Bring the quejío! – De ‘Omega’ a Exquirla, 20 años de flamenco y distorsión

Apenas unas semanas separan el vigésimo aniversario de la publicación de Omega, el magistral homenaje a Leonard Cohen y García Lorca que alumbraron Enrique Morente y Lagartija Nick y el adelanto del que parece ser uno de los proyectos nacionales más prometedores de 2017: la unión de la banda de post-metal Toundra y Niño de Elche, cantaor experimental que ha revolucionado la escena indie con su flamenco de vanguardia.

Hollywood, 1991. En un estudio de grabación, Joey Belladona, vocalista de la banda de thrash-metal Anthrax, intercambia trapitos con Flavor Flav. El MC de Public Enemy accede a prestarle sus pantalones “cagaos”, sus gafas e incluso su característico reloj-colgante y su chistera a cambio de que aquel heavy de ascendencia iroquesa le deje grabar con su mitificado penacho de plumas en la cabeza. El contexto de este intercambio de tótems son las grabaciones que darían lugar a Bring the noise, quizá el mayor exponente, con permiso del Rock this way de Aerosmith y Run DMC, de la fusión entre las culturas del rock duro y el hip-hop y antecesora de todo el movimiento nu metal que vendría años después.

Granada, 1994. En la casa de Paco Ramírez, ex-manager de los míticos 091, el maestro Enrique Morente asiste como invitado a uno de los ensayos de Lagartija Nick y confiesa que siempre ha querido ser cantante de rock. Antonio Arias, vocalista y líder de una banda que por aquel entonces se movía entre el post-punk, el metal y el noise, le responde que qué bien, porque él siempre ha querido ser flamenco. En este caso no es necesario el cruce de vestimentas porque ya por aquel entonces Morente poseía una nutrida colección de botas camperas y no se cortaba en imitar el look de su admirado Van Morrison. A raíz de esas confesiones llegarán las muñequeras de pinchos, las sesiones interminables, las noches de jarana flamenca, peleas, ilusiones, discusiones y abandonos a lo largo de dos años.

En diciembre de 1996 sale a la venta Omega, un viaje de Fuente Vaqueros a Nueva York que empieza como un regalo personal para Leonard Cohen de su biógrafo y amigo Alberto Manzano al cumplir los sesenta y termina como uno de los discos más importantes de la música española, a la par que un reflejo de la efervescencia musical que vivía de Granada en los 90, donde los cantaores del Sacromente convivían con los rockeros a la sombra de Joe Strummer, aún presente en muchos rincones y bares de la ciudad.

50.000 discos vendidos, varios libros, un documental y dos reediciones después, poco queda por decir de este proyecto que no se haya dicho ya.  Tal ha sido su magnitud que muy pocos se han atrevido a transitar el camino abierto por una obra que ya nacía con nombre de punto final, de cierre y despedida. Quizá por eso, la fusión haya transitado entre los sonidos más populares de palos como la rumba, con el legado de los pioneros Smash a la cabeza, los hijos de Veneno y el Blues de la frontera de Pata Negra y las derivas del rock andaluz de los setenta.

Si hablamos de guitarras distorsionadas, bombos dobles y amplis al 11, tuvo que pasar una década para que surgiesen proyectos sólidos dispuestos a recoger este testigo, y no es casualidad que estos naciesen precisamente en Granada.

De la Leyenda del espacio y la vuelta de tuerca que dieron Los Planetas a su sonido en 2007 corrieron ríos de tinta impresa y digital en su momento. Además de compartir batería y contar con la colaboración del propio Morente en el tema Tendrá que haber un camino, la banda se propuso formalmente predicar la palabra del cantaor formando con su hija Soleá Morente y Antonio Arias Los Evangelistas, supergrupo oficial del sonido Omega.

Sin salir de la ciudad de la Alhambra, es necesario mencionar de la banda Hora Zulú, uno de los grupos de mayor éxito de la efímera escena rap metal nacional, introductores de los sonidos flamencos en el mainstream kalimotxero del “rock estatal”, que más allá de la etapa más andalucista de Reincidentes y los escenarios de mestizaje del Viña Rock despreciaba el flamenco y sus derivados por ser “música de canis”. A lo largo de su década y media de existencia, y con miembros destacados de la escena granaína, como el Lagartija Paco Luque, Hora Zulú han sabido manter los sonidos tradicionales de su tierra como una de sus señas de identidad.

Actualmente en periodo sabático, los proyectos paralelos de sus principales miembros, Pangloss y Fausto Taranto mantienen y amplían estos registros, aunque de cara a un público minoritario.

Puerto de Santa María, 2015

En el festival Monkey Week, lo más parecido a un South by Southwest patrio para artistas emergentes, Paco Contreras, más conocido como Niño de Elche, se cruza con los miembros de Toundra, banda madrileña de metal instrumental y todo un fenómeno internacional dentro de su estilo. La chispa prende y rápidamente surge la propuesta de grabar algo juntos. Lo que surja de ese choque entre yesca y pedernal será bautizado como Exquirla y verá la luz por primera vez en el escenario de las Fiestas Demoscópicas de Mondo Sonoro en marzo de 2016.

Aunque en varias entrevistas ha querido distanciarse de sus referentes más obvios, el trabajo del Niño de Elche guarda muchas similitudes con la estela de Morente, no tanto en lo formal dentro del cante como en su vocación por transgredir y experimentar. No cantó a Lorca pero sí a Miguel Hernández, no ha colaborado con tantos músicos internacionales pero sí ha armado giras con músicos como José Sánchez o Pony Bravo y no ha salido al escenario disfrazado y danzando en homenaje a Picasso pero sí ha puesto en escena auténticas fiestas de electrónica y videoarte político con su proyecto RaVerdial junto a Los Voluble DJs.

Por si fuese poco, en 2015 publicó Voces del extremo, uno de los discos del año en esta casa, y que su siguiente proyecto sea esta ambiciosa fusión de cante y metal pesado nos hace aspirar a un nuevo sonido “alfa” capaz de iniciar una nueva senda más allá de ese Omega y quizá la cristalización de esa fantasía de Morente, antes de la ingerencia de los flamencos más ortodoxos de su círculo en la gestación del disco, de ser realmente, el cantante de un grupo de rock.

Tras varias pistas y sesiones lanzadas a la red, el adelanto del primer tema de estudio, Destruidnos juntos, son casi diez minutos de contundencia sonora y liturgia progresiva, de poesía y política, de dolor y quejío desgarrado. Su primer disco, Para los que aún viven, estará disponible el próximo 17 de febrero.

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