Caminos cruzados: la complicada relación entre el Capitán América e Iron Man

¿Es Capitán América: Civil War la historia de un conflicto nacido de diferentes maneras de pensar? Sí, pero también es el último capítulo en la larga historia de dos hombres que significan algo el uno para el otro. En este artículo repasamos la trayectoria de Tony Stark y Steve Rogers a lo largo del Universo Cinematográfico Marvel para averiguar el núcleo emocional de este enfrentamiento.

“Tenemos órdenes: cumplámoslas” –Steve Rogers

“Cumplir órdenes no es mi estilo” –Tony Stark

Este intercambio de pareceres pertenece a la película Los Vengadores, de 2012. Por aquel entonces se trataba de posturas obvias: Iron Man como expresión del individualismo y el Capitán América como soldado al servicio de una autoridad superior. Cuatro años después se estrena Capitán América: Civil War y ambos personajes se ven a sí mismos ocupando el extremo opuesto del tablero. Algo que, dada su trayectoria a lo largo de los años, tiene mucha más lógica que la que pueda parecer a primera vista.

El conflicto de Civil War parte de una diferencia ideológica: supervisión estatal o libertad del individuo. Un dilema muy jugoso que ya hemos tratado antes en CANINO pero que no constituye –creo– la verdadera razón por la que Steve y Tony terminarán llegando a las manos. Un conflicto como éste tiene su raíz no en causas lógicas, sino en causas emocionales. Y el bagaje emocional que hay entre estos dos individuos es bastante mayor que lo que uno podría suponer en un primer visionado.

Lo que hace falta entender es que Steve Rogers significa muchas cosas para Tony Stark. Y sólo algunas de ellas son buenas.

Tony Stark –y conste que este artículo habla en todo momento de su versión cinematográfica– es un personaje cuyas películas siempre tratan de lo mismo: de él intentando arreglar algo de lo que se siente directa o indirectamente responsable. De remendar los agujeros que él mismo abrió. Es una constante. Responsable por las armas que vendió, responsable por lo que hizo su padre en la Guerra Fría, responsable por haber despreciado en el pasado a Aldrich Killian, responsable de no haber podido salvar la Tierra en una visión que él siente como “su legado”.

¿Por qué no hiciste más?”, le pregunta un Steve Rogers moribundo que sólo existe en su cabeza durante la fantasmagórica escena inicial de La era de Ultrón (2015). No es casual que sea Steve quien se lo diga; podría haber sido Pepper, o hasta Rhodey, pero el que se aparece en su mente es él. Porque es un hombre cuya mera existencia es para Tony un recordatorio muy desagradable de sus propios fallos como ser humano.

Porque el Capitán América es, en secreto, el hombre cuya aprobación Iron Man desearía tener.

Todo empieza con Ho Yinsen, el viejo científico con el que Tony comparte celda en Iron Man (2008). “Eres el hombre que lo tiene todo… y nada”, sentencia Yinsen ante un Stark que por primera vez no encuentra réplica ocurrente con la que responder. Tony respeta profundamente a esta persona: se nota en cada fotograma. Y este respeto se mezcla con cierto sentimiento de culpa. “No desperdicies tu vida” son las últimas palabras que Yinsen dedica a Tony Stark. La primera responsabilidad que él siente cargar sobre sus hombros. “Este hombre, mejor persona que yo, cree que puedo hacerlo mejor”, piensa. El resto del film consiste en él tratando de hacer honor a esta idea… metiendo la pata en más de una ocasión.

Tony es un personaje atormentado por lo que él considera hombres mejores que él. Por fallarles, por no estar a la altura de sus expectativas, por no acabar siendo lo que ellos desearían que fuera. Primero fue Yinsen. Luego fue Howard Stark, padre ausente e inventor genial –relación algo emborronada por el hecho de que Iron Man 2 (2010) es un film profundamente inepto–. Finalmente, es Steve Rogers.

La diferencia fundamental entre Steve Rogers y Tony Stark es que el primero siempre ha luchado por causas ajenas, mientras que el segundo siempre lo ha hecho por causas personales. Steve no es alguien movido por remordimientos ni por traumas pasados: simplemente, no le gustan los matones. Se arroja sobre una granada no en memoria de un hombre mejor que él, sino porque es “lo correcto”. Un concepto que para él es tan básico como el cagar. Pero no lo es para el mundo que le rodea.

«¿Éste es el tipo del que mi padre tanto hablaba?«, se burla Tony minutos después de conocer al famoso Capitán América. Stark, durante años a la sombra de su padre, conoce al hombre que él idolatraba… y resulta ser un boy scout para el que el Bien es algo obvio. Tony, acostumbrado a luchar contra sus propios errores, le repudia de inmediato. Es alguien que le recuerda demasiadas cosas incómodas, ya sea por su simple presencia o diciendo cosas como “tú no eres de los que se sacrifican; no te tenderías sobre un alambre para que el compañero pasase por encima de ti”.

La cara de Tony al oír esto, el modo en el que desvía levemente la mirada hacia un punto abajo a la izquierda, lo dice todo. No, él no se tendería sobre el alambre. Él no es Ho Yinsen. Y lo sabe.

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Al mismo tiempo, Steve ve en Tony Stark a América convertida en algo que no le gusta nada. “Al despertar, me dijeron que ganamos. No me dijeron lo que perdimos”, se lamenta ante Nick Fury en una escena cargada de hastío y un leve toque de cinismo que no estaba en el film Capitán América: El primer vengador (2011). El hijo de Howard Stark no es como su padre. 2012 no es como 1943. El mundo ha cambiado, pero Steve todavía no. Todavía.

El punto de inflexión llega en El soldado de invierno (2014), donde el Capitán América se da cuenta de tres cosas. Primera, que el sistema a veces está literalmente controlado por nazis. Segunda, que no tiene nada claro qué es lo que le hace feliz (ante la pregunta explícita de Sam Wilson, Steve sonríe y responde: “no lo sé”). Y tercera, que sí le queda una cosa en el mundo que le importa de manera personal: Bucky Barnes. Estas tres revelaciones son el punto de partida de Steve Rogers hacia un camino que, paradójicamente, lo lleva en dirección contraria al de Tony Stark.

Tony, el hombre despreocupado, empieza a preocuparse por todo. Steve, el hombre bueno, empieza a volverse un poquito más cínico.

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Todo esto nos lleva a La era de Ultrón, film que trata de unos personajes que se dan cuenta de su imperfección mientras luchan contra un villano que cree en la perfección como una meta alcanzable. Tanto Tony como Steve encuentran verdades muy feas en Ultrón… verdades que, al contrario de lo que le pasa a los demás personajes de la película, no sólo tienen que ver con ellos mismos.

Tony sabe que el robot genocida que ha creado está basado en su propia personalidad y. por tanto, que la mente maníaca de Ultrón es una exageración de sus propias obsesiones.  Al mismo tiempo, revela otra faceta de su complicada relación con el Capitán América: está resentido por que éste no haya sufrido las visiones de Wanda Maximoff como las ha sufrido él.

No confío en la gente que no tiene lado oscuro”, afirma un Tony que, y esto es algo ya muy evidente, tiene cierto complejo de inferioridad moral con respecto a Steve Rogers. Y no se trata sólo de la visión en sí misma: se trata de que Tony crea a Ultrón precisamente para demostrar que ahora sí se preocupa por las cosas. “¡Mirad, ahora me importa el mundo! ¡Ahora sí quiero proteger a los demás! ¿Por qué os enfadáis todos conmigo?

Steve, por su parte, se enfrenta a algo distinto. “Capitán América”, se burla Ultrón, “el hombre temeroso de Dios que finge poder vivir sin una guerra”. Steve se queda sin palabras ante esto por una razón: porque no sabe qué le hace feliz. No sabe qué es el hogar –palabra que se repite constantemente en el film refiriéndose a él, y que marca el momento en el que pierde los estribos durante su discusión con Tony en el vídeo de más arriba–. “Podemos irnos a casa”,  dice Peggy Carter en su visión. Pero no puede. “Familia, estabilidad… el hombre que quería eso se quedó en el hielo hace setenta y cinco años”. Para Steve Rogers ya no hay “hogar”… porque las únicas personas que recuerda de él son una Peggy Carter con alzheimer y un Bucky Barnes fugitivo.

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Pero esto no es todo, porque Steve también empieza a darse cuenta de qué clase de persona es Tony Stark. “¡Hará lo que sea para arreglar las cosas!”, exclama Wanda, y el rostro de Steve muestra que ya sabe a dónde lleva eso. “Ultrón no entiende la diferencia entre salvar el mundo y destruirlo”, sigue diciendo ella ante un Capitán América que no acierta a responder. “¿De quién crees que lo saca?

Tony sabe cómo se siente respecto a Steve, y Steve sabe cómo se siente respecto a Tony. No llegan a admitirlo, pero luchan juntos. “Pues como dijo el abuelo”, bromea Iron Man en el combate final del film, “juntos”,  y terminan despidiéndose desde el mutuo respeto. “Te echaré de menos, Tony”, dice Steve. Y lo dice de verdad.

Y así es como llegamos a Capitán América: Civil War.

Tony firma los Acuerdos de Sokovia por razones evidentes: se siente responsable. Él creó a Ultrón, él tiene que rendir cuentas. “Sea cual sea el plan, me apunto”. Wanda tenía razón: hará lo que sea para arreglar las cosas. Como resultado, cumplir órdenes es su estilo. Y por eso mismo no entiende por qué Steve Rogers no le apoya. “Tenemos órdenes”, piensa Tony, “¡cumplámoslas! ¿No era eso lo que querías? ¿Qué se supone que tengo que hacer para ser tan recto como tú?

Lo siento, Tony”, explica Steve. “Si veo una situación injusta, no puedo ignorarla. Ojalá pudiera”. Tanto la cara de pura frustración de Stark como su réplica –“a veces quiero golpearte en tus dientes perfectos”– son comprensibles, y el uso peyorativo de la palabra “perfecto” no es casual. Steve Rogers, el hombre al que cree estar haciendo honor, le rechaza y encima le trata con compasión moral. «Ay, Tony, ojalá pudiera, pero soy Mejor Que Tú«. Lo odia.

Entonces llega Bucky Barnes. El tipo, recordemos, que mató al padre de Tony. Amigo del alma de Steve.

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Se trata de un fugitivo considerado peligroso. En una ocasión, incluso trata de matar a Tony. Pero Steve le protege.

Por razones personales.

Después de esto, ¿la hostia que le calza Tony a Steve cuando le dice «esto no tiene por qué acabar mal» no tiene todo el sentido del mundo? Imaginad lo que puede pasar por su mente en una situación así: «Después de que me deje la piel por hacer lo correcto, después de aguantarte todas las charlas sobre la decencia y la rectitud moral, ¿vas y defiendes a este tío por que es ‘tu amigo’? ¿EN SERIO?«

Pero, ¿qué otra cosa puede hacer Steve? ¿Cómo no defender a alguien que no sólo crees –quizá hasta sabes– que es inocente, sino que es lo único que te queda como recuerdo de aquel mundo en el que las cosas eran blancas y negras?

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Y ésta es, en definitiva, el conflicto que plantea Capitán América: Civil War. No tanto ideológico como emocional. No tanto entre dos maneras de pensar como entre dos hombres cuyos caminos se han cruzado en un punto intermedio entre el blanco y el negro. Un conflicto en el que nadie se equivoca, porque ambos tienen razón.

Personalmente, no puedo esperar a ver cómo se resuelve.

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