Babymetal firma el mejor disco de metal del siglo (y los metaleros lloran)

Según los lectores de la revista Metal Hammer el mejor disco del siglo XXI es el homónimo de Babymetal. Lo cual ha despertado odios encendidos entre el sector más conservador del metal. ¿Por qué? Porque el tiempo pasa. Porque la gente no nos amoldamos a los cambios. Porque el fandom del metal ya huele a culo cagao.

El siglo XXI ha resultado ser el siglo de los llorones. No nos levantamos ni un solo día sin tener una agria polémica en la que tal o cual producto de ecos nostálgicos es atacado de forma inmisericorde por arruinar la infancia de personas que, en cualquier caso, no deberían ser el público objetivo de esos productos. Y sin embargo todo tiene un extraño eco ideológico. Ese arruinar nunca tiene que ver con hacerlo mal, sino con cambiar «algo». Algo que siempre es ser más integrador, más progresista, más ir con el espíritu de los tiempos. Arruinar una vida se parece, sospechosamente, al hecho de que, en vez de existir sólo varones blancos heterosexuales como protagonistas, también puedan existir mujeres, occidentales de otras latitudes o, en un gesto cuasi-apocalíptico, gente con un color de piel o una sexualidad diferente como agentes principales de una historia. Algo inadmisible para el manchild medio, la perfecta fusión entre un conservador y un hombre de gustos culturalmente discriminados.

Una de las últimas polémicas al respecto no resulta menos absurda que todas las anteriores. Y es que, según los lectores de la revista Metal Hammer, el mejor disco de metal del siglo es el trabajo homónimo de Babymetal. Una consideración que ha despertado un profundo odio en el sector metalero.

Para quienes no las conozcan, Babymetal es un trío de chicas adolescentes (y un grupo de apoyo en las sombras) que son conocidas por fusionar lo mejor del j-pop (que se resume en estructuras de pop clásicas llevadas hasta una complejidad melódica digna de géneros aplaudidos en occidente por su tecnicismo) con las premisas del metal clásico. Ese mismo que llena estadios con melodías herederas de la estructura clásica del pop. Algo que no parece ser problema para criticarlas de forma airada al grito de que ellas no representan el auténtico espíritu del metal.

Sólo hace falta asomarse a los comentarios en la página de Facebook de la revista para comprobarlo. Si bien la estructura más repetida es “yo no tengo nada en contra de Babymetal, pero *inserte aquí una supuesta ofensa personal contra Babymetal*“, todas las críticas acaban diciendo exactamente lo mismo. Que Babymetal no son metal. Que ellas no pueden representar lo que significa el metal. En otras palabras, que un grupo de japonesas adolescentes que ni siquiera tienen la decencia de ser fornidos varones blancos cantando en inglés consigan movilizar masas como no lo hacía ningún grupo desde Rammstein o Judas Priest -dos grupos hoy intocables para el fandom, pero criticados con fiereza en sus inicios; para desgracia del manchild, incluso a quienes odia envejecen y se vuelven hegemónicos- es algo que se considera deshonroso. Algo que ha arruinado sus vidas.

El problema es el conservadurismo. El fan medio del metal, varón, blanco y anglófono (o como mínimo, anglófilo) está acostumbrado a que toda la cultura le interpele directamente a él. Y lo hace por oposición: el pop es basura, el punk es ruido, la electrónica no es música. Si además le sumamos que es un género que, históricamente, ha sido masculino, blanco y occidental, no resulta difícil entender la razón por la cual Babymetal son tan criticadas: son la antítesis de todo lo que el metalero medio entiende. Son fruto del progresismo imperante del siglo XXI.

Si bien es fácil entender por qué Babymetal genera tantos odios, explicar cómo han logrado ser votadas en masa como el grupo con el mejor disco de los últimos dieciséis años parece más difícil. Pero no lo es en absoluto. Para entenderlo sólo tenemos que fijarnos en dos cosas: en las cifras y a qué clase de público va dirigida la banda.

Lo primero es fácil de resumir. Si bien para los redactores de la revista el disco homónimo del grupo japonés no pasaría del puesto 92, habiendo cierta unanimidad entre crítica y público en la selección de la revista (Iowa de Slipknot ha sido elegido primero y tercero entre crítica y público respectivamente), el público siente más cariño por las japonesas. Algo que se cifra en números espectaculares. Hablamos del primer grupo japonés que ha conseguido entrar en el TOP 40 del Billboard en 53 años (siendo el anterior caso Kyu Sakamoto con su preciosa Sukiyaki). Número uno en la lista de los World Album’s. En su concierto en Londres consiguieron reunir a 12.000 personas en su escenario. En el Tokyo Dome de Japón fueron directamente 110.000 personas durante dos noches consecutivas.

¿Cómo se explican esas cifras si el metalero medio las desprecia? Porque el público al que va dirigido no es el clásico. Su actitud kawaii, su estilo melódico y su ausencia de agresividad las hacen fácilmente digeribles para un público menos masculino, pero también la hegemonía cultural del manga/anime entre el público adolescente actual hace que, para el público, una apuesta como la suya sea asimilable. Aunque no les guste la idea, ni Babymetal es un grupo para los metaleros clásicos ni el metal es el coto privado de éstos.

Ahí es donde se sumariza todo. El mundo cambia. Y con el mundo, también el metal. No cabe duda que los fans de Black Sabbath no tragaron en su día a los de Iron Maiden, como estos no tragaron a los Rammstein o Slipknot, dos grupos que dan continuismo a la línea clásica del género, ni lo hacen con Babymetal, un grupo que abre las perspectivas del metal. Es algo natural. Pero al final todos pertenecen a una tradición en común que, si quiere sobrevivir, debe ir respondiendo a las expectativas del público de cada época. Y al igual que hay todavía nicho para grupos de raigambre más clásica, también los hay para otros de un orden diferente.

Babymetal lo único que han hecho es entrar en la casa árbol, quitar el cartel de “Prohibido el paso a las chicas” y airear un poco el olor a cerrado y escroto sucio. Si alguien considera ofensivo eso, tendrá que aprender a vivir con ello. A fin de cuentas, para el grueso del público, para los metaleros del mañana, Babymetal han firmado el mejor disco de lo que llevamos de siglo.

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