[Crítica] ‘Cazafantasmas’ – “¡A la hoguera si pesan lo mismo que un ganso!”

El reboot de uno de los sagrados emblemas ochenteros por excelencia, bajo la batuta de Paul Feig y cuyo guion está conjuntamente rubricado por éste y Katie Dippold, lleva meses provocando salpullidos, desde que sus primeras imágenes asomaron la cabecita por las redes. La química Saturday Night Live en conjunto con el homenaje nostálgico bien entendido hace que la electrización de los protones y los electrones de Ghostbusters desemboque en un vórtice muy estimulante. No tengo ni la más remota idea de lo que acabo de decir, pero los rayos rojos que salen de esas aparatosas mochilas salvarán Nueva York. Es hora de mudar las pieles finas. "I ain't afraid of no ghosts!…"

Tan sólo merodear por algunas de las reseñas, comentarios, impresiones y salvajes soflamas conservadoras (en el sentido más literal de proteger tenazmente ciertos valores arraigados, cualesquiera que estos sean) en relación con las Cazafantasmas de Paul Feig lleva tiempo sembrando en muchos de nosotros la absoluta necesidad morbosa de asomarnos a este reboot que tantas pieles está lacerando. Si algo ponen en evidencia los ciber-indigestos episodios al respecto, que se repiten como el ajo, es que tan peligroso es el fanatismo de lo políticamente correcto como el purismo más exacerbado a la hora de decidir cuál es el uso correcto y la adecuada conservación de ciertas referencias. O lo que viene siendo lo mismo, hablando mal y pronto, cogérsela con papel de fumar u obleas de arroz para rollitos vietnamitas cada vez que alguien se proponga abrir el baúl de los souvenirs ochenteros, en el que cabe hasta la peluca rubia y el vestido de E.T. (“vestido de gitana”), como acabamos de comprobar en la última rentabilización de la receta nostálgica por parte de Netflix con Stranger Things. Punto para ellos: este potaje funciona.

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En el piloto de Ash vs Evil Dead, Sam Raimi resucitaba por fin al manco que más finas hace las lonchas de la carne putrefacta de los Deadites. En el esperadísimo episodio inaugural, Bruce Campbell, tras embutirse en un corsé con las hebillas de una camisa de fuerza de principios del siglo XX, se rociaba con una loción que seguramente nada tendría que envidiarle a Varon Dandy y que casi conseguía atravesar la pantalla con su empalagoso olor a pachuli. El gesto parecía ir más allá de la mera chorrada y apuntar una auténtica declaración de intenciones: Es un hermoso gesto desempolvar a Ash. Pero somos plenamente conscientes de que Ash huele a rancio. Y como nos recordaba John Tones en esta misma casa: “de vez en cuando es saludable abrir puertas y ventanas y ventilar, que con tantos guardianes de las esencias, la cultura pop a veces también huele a chotuno.”

Y en eso consiste precisamente el ejercicio de Paul Feig (gracias por La boda de mi mejor amiga -2011-, Paul, nunca está de más recordarlo) y de su colega en el guion, Katie Dippold, con la que ya colaborase en Cuerpos especiales (2013), también con Melissa McCarthy como maestra de ceremonias. Estamos ante un filme plenamente consciente de que la cultura popular debería ser uno de los únicos remansos lúdicos y democráticos que nos queden en este valle de lágrimas que es el statu quo y no un campo de batalla empapado por la baba viscosa de la maldad concentrada de Vigo, el azote de los Cárpatos. Un lugar donde luchemos con fiereza, ansiedad y mero espíritu acumulativo por cazar ingeniosas (o no tanto) referencias como si fueran Pokémons. Olvidándonos de una de las claves principales que lubrica la mecánica del homenaje: algo tan simple como disfrutar del producto en sí mismo y de las connotaciones sentimentales que conlleva.

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Las Cazafantasmas neoyorkinas del 2016 se lo pasan absolutamente teta (jojojo, de nada) enredándose en la jerga pseudo-científica capaz de explicar con diligencia cualquier fenómeno. Juegan con los diferentes cacharritos funde-goblins, improbables inventos retro-futuristas de mercadillo con ese toque de deliciosa esencia 100% Ghostbuster, surgidos del laboratorio regentado por Holtzmann (Kate McKinnon), un personaje que estéticamente nos ha ganado por completo con el exceso de su ADN: profesor chiflado steampunk, geek con atasco emocional, payasa profesional y tupé dorado del Dr. Egon Splenger de The Real Ghostbusters (serie de animación con el inolvidable Moquete como mascota). Al margen del innegable poder de la pócima Saturday Night Live, Kristen Wiig, Melissa McCarthy, la ya mencionada McKinnon y la bravísima Leslie Jones (a cuyo personaje, la filantrópica operaria de metro, le agradecemos con veneración que haya conservado sus aros de oro al ponerse el mono oficial de las cazafantoches) consiguen formar un equipo cómico más que digno para enfrentarse a un proyecto con semejante peso icónico.

Asimismo y precisamente por una especie de cuestionable responsabilidad moral, da la triste sensación de que a este reboot se le está exigiendo más que a su nave nodriza. Cuando, en esencia, esta última revisión del mito no deja de ser una entrañable payasada disfrutable que celebra el poder de la inocencia, la amistad y la camaradería (en este caso femenina), brillando especialmente cuando sustenta su funcionamiento en la genial incomodidad que produce el chiste bobo… y sin mayor pretensión que la de ser bobo. Lo cual no es tan fácil como parece.

Los guiños (y cameos) al universo ghostbuster que parieron Dan Aykroyd y Harold Ramis se engarzan con sutileza y huyen, por lo general, de la explicitud ordinaria y ostentosa: mucosidades ectoplasmáticas, restaurantes ridículamente blindados de cristal para el ciudadano medio, mass hysteria, comida china, art déco, fantasmas fritos en la silla eléctrica, la inoperancia institucional… Todo ello se combina con parodias actualizadas sobre la viralidad, la cosificación de Chris Hemsworth o espléndidos chistes sobre el alcalde de Tiburón. Caramelito para fans post-créditos inclusive.

Últimamente, todavía al calor de las más recientes turbulencias, parece que algo tan divertido y necesario como la desacralización de los iconos populares está provocando tantas úlceras sangrantes como una desamortización. Como si ciertos objetos de culto tuvieran que permanecen en formol a la espera de los elegidos, los únicos que pueden ostentar el privilegio de poder juzgarlos, desintegrarlos, pervertirlos, reformularlos o, simple y llanamente, disfrutarlos.

Ghostbusters

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15 comentarios

  1. Brendan Perry dice:

    Decepcionante película y gran ocasión desperdiciada. Tras su debacle en taquilla dudo mucho que veamos otro film de los Cazafantasmas en lo que queda de siglo.

    1. Californiano dice:

      Se puede decir y escribir de las dos formas. Infórmate antes de trolear, so capullo.

    2. Laura Maza dice:

      Tenía entendido que ambas variantes estaban admitidas… http://dle.rae.es/?id=X5bELf4

    3. Laura Maza dice:

      Tenía entendido que ambas variantes estaban admitidas… http://dle.rae.es/?id=X5bELf4

  2. lololol dice:

    Se echa de menos una referencia a los 100 millones en perdidas que parece que lleva. Fracaso en taquilla.

    1. Tanka dice:

      ¿Qué algo sea un fracaso en taquilla es sinónimo de ser malo?…

      1. jasa dice:

        En el 99% de los casos, sí.

      2. Hugh Canalus dice:

        En este caso, significa que nadie quería ver esta peli.

  3. Juan dice:

    Lo siento pero parece que el único argumento que se esgrime para verla es que los que la critican son medio tontos y que no hay que exigirle nada a una película que roba el título de la original intentando sustituirla en la memoria colectiva. Si fuese Cazafantasmas 3 no hubiese habido tantas malas críticas o no tan feroces, pero cuando te tocan los recuerdos de tu niñez… Espero que quemen las copias físicas de la película y todo el merchandising.

  4. Anchored dice:

    ¿¿Por "hembras"?? ¿Por qué no simplemente por mujeres?

    ¿¿Las primeras dos están protagonizadas por "machos"??

  5. Arioch dice:

    Muy mal el articulo.
    El problema de la película no son las protagonistas, el problema es que es mala y punto.
    El truco rastrero del director de decir que si no te gusta eres machista, no cuela ya.
    Si fuese el siglo XVII, hubiera dicho que los desafectos eran herejes.
    Y si fuese buena daría igual que los protagonistas fuesen hombres,mujeres o cabras.
    Como comenta lololol es un fracaso en taquilla merecido y no va a tener el mercado chino para salvar los muebles.
    Lo de posicionarse a favor de Hillary con un tweet el colmo del patetismo.
    Hasta el propio director renuncia a hacer más remakes, a ver si cunde el ejemplo.
    Más criticas sinceras, menos remakes y menos gansadas políticamente correctas.

  6. jasa dice:

    No sé por qué al pijofeminismo le ha dado por hacer casus belli de esta película pero lo único que están consiguiendo es echar para atrás a la gente que ya estaba indecisa. Como decía un amigo: hazme un favor y deja de ayudarme.

  7. Asmodeus dice:

    Bueno ya es oficial:
    https://www.quora.com/Is-the-2016-Ghostbusters-reboot-considered-a-flop

    Esa película que al principio del verano se llamaba Cazafantasmas a secas y ahora se llama “Ghostbusters: Answer the Call” porque no podemos mancillar con su fracaso el éxito de la original SE HA DADO LA HOSTIA.
    No es el mayor fracaso del cine, pero no parece que nadie querrá acordarse de ella en 5 años más que para cachondearse de las feministas (su única útilidad en realidad), tenían que haberla estrenado despues de ganar jillaryjlinton para que le pusiese una paguita.
    Las paguitas son el único módelo de exito feminista, triste depender de los hombres hasta ese punto.
    Pero bueno todos sabemos que si todos los hombres hacemos un día de huelga a la vez se acaba el mundo…

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Cazafantasmas

Año: 2016
Paul Feig dirige y co-escribe con Katie Dippold la versión protagonizada por hembras de los célebres cazadores de criaturas del Averno. Vuelve "Cazafantasmas".
Director: Dirección: Paul Feig
Guión: Guión: Katie Dippold y Paul Feig
Actores: Intérpretes: Kristen Wiig, Melissa McCarthy, Kate McKinnon, Leslie Jones, Neil Casey, Chris Hemsworth