Batman no vota a Vox, pero tampoco es Laborista

En el eterno -e interminable- debate sobre la ideología de los superhéroes, Batman suele llevarse la peor parte. El Caballero Oscuro ha sido el protagonista de un vídeo del Partido Laborista británico que, aprovechando el éxito de Joker, lo utiliza como ejemplo de millonario evasor de impuestos que perjudica al Estado del Bienestar. Un episodio que nos recuerda a otros, como el del español Pablo Iglesias calificándolo “de izquierdas” por ser “un activista LGTBI”.

Batman, evasor de impuestos. Los Laboristas están en plena campaña para el pre-Brexit y están logrando el más difícil todavía: han utilizado Joker (2019) de Todd Phillips para hablar de política del mundo real, evasión de impuestos y Estado del Bienestar. Por el camino le ha tocado recibir a Bruce Wayne, que pasaba por allí, como quien dice, y que al parecer tiene a Waynetech tributando en paraísos fiscales

Algo injusto con el pobre personaje, cuya condición de ‘muchimillonario’ es más un superpoder, una parte del ‘pacto de lectura’. El mismo que en Superman implica creer que la radiación del sol amarillo en un alien de aspecto antropomorfo le daría superpoderes o que si te explota encima una bomba gamma te volverás superfuerte de alguna forma en lugar de, bueno, morirte. 

¿No podíais usar a Lex Luthor, majos?

Es poco probable que los Laboristas le tengan particular animadversión a Batman, más bien han sabido hacer lo que antes aquí se le suponía a Podemos y, por lo visto, incluso a Vox. Es decir, partir de un icono y marcos establecidos para, en este caso mediante el humor, llevar el discurso a su terreno -toda la campaña del partido de Jeremy Corbyn se está basando en la justicia fiscal, algo que para la política anglosajona es más increíble que un hombre volador que lanza rayos láser por los ojos-.

También se les cuela una interpretación de la película de Phillips -sin que este artículo quiera entrar en la turra de si Joker es de izquierdas, de derechas o de la molonidad por la molonidad-. Joker como, efectivamente, un incel, un trumpista o un “perdedor de la globalización” y un nihilista… pero que es así por la irresponsabilidad de las mismas élites que se llevan las manos a la cabeza por su existencia. 

Podemos y los pezones de George Clooney

Pablo Iglesias, en la campaña de las elecciones generales de abril, tuvo el cuajo de soltar delante de un montón de críos en el programa de Ana Rosa -¿qué puede salir mal?- que, parafraseando, “Batman es de izquierdas, un activista LGTBI, y Superman de derechas”. En su crítica de Batman vs Superman (2016) don Rafael Marín resumía la situación definiendo la palabra icono como, y citamos textualmente “es esa figura mediática que todo el mundo cree reconocer a primera vista… sin conocerla, sumando a lo que se ve o no se ve en pantalla su concepción previa de cómo debería o no debería verse”. 

Iglesias, que es poco probable que haya tocado un cómic en su vida, o desde luego no con la atención del lector medio, tiene en la cabeza una idea determinada de un Batman “icónico”, y al mismo tiempo una intención comunicativa, igual que los Laboristas. Quiere dar una determinada imagen de sí mismo, de su partido y de por qué deberían votarle, y utiliza en este caso lo que cree conocer de dos iconos. Y como no acaba de controlar mucho, porque no le interesa lo suficiente ni falta que le hace, descarrila.

El ‘icono’ que pueda tener Iglesias en la cabeza está más cerca de las bromas sobre el Batman (1966-1968) de la TV con Adam West y su homenaje camp histérico en Batman y Robin (1997) de Joel Schumacher, con George Clooney y su traje con pezones. Una broma que a Schumacher le salió mal y a Iglesias también, porque se confundió de referente generacional, o no sabía a quién dirigía la broma: para un público demasiado joven no existe Schumacher, y para el más mayor se produce un hiato entre el Batman de la infancia (la versión de Tim Burton o la serie animada de los noventa) y el Batman ‘hiperrealista’ de Christopher Nolan.

Superman es fascista

Insertamos aquí un tuit con el que le respondieron a Iglesias tras su rajada, pero ni siquiera son esos detalles en los que nos queremos quedar:

https://twitter.com/Martes_Marciano/status/1114108543572029440

Aunque podemos estar de acuerdo en que esos aspectos del personaje son tan icónicos que ni Zach Snyder en El Hombre de Acero (2015) y Batman vs Superman (2016) se atrevió a tocarlos, puedes cambiarlos de contexto y Superman seguirá siendo, básicamente, un buen tipo. Un granjero bienintencionado. En Es un pájaro… (2006), de Steven T Seagle y Teddy Kristiansen, el guionista presenta una historia autobiográfica hilada por cómo cambiaron sus ideas sobre Superman cuando empezó a escribirlo. 

En un momento dado discute con Joe Allen, el escritor al que tomaba el relevo. Enfadado con la vida más que con Superman, Seagal le suelta: “Es un inmigrante que no respeta nuestras leyes y persigue a nuestras mujeres”. Allen, que no se puede crear lo que oye, responde: “Es el hijo de un granjero. Persigue a una mujer como cualquier tío”. Allen le recuerda, además, que Siegel y Shuster eran hijos de inmigrantes y judíos. Superman es un niño extranjero adoptado que se integra y defiende los valores de la sociedad que lo acoge. 

https://www.youtube.com/watch?v=fp5jnWIbA1g
Monedero approves

Aunque también se suele interpretar por otros derroteros -y Pablo Iglesias probablemente se relamería… o no-: que en cualquier circunstancia Clark es la aspiración de todo lo bueno que podemos llegar a ser es la premisa de Superman: Rojo (2003), de Mark Millar, Dave Johnson y Kilian Plunkett. El cohete desde Krypton llega una cuantas horas más tarde y aterriza en Ucrania en 1938. Así que para los cincuenta, Kal-El ya es un buen ciudadano de la URSS. Tan bueno que se la toma literalmente y se convierte en sucesor de Stalin, igual de autoritario pero consiguiendo un nivel de vida digno y justo para todos sus ciudadanos. Y el final es que este Superman Estalinista ve que está equivocado. Así que se rinde. (El tebeo es así, no se lo tome como una indirecta, señor Iglesias).

El retorno del Caballero Apolítico

Batman no es derechas, pero El retorno del Caballero Oscuro (1987) de Frank Miller sí puede serlo. No es este el espacio para analizar su trayectoria, un genio del cómic y autor determinante de la cultura pop de este siglo y finales del pasado que, políticamente, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que roza la extrema derecha. De hecho, sus posiciones ideológicas no están nada lejanas a las que suele exhibir el mencionado Zach Snyder, por lo que no es raro que la mejor adaptación en sentido estricto de un cómic al cine que ha dirigido éste siga siendo 300 (2009).

Por otra parte, en la etapa de Greg Rucka a principios de los 2000 a los mandos de Detective Comics y como director de orquesta de la saga Tierra de nadie -que inspiró en parte El caballero oscuro: La leyenda renace (2012) de Christopher Nolan-, Bruce Wayne, en su faceta de millonario, aparece más cercano a los ricos que hacen donaciones al partido demócrata, presiden campañas de ONGs o, en su caso, proporcionan abogados y cobertura a los agentes del departamento de Policía de Gotham que así lo necesitan -como se ve en Gotham Central (2003-2006)-. Sí, Bruce es… ¡George Clooney! Le falta el cerdito vietnamita.

Es una bat-esvástica ornamental, ¿vale? Y en Tierra 10 no existe el batimicromachismo

Incluso en la última entrega de Tierra de nadie asistimos a una charla entre Batman y el Comisario Gordon en la que valoran pactar el “desenmascaramiento” en secreto del héroe y su conversión en policía, para que pueda seguir haciendo su trabajo. Al guionista le falta admitir que no lo hace no porque no le parezca coherente, sino porque se acaba la serie. La lógica de Batman es mítica y comercial, la ideología la roza por casualidad según la época.

Porque los Laboristas toman como referente el universo creado –o no, ya veremos- por Joker, y Pablo Iglesias tendría en la cabeza a Adam West y George Clooney, pero el Batman icónico de la actualidad es el interpretado por Christian Bale en la trilogía de Nolan. Ríos de tinta, de sangre, de sudor y de lágrimas se han vertido queriendo ver en El Caballero Oscuro (2008) un reflejo de la guerra contra el terror posterior al 11-S y en El caballero oscuro: La leyenda renace un ataque contra movimientos como Occupy Wall Street -o el 15M que nos parió-.

¿Fascista yo? ¿Pero tú me has visto?

Sin embargo, si Batman es capaz de vigilar a toda Gotham con su Hermano Ojo, lo pone en manos de Lucius Fox sabiendo que finalmente lo destruirá. Y Bane, el presunto líder carismático revolucionario que no ofrece alternativas reales a la indignación de Gotham en realidad es un peón más de la Liga de las Sombras, una organización que no cree en la reinserción de los criminales y que, de hecho, considera a toda la ciudad gótica tan podrida como el peor de sus criminales.

Probablemente el Batman de Nolan, defensor del Estado de Derecho y el status quo, pueda ser considerado conservador. Pero la trilogía no parece juzgar ni decantarse por ninguna vía, más allá de que deba existir un “malo” que justifique la peripecia del héroe. De nuevo el héroe, convertido en icono, puede ser rellenado según las necesidades del autor o de la sociedad que lo percibe. Pero no ser “de derechas”. En fin, ¿quién se anima a regalarle Gotham Central y los DVDs de la trilogía de Nolan a Corbyn e Iglesias?

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