«Ash vs. Evil Dead» S01E01 – En una palabra: groovy.

Está claro que el regreso de Sam Raimi a un estado de buenaesperanza tiene algo de sorprendente: tras su memorable Rápida y mortal (The quick and the dead, 1995), rodó películas de deporte americano, suspense a lo hermanos Coen, una cosa de fantasmas vaporosos, una impertinente bofetada a un clásico de la literatura infantil y, sobre todo, tres blockbusters superheroicos que sentaron las bases para el estado actual del género, pero que vistas hoy están algo anquilosadas. Y con todo, siempre hubo espacio para la esperanza. Para esperar un regreso al Raimi que todos amamos.

Ese espacio venía refrendado por una película que supuso un extraordinario retorno a los buenos tiempos, a la época en la que rodaba y montaba como un psicópata, con una gramática histérica y desproporcionada. Hablamos, claro, de Arrástrame al infierno (Drag me to hell, 2009), aquella demoniaca maravilla que nos devolvía a los mejores momentos de la Tales from the Crypt televisiva, una bomba sangrienta y pasada de moda que se reía en la cara de las corrientes del género de los últimos veinte años. Desde los fantasmas dolientes y el en ocasiones veo muertos a la desastrada-pero-nada-radical estética del metraje encontrado. Arrástrame al infierno era un revulsivo notable que, por supuesto, pasó desapercibido porque la gente no está a lo que tiene que estar. Pero a su estilo, era un cacho de celuloide tan virulento y agresivo como lo fue Posesión infernal (Evil dead, 1981) en su día.

El siguiente paso fue el mismo remake de Posesión infernal (Evil dead, 2013), el estupendo homenaje a la experiencia original de horror extremo que produjo el propio Raimi y que sirvió para comprobar si la gente estaba interesada en un regreso a la cabaña, el Necronomicon Ex Mortis y gente reventándose vajillas en la cabeza. Y lo estábamos, claro, como demuestra el hecho de que cada vez se haya reivindicado con más energía la trilogía original de Evil Dead en películas como The Cabin in the Woods (Id., 2012), que añoran una época de un cine de terror fresco, inocente e inteligente que, posiblemente, no volverá.

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De todos modos, Raimi ya estaba al tanto de que un regreso de Ash sería un trinfo: desde el estreno de El ejército de las tinieblas (Army of darkness, 1992), y aunque la película estuvo muy lejos de ser considerada un éxito, el majadero de la escopeta y la sierra mecánica se ha ido convirtiendo en un personaje de culto. El fandom lo ha hecho suyo, hasta el punto de que Bruce Campbell es un icono del género sin apenas haber rodado otras películas (aunque cuando lo ha hecho… Bubba-ho-tep (Íd., 2002)!) y ha ido parodiando en libros, cameos y anuncios ese punto suyo de héroe de baja estofa y donjuán asquerosito. El personaje ha aparecido en decenas de miniseries de comics donde se ha enfrentado a múltiples bicharracos del cine de género y, por supuesto, al inevitable Ejército de las Tinieblas y sus múltiples ramificaciones.

Es decir: Sam Raimi sabía donde se metía. Y sabía exactamente cómo meterse. No cabía la excusa de «bueno, es que yo entonces era joven». El cosquilleante recuerdo de Arrástrame al infierno dejaba bien claro que Raimi, pese a su edad, no había perdido el toque. Y si ya en El ejército de las tinieblas Ash es un héroe cansado y decadente, y de ahí vienen sus mejores momentos, cómo resistirse a la tentación de entonar un «Treinta años después» y convertirlo en un petimetre aún más cansado y cascado.

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El resultado es Ash vs. Evil Dead, que en su primer capítulo se plantea como un guiño a todo lo que nos gusta de la trilogía original: humor, horror extremo y grotesco, Ash peleando contra gente minúscula y rompiéndose cosas en la cabeza, sierra mecánica, escopeta, apocalipsis desatados por error, demonios que se cachondean de sus víctimas. Este primer capítulo, de hecho, funciona más como un «Eh, todo está bien, somos nosotros, tenemos esto controlado» que como un episodio en sí: Raimi, Tapert y Campbell parecen más preocupados de tranquilizar a los fans (yo lo entiendo: los fans de cualquier cosa son, en términos generales, los peores enemigos de cualquier proceso creativo) que de aportar cosas nuevas a la mitología de la serie.

Pero ya, tan pronto, este capítulo las aporta: para empezar unos cuantos personajes muy interesantes. Aunque se han reservado, posiblemente, el que más alegrías nos va a dar (el de Lucy Lawless) para otro episodio, aquí ya tenemos a una policía traumada, una chica lenguaraz y un sancho panza algo mendrugo. Entre todos, es de esperar, formarán un equipo de exterminación de poseídos que llevará a la serie en una dirección distinta que este primer episodio. La sensación con él es, curiosamente, similar a la del arranque de Terroríficamente muertos (Evil dead II, 1987): un resumen de lo que podríamos esperar… para ir en otra dirección.

De acuerdo, Raimi, Tapert, Campbell: los diálogos de Ash son oro puro, hay slapstick y splatstick, hay guiños (alguno tan sutil como el del plano inclinado del coche de los policías llegando a la mansión abandonada) y hay terror puro y sangre a borbotones. Lo habéis hecho: esto es un Evil Dead tan Evil Dead como las tres películas. Ahora enseñadnos qué nos traéis de verdad.

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Ash vs. Evil Dead - "El jefe"

Año: 2015
Treinta años de espera deberían notarse, ¿no? Desengañaos: Sam Raimi, Bruce Campbell y los poseídos siguen en plena forma, baby.
Director: Director: Sam Raimi
Guión: Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi, Tom Spezialy
Actores: Intérpretes: Bruce Campbell, Ray Santiago, Dana DeLorenzo