‘Cardcaptor Sakura’: el regreso de la ‘magical girl’ más inclusiva

El 1 de mayo de 1996 empezaba a publicarse en Japón el manga de CLAMP Sakura, cazadora de cartas, que llegaría a la pequeña pantalla de aquel país el 7 de abril de 1998. Ahora, con su secuela en marcha y un nuevo anime a punto de estrenarse, analizamos qué hace tan rompedora e interesante a esta obra protagonizada por una tierna estudiante de primaria.

Las magical girl o mahō shōjo se revitalizaron como género propio en la década de los noventa, cuando también se consolidaron algunas de las características que ahora asociamos a estas historias. Desde Japón se extendieron al resto del mundo los relatos sobre chicas con poderes mágicos que compaginaban su vida diurna como estudiantes con incursiones en la lucha contra las fuerzas del mal. En 2014 regresaba el grupo de heroínas mágicas más populares, las sailor senshi, con su reboot animado Sailor Moon Crystal (2014-). También lo hacía dos años después, con motivo de su vigésimo aniversario, Cardcaptor Sakura (1996-2000) -que llegó a España como Sakura, cazadora de cartas, en un manga-secuela con el subtítulo de Clear Card-hen (2016-), publicado por la revista shōjo Nakayoshi. Con el nuevo OVA a la venta desde el 13 de septiembre en el país nipón, es el momento oportuno de pararse a ver qué ha convertido a esta obra en un relevante fenómeno que todavía sigue entusiasmando a los espectadores.




Pero, para empezar, ¿de qué trata Cardcaptor Sakura? Su historia fue creada por el cuarteto femenino de mangakas CLAMP y nació en mayo de 1996 en las páginas de la revista Nakayoshi, donde se publicó a lo largo de cuatro años, finalizando en junio del 2000. Debido a su éxito, se realizó un anime que ampliaba la trama y contaba con nuevos personajes. Esta adaptación animada constó de 70 episodios producidos por Madhouse y emitidos entre abril de 1998 y marzo de 2000. Ambas versiones se centran en Sakura Kinomoto, una estudiante de 10 años que un día descubre un extraño libro en su casa. Al abrirlo, halla un su interior un pequeño ser parecido a un oso de peluche amarillo, que le explica que es Keroberos, el guardián de las cartas de Clow que se encontraban selladas en el tomo. Él convertirá a Sakura en una “cazadora de cartas” que, armada con un adorable bastón, intentará recuperar estos objetos mágicos que se han desperdigado antes de que produzcan graves estragos en su ciudad, la ficticia Tomoeda.

Aunque presenta muchas de las características propias del género (la mascota parlante, la identidad secreta o el objeto que canaliza la magia), Sakura de entrada también plantea diferencias interesantes con otras historias sobre mahō shōjo. Por ejemplo, que la única chica con poderes sea la protagonista o que sus maravillosos trajes no aparezcan mediante escenas de transformación, sino que provienen de su mejor amiga, Tomoyo Daidouji, una costurera de primera que está obsesionada con grabar a Sakura mientras emplea sus habilidades. Además, nuestra joven cazadora no tiene que enfrentarse a una poderosa fuerza que quiere acabar con el mundo.

El relato consta de dos arcos narrativos bien diferenciados. En el primero debe conseguir las cartas Clow antes que su rival Syaoran Li y evitar un terrible suceso, mientras que en el segundo una nueva fuerza misteriosa creará incidentes a su alrededor, que tendrá que parar mientras transforma las cartas Clow en cartas Sakura y descubre más acerca del misterioso mago Clow Reed, el fallecido creador de la peculiar baraja. Es decir, que las únicas personas que corren peligro en algún momento son Sakura y sus allegados. Aquí no se lucha por la justicia o por salvar el mundo, pero eso no resta valor a su trama. Al contrario, es interesante ver a una magical girl que deja de lado lo épico para centrarse en lo humano. El mejor ejemplo es el punto de inflexión que nos lleva de un arco a otro; en él, Sakura debe pasar una prueba para convertirse en la nueva maestra de las cartas y evitar un desastre. Si fracasa, la “gran catástrofe” que sucederá es que tanto ella como el resto de personas que han tenido algún contacto con las cartas (básicamente todos sus amigos) olvidarán a quién más quieren, una tragedia que, aunque pueda parecer poco grave, lleva implícita una gran pérdida. Al fin y al cabo, el motor que mueve la historia son las relaciones personales y la importancia del amor.

La naturalidad como elemento rompedor

Cardcaptor Sakura destila una atmósfera cálida y llena de inocencia que hace agradable y sencillo introducirse en su mundo. Este ambiente es asimismo fundamental a la hora de presentar algunos elementos que, debido a la naturalidad con la que son tratados (lógica, por otro lado), se convierten en algo rompedor. Y es que nos habla del amor en todas sus facetas, por eso está llena de protagonistas LGBTI que desafían las normas de una sociedad poco acostumbrada a la representación, sobre todo en la época original de su publicación.

Los personajes van evolucionando de forma lógica y tienen caracteres muy bien definidos y consistentes. Aunque al inicio muchos de ellos parecían meros estereotipos (el hermano molesto, el padre amable, el rival que se ablanda, etc.), todos demuestran ser tridimensionales. Cardcaptor Sakura no busca entrar en debates, subvertir conscientemente tópicos o hacer una crítica social directa. Se limita a reflejar una realidad a través de lo cotidiano, mostrándoles así a los espectadores que no hay -ni debería haber- ningún tipo de controversia al respecto. Sakura vive con su hermano Toya, de 17 años, y su padre Fujitaka Kinomoto, un profesor universitario cuya primera aparición es con un delantal y preparando un delicioso desayuno. Dado que su madre Nadeshiko falleció cuando Sakura tenía tres años, esta familia monoparental se reparte las tareas del hogar sin hacer un mundo de ello. Es más, Fujikata no es solo un gran cocinero: también se le da bien la costura y disfruta de ello. Tampoco es el único hombre que rompe con clichés de género habituales, ya que el joven Syaoran es buen repostero y realiza actividades propias de mujeres en la tradición japonesa, como regalar chocolates que él mismo ha cocinado por San Valentín.

De hecho, el caso de Syaoran Li es muy interesante. El chico aparece como un estudiante nuevo que se ha mudado desde Hong Kong (la mezcla cultural es otro factor de integración interesante). Desde el principio le deja claro a Sakura que es descendiente de Clow Reed y que está allí para hacerse con las cartas. Además, se siente atraído por Yukito Tsukishiro, el amigo de Toya, de quién también está enamorada la protagonista. De esta forma, se convierten en rivales por partida doble. El interés romántico que siente Syaoran por Yukito se muestra de forma tierna y cómica, pues se pone muy nervioso en su presencia. Con el tiempo, Syaoran se irá enamorando de Sakura, hasta llegar a comprender que es a ella a quién más quiere. Pero, aunque el romance principal acabe siendo heterosexual, tenemos a un personaje bisexual cuyo amor es presentado como algo normal. Toya Kinomoto, el hermano mayor de Sakura, comparte esta orientación, pues mediante flashbacks se nos muestra un romance pasado que tuvo con una mujer, mientras que en el presente somos espectadores de la relación tan especial que mantiene con su mejor amigo Yukito y cómo ésta evoluciona, llegando a quedar patente que ambos están enamorados.

Por su parte, Tomoyo está enamorada en secreto de Sakura, pero como es su mejor amiga y es consciente de que sus sentimientos no van a ser correspondidos, prefiere no decir nada y conformarse viendo cómo ella es feliz. Incluso hace las veces de celestina, animando a Syaoran a que confiese sus sentimientos a Sakura, sabiendo que en el fondo ella también le quiere aunque todavía no se haya dado cuenta. Además, Tomoyo es hija de una importante empresaria, Sonomi Daidouji, por lo que vive en una mansión y tiene a su servicio a varias guardaespaldas, todas mujeres. Su padre sigue vivo, pero nunca se profundiza en el tema, simplemente se menciona que la relación es complicada. Así, una vez más, se muestran familias monoparentales sin que resulte sorprendente o foco de conflicto.

Otro punto interesante de la serie es cómo pone a prueba los roles de género y la identidad. Lo primero se consigue mediante una obra de teatro escolar en la cual los papeles son asignados aleatoriamente y Sakura acaba dando vida al príncipe que debe rescatar a la Bella Durmiente, a quien interpreta un avergonzado Syaoran. El resto de personajes comentan asombrados que no se hayan limitado a asignar roles según el género, pero sin que en ese asombro haya atisbos de ofensa. En el anime, además de adaptar esta historia, también incluyeron otra representación, esta vez del instituto de Toya, en la cual él acaba dando vida a la Cenicienta. En cuanto a la identidad, Nakuru Akizuki es un personaje introducido en el segundo arco que viste con ropas femeninas y el uniforme de instituto de mujer. Sin embargo, al tratarse de un ser creado mediante magia, no tiene género, simplemente viste así porque le parece más “adorable”, como llega a explicar en primera persona.

Es importante destacar que ninguna de estas relaciones está sexualizada, como sí sucede en otros mangas/animes, que juegan con el componente erótico para atraer a un público que no suele buscar en ellos romances realistas o bien construidos. En Cardcaptor Sakura todo aparece como algo natural, puro, sin caer en representaciones dañinas o forzadas. Las muestras de cariño existen, tanto verbales como físicas, pero son todas muy naïf, pues ni siquiera vemos ningún beso, aunque sea entre personajes adultos, como por otro lado suele ser habitual en CLAMP.

Sin embargo, para los norteamericanos debió resultar excesivo, pues la compañía Nelvana decidió censurar el anime y convertirlo en Cardcaptors (2000-2001), un horror condensado en 39 capítulos, en los cuales alteraron desde los elementos asociados a la cultura japonesa (omitiendo mencionar, por ejemplo, lugares como Tokio), hasta el montaje. De esta forma transformaron a los personajes principales, convirtiendo el miedo que siente Sakura por los fantasmas en pura bravuconería como si las muestras de inseguridad, que son las que hacen tan humanos a sus protagonistas, fuesen perjudiciales. De la misma forma, editaron toda señal de romance homosexual, dejando fuera los crushes que sienten Sakura y Syaoran por Yukito, pero también un amor tan inocente –y hetero- como el que desarrollan finalmente los jóvenes protagonistas. En fin, que incluso convirtieron la adorable e icónica cabecera original en una completa horterada.

Cruzando la frontera de lo correcto

Precisamente que Cardcaptor Sakura hable del amor en todas sus formas es lo que saca a la luz lo peor de la serie, dado que CLAMP decidieron adentrarse en un terreno oscuro y llegar demasiado lejos. Por eso encontramos algo de complejo de Edipo/Electra (pues Yukito es comparado en demasiadas ocasiones con Fukitaka) y bastantes romances cuestionables o directamente censurables.

En la obra abundan las historias de amor complicadas, pero también vemos más de un ejemplo de relaciones incestuosas o con diferencias de edad notables. Por ejemplo, la madre de Tomoyo es prima de Nadeshiko, la madre de Sakura, de quien estaba enamorada. También Meilin Li, un personaje creado exclusivamente para el anime, sentía pasión por su primo Syaoran, motivo por el cual abandona Hong Kong para ir a Tomoeda con él. En cuanto a las amplias franjas de edad, Nadeshiko se casó con tan solo 16 años con Fujitaka, a quien conoció cuando llegó como profesor novato a su instituto, aunque se nos insiste en varios momentos en que fueron muy felices juntos para justificarlo. También Toya experimenta algo parecido, pues cuando estudiaba en secundaria empezó a salir con Kaho Mizuki, una joven profesora en prácticas con quien tuvo un romance hasta que ella se fue de intercambio a Inglaterra. Más adelante, cuando Kaho regresa en el tramo final de la serie, se muestra muy cercana a Eriol Hiragizawa, un misterioso estudiante de la clase de Sakura (y pieza clave de la historia). En el manga queda claro que están enamorados, pero aunque a primera vista resulte muy perturbador, se debe a que en realidad él no es el niño pequeño que aparenta.

El mayor pero viene con otros dos personajes, la amiga de Sakura Rika Sasaki, también estudiante de primaria, y su profesor Yoshiyuki Terada. Ambos están prometidos y llevan saliendo un tiempo en el manga, que intenta mostrar como algo inocente una relación completamente inquietante e ilegal que se mete de lleno en el ámbito de la pedofilia. Afortunadamente, en el anime jugaron con la ambigüedad y lo mostraron como un sentimiento unilateral por parte de la joven que, como Sakura, se había enamorado de alguien mayor. Parece que las autoras recapacitaron al respecto (o al menos se retractaron ante las críticas), pues en Clear Card-hen de momento el personaje de Rita tiene una presencia mínima, y queda casi fuera de juego por encontrarse estudiando en una escuela distinta a la de la protagonista.

Sobre CLAMP, amor y sacrificio

Queda claro que el tema principal de la serie es el amor, un amor que presenta distintas facetas y que también tiene una cara amarga, la del sentimiento no correspondido que encarna perfectamente Tomoyo. Estas relaciones destinadas al fracaso y unilaterales son habituales en los trabajos de CLAMP, al igual que el sacrificio como muestra de afecto hacia “tu persona especial”, que aquí refleja Toya.

Pero también habla de la amistad, de los vínculos personales, de las bondades de la inocencia y de la importancia de los recuerdos, siendo este último otro de los temas que más han interesado a las autoras en su etapa reciente. Asimismo juegan con los dobles y la dualidad, aunque en menor medida que en otros trabajos de las mangakas, como Chobits (2001-2004) o X (1992-2003). Y es que Cardcaptor Sakura no deja de ser una rara avis de su obra, plagada de personajes retorcidos, pérdidas de ojos, relaciones tormentosas, conflictos internos, reencarnaciones, luchas contra el destino escrito y reflexiones sobre la responsabilidad que emana del poder. No es que aquí no encontremos nada de eso, pero todo aparece suavizado gracias a la dulzura que transmite la historia, una candidez que en CLAMP solo podemos comparar con lo visto en Kobato (2004-2011). Basta con escuchar la frase-talismán de Sakura –ese “Todo irá bien”- para hacerse una idea del objetivo que perseguían al contar su historia: conquistarnos con su bondad, de la misma forma que ella se gana a todos sus allegados, y convencernos de que debemos creer en nosotros mismos.

Y no es que las relaciones personales sean lo único destacable de Cardcaptor Sakura, pero no deja de ser una serie de personajes que, además, cuenta con elementos muy interesantes en su construcción. Por supuesto, también tiene otros componentes importantes, como el esmerado diseño (en los trajes, en los protagonistas y en prácticamente cada detalle) que hace que todo resulte adorable a cada instante y emocionante cuando es necesario. Además, en el caso del anime, cuenta con una magnífica banda sonora compuesta por Takayuki Negishi que acompaña perfectamente a la cuidada animación.

Y después, ¿qué?

Sakura Kinomoto se convirtió en un personaje fácilmente reconocible y muy querido en Japón, motivo por el cual se llevaron sus aventuras a dos películas, ambas dirigidas por Morio Asaka -director a su vez del anime- y producidas en colaboración por Madhouse, Bandai Visual y Kōdansha: Sakura, cazadora de cartas: La película (1999) y Sakura, cazadora de cartas: La carta sellada (2009). Por eso no sorprende el regreso de la joven maestra de cartas en varios formatos, a través de una nueva edición de la historia original -que Norma publicará en España en 2018- y del ya mencionado manga Clear Card-hen, cuya trama avanza exasperadamente lenta. Pero también tendrá un nuevo anime que adaptará esta secuela, contará con todo el reparto de la serie original y se estrenará en Japón en la NHK el 7 de enero de 2018. Como aperitivo, hemos podido ver un primer tráiler  y, además, el 13 de septiembre se puso a la venta Cardcaptor Sakura: Clear Card Prologue: Sakura and the Two Bears (2017), una OVA que anima el episodio final del manga original.

Pero no son los únicos productos en el que podemos ver a sus protagonistas, pues en 2003 empezó a publicarse en la popular revista Shōnen Magazine el manga Tsubasa: RESERVoir CHRoNiCLE (2003-2009), que tenía como centro del relato a los Sakura y Syaoran de una dimensión alternativa en la que ella es una princesa que ha perdido sus recuerdos, lo que lleva a que se pase media historia actuando más bien poco y a la sombra de sus compañeros masculinos. Mediante viajes por distintos mundos se van encontrando con diferentes personajes de otros trabajos de CLAMP, en contextos distintos a los de sus obras madre, a excepción de Yuuko Ichihara, la bruja protagonista de ×××HOLiC (2003-2011), manga paralelo que prosigue en ×××HOLiC: Rei (2013-). Ambas historias están estrechamente relacionadas –aunque se pueden leer de forma independiente- e incluso conectan con Cardcaptor Sakura, pues Clow Reed juega en todas un papel esencial. Teniendo en cuenta que en estos momentos los tres mangas se encuentran incompletos o con finales abiertos, quizá lleguen a converger en un futuro próximo.

En la actualidad, las magical girl siguen de moda, como demuestra el regreso de algunos clásicos y el éxito de animes posteriores como las distintas series de Pretty Cure o Puella Magi Madoka Magica (2011). Además, hay más productos que buscan un target femenino y promueven el empoderamiento de las chicas jóvenes o de colectivos LGBTI. Seguramente series occidentales como Star vs. las Fuerzas del Mal (2015-) -cuyo báculo imita claramente al de Sakura- o la transgresora y censurada Steven Universe (2013-) no serían posibles sin la influencia de Cardcaptor Sakura, que promovió las bondades de las mahō shōjo y defendió el optimismo, la dulzura y la libertad de amar sin barreras.

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