Bong Joon-ho – Entre el activismo y la familia

Aprovechando el estreno de Okja en Netflix, escribimos esta guía para principiantes de Bong Joon-ho: no te pierdas en el extraño mundo de uno de los directores coreanos más aplaudidos del momento.

A veces olvidamos la importancia de la familia. Cuando todo lo demás falla, cuando todo se viene abajo, en las únicas personas que podemos confiar a ciegas es aquellos que nos quieren de forma incondicional. Por eso “familia” no es necesariamente aquellos con quienes compartimos genes, sino con quienes compartimos sentimientos, un sueño o un ideal o un sentimiento. Incluso, en algunos casos, personas que no son personas. ¿O es que acaso no puede ser familia un cerdo gigante?




Bong Joon-ho no tiene dudas al respecto. Al final lo único que tenemos es a las personas que queremos y nos quieren. Ese es el tema primordial de su cine. Y para demostrarlo, y para que cualquiera pueda adentrarse en su obra con garantías, hemos hecho esta guía de su obra. Para que conozcas a Bong Joon-ho como si fuera de tu propia familia.

I. Empecemos cogiendo tracción: Snowpiercer (2013)

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Para empezar con Bong Joon-ho lo mejor es acudir no al comienzo, sino al final. No a sus películas coreanas, sino a su primera película concebida directamente para el público occidental.

Snowpiercer necesita poca o ninguna presentación. Adaptación del cómic francobelga homónimo de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette, nos vemos sumergidos en un ártico futuro apocalíptico en el cual la humanidad sobrevive en el interior de un tren que nunca frena. Y dado que el tren siempre ha sido la alegoría del progreso, aquí también lo es de la lucha de clases. Cuanto más adelante en el tren, más privilegiados los pasajeros. Pero que nadie sueña con cambiar de vagón/clase social: uno morirá siendo lo que ha nacido. Ni más ni menos. Salvo que, al estilo benjaminiano, alguien tire del freno de mano.

Esa es la premisa de la película. Nada más básico, nada más directo. Lucha clases, revolución y la alegoría bien masticada para que pueda comprenderla cualquiera: el problema no es dónde se sitúan la gente dentro del tren, sino el tren mismo. La idea de que porque el exterior sea inhóspito tengamos que permanecer para siempre en un sistema injusto.

En términos de su filmografía, lo más interesante es cómo Snowpiercer sintetiza todos los intereses de su director de la forma más sencilla posible. La alegoría política, la necesidad de la ayuda entre las personas, la sátira en apariencia tosca e infantil (pero que siempre resulta estar envenenada) y la preocupación por el ecologismo hacen aquí su aparición. Incluso si, para entender hasta donde las lleva, debemos bucear más profundo.

II. Ahora vamos con los monstruos (literales): The Host (2006)

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Nos adentramos en su etapa coreana. Pero no metemos nada más que la punta del dedo gordo del pie. A fin de cuentas, The Host es una película de monstruo gigante concebida, tanto dentro como fuera de la pantalla, para toda la familia.

Cuando un extraño monstruo gigante emerge del río Han cunde el pánico entre la población. Pero todo irá a peor cuando el no demasiado avispado Park Gang-du descubra que no sólo ha salido huyendo con una niña que no era su hija, sino que ésta ha sido secuestrada por el monstruo y ahora el gobierno debe llevarlos a él y su familia a cuarentena debido a que la criatura es portadora de un peligroso virus desconocido. Será ahí cuando junto con su padre, que regenta una pequeña tienda de comestibles, su hermana, medallista olímpica, y su hermano, alcohólico y ex-activista político, tendrá que hacer aquello de lo que el gobierno coreano es incapaz: perseguir al monstruo, encontrar su guarida y salvar a la pequeña Hee-bong.

Con un tono amable, personajes que rozan la imbecilidad patológica y no poco humor, esta película para toda la familia no se deja ningún tema controvertido por el camino. Con críticas constantes al labor del gobierno y las fuerzas militares, señalando desde el minuto uno que todo ocurre por la irresponsabilidad de las empresas y el gobierno que les deja hacer, y con un por lo demás apasionante tono de aventuras clásica -ahora en familia-, The Host demuestra la capacidad de Bong Joon-ho de manejar la tensión incluso con presupuestos más limitados.

En cualquier caso, aquí ya empezamos a ver los rasgos que ha ocultado (hasta ahora) en su comentado debut occidental. Ya sea los personajes adorablemente estúpidos, el humor de collejas o un absoluto cinismo en lo que respecta a los finales felices. Porque The Host acaba bien, pero sólo por el lado familiar. Nada nos hace pensar que el gobierno o las empresas hayan aprendido la lección, incluso si la familia aprende a amarse.

III. Tras los monstruos literales, los metafóricos: Memories of Murder (2003)

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Bong Joon-ho escribe buenas aventuras. Eso no se lo negará nadie. Sus críticas al capitalismo, sus monstruos gigantes -sean de carne o acero- y sus alegorías tan poco disimuladas que son un puñetazo a la cara son una parte significativa, pero no la única, de su filmografía. No cuando sus películas más respetadas y celebradas tanto por crítica y público se circunscriben, como ya viene siendo natural en la industria coreana, al thriller.

Memories of Murder transcurre en octubre de 1986, cuando una mujer es encontrada violada y asesinada en una zona de la Corea rural. Cuando poco después vuelve a tener lugar un crimen parecido, la policía decide enviar a un detective de Seúl para que trabaje con el más bien inútil responsable local. Algo que llevará a la clásica mecánica de la extraña pareja, aunque con más collejas, y llevada hasta el extremo más bochornoso: los métodos de uno no harán sino encontrar su eco en los del otro, llevando la investigación, poco a poco, por el camino del desastre.

Aquí encontramos al Bong Joon-ho más desquiciado. Con ribetes de comedia, esta absoluta tragedia hace de lo atroz el motivo de muchas carcajadas incómodas: entre los métodos de la policía coreana está el acoso, la tortura, obligar a sospechosos a cavar su propia tumba y una no demasiada sana tendencia a cebarse con los más desfavorecidos, ya sean pobres, deficientes o extranjeros. Todo ello llevado tan al extremo, filmado con tal maestría, que es inevitable echarse a reír.

Incluso si no tiene ni puta gracia.

A fin de cuentas, la elección del año no es casual. Del 10 al 29 de junio de 1987 hubo protestas masivas para exigir un cambio político en Corea, país que hasta entonces estuvo controlado por la dictadura militar de Chun Doo-hwan. ¿Cuál fue uno de los disparaderos de las protestas? La detención, interrogatorio y tortura de Park Jong-chul, un estudiante de lingüística y activista político que, el 14 de enero de ese mismo año, moriría a causa del trato recibido por parte de la policía.

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Ahí tenemos todos los elementos de Bong Joon-ho: la sempiterna presencia de activistas políticos, el poder de las personas para cambiar el curso de la historia y la crueldad inherente, más por estupidez que por maldad, de todo sistema de poder.

Todo ello bien empacado en un thriller aterrador, cómico e inspirado en un caso real: el de los asesinatos en serie de Hwaseong, comparado no pocas veces con el caso del asesino del Zodiaco, que se cobraron la vida de diez mujeres entre el 15 de septiembre de 1986 y el 3 de abril de 1991 y que, además, sigue sin resolver. Y dadas las leyes coreanas vigentes en el momento, descubrirlo tampoco serviría para nada, legalmente hablando: el último de los asesinatos expiró el 2 de abril de 2016 a las doce del mediodía, para tranquilidad de ese asesino al que el informe forense describió como de unos veinte años, sobre 1.65 y 1.70 de altura y de tipo de sangre B.

IV. Recordemos que los monstruos también tienen familia: Mother (2009)

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El acercamiento al thriller por parte del coreano no acaba aquí. Y si bien es cierto que Memories of Murder es la que se ha llevado todos los laureles, Mother no tiene absolutamente nada que envidiarle.

Su premisa es básica: mujer viuda de cierta edad vive con su hijo discapacitado mental en un pequeño pueblo, pero todo se vendrá abajo cuando, efectivamente, se encuentre muerta una chica adolescente cuyo asesino, como no podía ser de otro modo, la policía es incapaz de encontrar. Con sólo evidencias circunstanciale, deciden arrestar al chico y a partir de aquí las cosas se ponen todavía más feas. Ni su abogado mueve un dedo para ayudarle ni los policías tienen problemas en obligarle a firmar una confesión para quitarse el caso de encima. Algo que su horrorizada madre decidirá solventar iniciando ella misma una investigación para demostrar que su hijo no ha sido el asesino.

Mother es una película que podríamos dividir en dos. Tenemos la primera parte, ortodoxa, siguiendo el canon del thriller coreano bajo un patrón similar al de Memories of Murder. Pero la segunda parte, completamente diferente, es un tour de force de descubrimientos, decisiones y actos que giran el foco del crimen al auténtico tema de la película: no hay nada más absoluto que el amor de una madre. Ahí radica su juego. En hacernos creer que aquí lo importante es el crimen, cuando lo importante es demostrarnos hasta dónde está dispuesta a llegar una madre con tal de salvar a su hijo.

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Y para ello, Bong Joon-ho nos hace dudar.

A lo largo de la película, hay razones suficientes para pensar que el chico puede ser o no culpable. Por eso, los bandazos emocionales que sufrimos acompañando a esa pobre mujer, esa pobre madre, son aún más violentos. Incluso cuando todo parece estar a punto de agotarse, el descubrimiento de la verdad detrás de los sucesos precipitará el discurso favorito de Bong Joon-ho: una persona normal puede llegar más lejos que ningún policía por amor a su familia. Para bien, para mal y para peor.

V. Tras el recordatorio, riámonos de lo monstruoso: Barking Dog Never Bite (2000)

Al final algo tienen en común todas las películas de Bong Joon-ho: el humor negro. Su tendencia a colocar el foco en los elementos más delicados, abruptos o directamente jodidos de la cultura y la política coreana hace que su humor siempre acabe burlándose de la insobornable estupidez de unas personas que no hacen sino empeorar el mundo en el que habitan. Y su debut no es la excepción.

En Barking Dogs Never Bite un profesor de universidad en paro irritado por los ladridos de los perros decide dedicarse a secuestrarlos, buscando al perro que le está amargando la vida, aunque no dando con el que esperaba. Al mismo tiempo, debido a estas extrañas desapariciones, una de sus vecinas decidirá investigar el caso. A todo eso se sumará un vagabundo desquiciado, una mujer que (parece) odiar al protagonista y la pasota mejor amiga de la protagonista. Todo un plantel de inadaptados que intentarán descubrir el modo de vivir juntos, incluso cuando son absolutamente incapaces de reconocer que se necesitan unos a los otros.

Centrada enteramente en la comedia, la película es un absurdo festival de malas decisiones por parte de sus personajes, todas ellas relacionadas con los perros. Porque esta satírica adaptación de El perro de Flandes es, a golpe de chiste con ahorcamientos, ensartamientos y otras clases de maltrato animal, una versión bastante más esperanzadora de la popular historia infantil.

VI. Para acabar, volvemos a los orígenes: Okja (2017)

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Para acabar tenemos que regresar a Hollywood. O más bien a una combinación de Hollywood con Corea. Porque tal vez lo más impactante de Okja, recién estrenada en Netflix, además de cómo ha conseguido combinar el espíritu del thriller con su clásica historia de aventuras para toda la familia, es cómo ha conseguido colar todo el humor y la mala baba à la coreana de Bong Joon-ho sin dejar de ser una película pensada para occidente.

Crisis alimentaria de por medio, la empresa cárnica Mirando decide mejorar su imagen pública con un nuevo producto que puede acabar con el hambre en el mundo: carne de cerdo genéticamente modificado para alcanzar tamaños colosales. Para celebrar las bondades de este nuevo producto la empresa decide enviar un espécimen de esta nueva especie a diferentes granjeros de diversas partes del mundo para hacer un concurso que sirva para comprobar cuál de ellos puede criar el mejor de todos los cerdos. Pero lo que no podían esperar es que, diez años después, el cerdo que fue enviado a Corea ahora tendría dos cosas: nombre -Okja- y una niña que cuida de él y que no está dispuesta a que se lo lleven, -Mija-.

Con un estilo tierno, dulce, alternando entre el inglés y el coreano como alterna entre el thriller político, la comedia, el cine de aventuras e incluso un tramo final de terror, Okja podría definirse como una versión de The Host pasada por el filtro de un E.T. el extraterrestre escatológico. Porque entre chistes de lanzamiento de heces o activistas de los animales tan concienciados que no se alimentan de nada, nos encontramos una película que no sólo intenta apelar a toda la familia, sino también enviarnos un mensaje tanto o más contundente que el de Snowpiercer: no hay esperanza. Es imposible destruir el capitalismo. Incluso si está asesinando a los nuestros.

Sin ahorrarse los momentos más duros, ya sea en el matadero o en cómo actúa la policía con respecto de los activistas pro-derechos animales -siendo la tortura el mecanismo de actuación básico para la policía en la mente de Bong Joon-ho-, esta película es, en muchos sentidos, todo lo que debería haber sido Snowpiercer y no fue. La culminación de un estilo con visos más occidentales, o comerciales, sin abandonar sus rasgos propios.

Porque al final lo más importante es la familia. Pero también uno mismo. Y Bong Joon-ho nos gusta más cuando no olvida lo importante: su filmografía. Esa Corea rural, ignota, sin glamour ni belleza, donde sólo te puede salvar el amor de tu familia.

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Un comentario

  1. Javi dice:

    ¡Bravo!
    Hacía tiempo que no leía un artículo tan brillante. Sintetiza de forma maestra el cine de Bong Joon-ho. Sin duda es una filmografía interesantísima la de este hombre, pues tocando tantos géneros distintos tiene una personalidad marcadísima, rara de ver…

    ¡Saludos y enhorabuena para Álvaro Arbonés!

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