole Brown contraían matrimonio— su antología centrada en el crimen, que llevará por título American Crime Story.

Conociendo a Murphy, y su predilección por el escándalo, no puede extrañarnos el caso elegido para protagonizar la primera temporada: Estados Unidos vs O.J. Simpson.

El juicio del siglo

De un primer vistazo puede que el crimen que centra la serie no nos parezca, por desgracia, nada especial: un maltratador que no acepta que su mujer se divorcie de él y la mata, junto con el amigo de esta, al encontrarlos a ambos en su casa.

El crimen de O.J. Simpson es esencialmente eso pero, a la vez, mucho más. La fama y el dinero del asesino, el enfoque de la prensa en el caso y, sobre todo, su color de piel, fueron los ingredientes de un cóctel que puso de relieve muchos de los problemas estructurales que todavía afectan a la sociedad norteamericana.

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Veinte años después del asesinato, son pocos los que aún dudan de la culpabilidad de O.J. Era un caso clarísimo: la policía tenía gran cantidad de pruebas contra el acusado, desde pisadas hasta muestras de ADN que situaban, sin lugar a dudas, a O.J en el lugar del crimen y en el momento en el que este se produjo.

Su culpabilidad era tan evidente que sus propios abogados llegaron a un acuerdo con la policía que permitía a O.J entregarse por cuenta propia y de buena fe. Sin embargo, el famoso jugador de football decidió secuestrar a punta de pistola a un amigo con la intención de darse a la fuga. Las imágenes de esa épica persecución, y de los instantes posteriores, con O.J. armado dentro del vehículo, fueron retransmitidas durante días en todas las cadenas de USA.

Porque O.J. no era un norteamericano cualquiera. El millonario ex jugador de la NFL, reconvertido a actor -se le recuerda por su memorable intervención como secundario en la saga Agárralo como puedas-, era toda una personalidad en el país. Su reputación era intachable. Ostentaba —y aún ostenta— numerosos records deportivos, había aparecido en comedias taquilleras y destacado como comentarista de deportes. Una cara agradable y conocida para los blancos y todo un héroe para gran parte de la población afromericana.

El juicio penal de O.J., conocido como “El juicio del siglo” por la prensa del país, fue un circo que duró 133 días y dividió a la sociedad. El veredicto —que lo exculpaba de los cargos— fue emitido en directo y se convirtió en uno de los eventos más seguidos de la historia de la televisión.

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Lo que sucedió en realidad es que esde el principio, el juicio de asesinato se había convertido en algo mucho más grande. En el momento de la detención de O.J. la revista TIME publicó en su portada una infame foto que había sido manipulada para que su piel se viera más oscura. La polémica estaba servida y el equipo de abogados —apodado el “Dream Team”— la aprovechó. Cuando unas grabaciones del jefe de policía encargado del caso usando la palabra nigger (negrata) salieron a la luz, la comunidad afroamericana se encendió y, tal y como planeaba la defensa, aceptaron muy fácilmente la teoría de que O.J había sido incriminado. Teniendo en cuenta que 10 de los 12 miembros del jurado eran de raza negra, no es de extrañar que O.J. fuera declarado no culpable.

La sentencia enardeció a la población blanca. Para ellos el juicio no había sido tanto una cuestión de raza como de clase. “Parece que el asesinato se ha vuelto legal en California” fueron las palabras que abrieron el monólogo en el programa Saturday Night Live la semana del veredicto. Para muchos, el que O.J. hubiera podido permitirse un equipo con los nueve mejores abogados del país, que le consiguieron un juicio en Los Angeles —de mayoría negra— en vez de en Santa Mónica —donde se cometieron los hechos, de mayoría blanca—, es lo que había decantado la balanza.

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Pero también hay espacio para el machismo en el caso de O.J. Simpson. Cuando el primer jurado fue disuelto a causa de la parcialidad que detectó la defensa y el segundo comenzó a conformarse, la fiscalía solicitó una mayoría de mujeres (el máximo permitido, 8 de 12) porque, según sus informes, las mujeres empatizarían mejor con el historial de maltrato de la víctima. La fiscalía se equivocó. Las mujeres negras no se creyeron —o no se quisieron creer— que Nicole Brown fuera maltratada porque… ¿por qué aguantaría eso una mujer rica y blanca?

The People V. O.J. Simpson: ¿qué podemos esperar?

Nadie duda de que American Crime Story va a convertirse en el siguiente éxito de Ryan Murphy, a pesar de que los familiares de ambas víctimas se hayan posicionado con claridad contra de la producción.

En una entrevista exclusiva para People, el padre de Ronald Goldman, la otra víctima de O.J., se lamentaba de que las nuevas generaciones fueran a conocer el caso de forma distorsionada a través de una serie de televisión, a lo que Brad Simpson, también showrunner de American Crime Story, respondía diciendo que serían muy respetuosos, que no se representaría a las víctimas en pantalla y que se ceñirían a los hechos probados. El hecho de que se haya contratado a la actriz y modelo Kelly Dowdle para interpretar a la asesinada ex mujer de O.J, parecen contradecir sus palabras.

Entre los implicados en el caso que se posicionan a favor del show tenemos a la conocidísima Kris Jenner, ex mujer de Robert Kardashian, uno de los abogados de O.J. y amiga íntima de la víctima. Para Jenner, la serie va a ayudar a la visualización del maltrato, con el beneficio que eso tendrá para muchas mujeres.

Las críticas del piloto —sólo disponible para la prensa especializada— han sido más bien tibias y se destaca a partes iguales la brutalidad del montaje, que usa imágenes reales de archivo, y la mal interpretación de John Travolta como Robert Saphiro. Mientras que la crítica afirma que no se duda, al menos en el piloto, de la culpabilidad de O.J., Kato Kailin, -jugador de la NFL, ex amigo de O.J. y testigo en el caso- dice que la serie ha manipulado algunos eventos en los que él participaba para que quepa un resquicio de duda en los episodios de su declaración en el juicio.

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Dejando de lado a O.J., a la serie le van a sobrar motivos para dar que hablar. Según cuenta el propio Murphy en tvline, sí que veremos a Kim Kardashian en la serie, a pesar de que por aquel entonces la ahora estrella de reality era una niña que nada tenía que ver con el trabajo de su padre Robert. La primera de las cuatro apariciones previstas se produce en el piloto, una breve conversación entre Kim y Robert durante la cual el abogado le dice a su hija que “para los Kardashian ser buenas personas y amigos leales es más importante que la fama”.

Yo confío en que Murphy no va a cortarse un pelo. En que veremos las teorías alternativas (los asesinó la mafia por un asunto de drogas, los asesinó Jason, el hijo del matrimonio…) y muchas escenas más propias de un culebrón que de un drama policial. Y las disfrutaremos. Ya te digo yo que si.

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