CBGB: un hito en la escena underground neoyorquina de los 70

Hubo en Nueva York un pequeño garito que vio nacer y crecer a grandes grupos y a toda una escena underground. Más tarde vio pasar por él a bandas que ya eran mundialmente conocidas. Con los años acabó muriendo, al igual que muchos de sus locales vecinos, por la gentrificación. Hablamos del CBGB, el mítico local donde se dieron a conocer grupos como los Ramones y que sirvió de punto de encuentro de artistas durante una época turbulenta.

Durante la mayor parte de la década de los setenta ciertas partes de Manhattan se asemejaban más a una ciudad europea bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial que a la imagen que tenemos actualmente. Un clima de tensión venía dándose en Estados Unidos desde los años cincuenta con el inicio del Movimiento por los Derechos Civiles, que tuvo su momento álgido durante la década de los sesenta. Los primeros años de los setenta no representaron una mejoría a nivel político: la Guerra de Vietnam había desgastado la opinión pública sobre el gobierno, el embargo del petróleo del 73 supuso otra piedra en el camino del estadounidense medio, pero la gota que terminó de colmar el vaso fue el escándalo Watergate.

El inicio de la nueva década tampoco auguraba un futuro boyante para la isla de Manhattan, donde una desbandada de la clase media (y sus impuestos) a los nuevos barrios residenciales de las afueras había dejado un panorama desolador para las personas de bajos ingresos, que quedaron relegadas al olvido hasta por el mismísimo presidente Ford, negando la ayuda que el alcalde de Nueva York pedía a nivel federal para atajar un problema cada vez más difícil de resolver. Muchas partes de Manhattan parecían más un desierto que la ciudad cosmopolita que había sido. Un gran número de edificios quedaron abandonados y las drogas y la prostitución eran el pan de cada día.

Nueva York se percibía gris, melancólica y hastiada si se comparaba con la soleada y cálida California, donde Los Ángeles era el centro de la producción musical en su forma más conservadora y capitalista. Grupos que llenaban estadios presentaban un espectáculo ya no solo a nivel musical, sino también visual. Pero en la oscura Nueva York también había jóvenes que querían hacer música, que no tenían el virtuosismo de guitarristas como Jimmy Page o Jimi Hendrix, jóvenes que no se sentían representados por la música que sonaba en la radio, que simplemente querían volver al rock & roll sencillo e inmediato que habían escuchando durante su infancia. Pero, por muchas ganas que tuviesen, había un problema: ¿dónde iban a conseguirlo?

El local

Que Manhattan estuviese en un estado deplorable no significaba que no ocurriesen cosas interesantes a nivel cultural. Andy Warhol frecuentaba un local cerca de The Factory (en su segunda ubicación) llamado Max’s Kansas City. Pero su clientela también incluía los nombres de William Burroughs, Allen Ginsberg o Patti Smith. Además, acogió el primer concierto de The Velvet Underground y el debut de Aerosmith en Nueva York. A pesar de la afluencia de gente, el dueño se vio obligado a cerrar en 1974 porque su política de ofrecer consumiciones gratis a cambio de obras de arte lo llevó a la ruina. En 1975 reabriría sus puertas en manos de otro propietario, volviendo a dar cobijo a la escena contracultural neoyorquina.

Por otro lado, el Mercer Arts Center, que abrió en 1971, fue el lugar donde numerosos grupos de rock que no encajaban en las listas de éxitos pudieron darse a conocer, entre ellos los New York Dolls. Pero la vida de este espacio para las artes, aunque intensa, fue corta, ya que en agosto de 1973 el techo del edificio donde se encontraba se derrumbó, dejando sin hogar a muchos músicos emergentes que no tenían cabida en ninguna otra parte de Nueva York y que no disponían de dinero ni ganas para cruzar el país en busca del éxito en el estado dorado.

El 10 de diciembre de 1973, tan solo unos meses después del accidente del Mercer Arts Center, abría sus puertas en Bowery un local llamado CBGB, cuyo nombre lo conformaban las iniciales de los estilos musicales que el propietario quería que sonaran en su local: country, bluegrass y blues. Pero Hilly Kristal no tenía ni idea de que esa no era la música que iba a sonar allí, y menos aún que su local iba a ser la olla que contendría los ingredientes que darían lugar a un nuevo panorama musical, y con él a toda una nueva escena cultural que llegaría al otro lado del Atlántico, plantado una semilla que daría lugar a una corriente con identidad propia y diferenciada de la estadounidense.

La idea de Kristal era más bien la de ofrecer recitales de poesía, pero la oferta de que tocasen grupos de rock tampoco se la antojó mala; tan solo puso dos condiciones: que cada grupo llevase su equipo y que tocaran únicamente canciones originales, nada de covers. Puede que en esta segunda norma tuviese algo que ver el tema de los royalties, como declaró el hijo de Kristal tras su fallecimiento. En un principio, los artistas se llevaban el dinero de las entradas y el bar el de las consumiciones. Fue así como en 1974 el CBGB comenzó a presenciar los conciertos (hasta siete por noche) de incontables artistas hasta su cierre en 2006.

Los reyes del baile

En el verano del 74 cuatro chicos de Queens debutaron en el CBGB. Llevaban chupas de cuero, vaqueros, zapatillas y el pelo largo, con un flequillo que ocultaba su mirada. Tocaron por primera vez ante el público Blitzkrieg Bop en ese local con el suelo lleno de serrín y olor a pis. Hablamos, por supuesto, de los Ramones. Su música era algo nuevo pero a la vez no, tenían ese sonido sucio que empezaron a usar los grupos de garage rock y del que fueron herederos The Stooges y MC5 a muchos kilómetros de Nueva York, en Detroit.

Sus canciones eran frenéticas y cortas, con letras sencillas y ritmos pegadizos y simples, un sonido muy minimalista. No había solos en los que descansar del frenesí de los estribillos ni tiempo para encenderse un cigarro entre canción y canción. No había gestos grandilocuentes, artificialidad ni una pulida técnica instrumental; era rock & roll en su estado más primitivo, una vuelta a los orígenes tras varios años de virtuosismo. A esto, se le sumaba la naturalidad con la que actuaban sobre el escenario. Discutían sobre qué tema iban a tocar a continuación como si estuviesen ellos solos en el local de ensayo porque en el CBGB no estaban ante miles de personas, apenas cabían unas 350 (aunque llegaron a entrar más en fechas claves). Muchos de los que estaban entre el público eran otros grupos que también solían tocar allí. Podría decirse que estaban entre colegas.

¿Punk? ¿Eso qué es?

Estaba claro que lo que se hacía en el CBGB era algo diferente a lo que sonaba en la radio, y esa fue una de las razones por las que los grupos que tocaban allí, en un primer momento, no consiguieron contratos discográficos. Hilly Kristal empezó a denominarlo street rock en un intento de definir y diferenciar el rock que se hacía en su pequeño local del que se tocaba en el Madison Square Garden. Pero fue la prensa la que empleó por primera vez el término que acabaría acuñándose como definitivo. Hablamos de «punk», una palabra peyorativa que podría traducirse como «gamberro» entre otros calificativos aún menos bonitos. Entre los asiduos al CBGB se encontraban John Holmstrom y Legs McNeil, que se apropiaron del término y lo usaron como nombre para su nuevo fanzine, donde pretendían dar voz a la escena que estaban viviendo en primera persona y que era ignorada por los grandes medios o a la que solo se hacía referencia en forma de descalificativos. Decidieron tomar el término «punk» y hacerlo suyo para que no pudiesen seguir usando a modo de insulto.

Otro de los ingredientes más típicos y característicos del punk también se cocinó en el CBGB: su estética. Richard Hell, bajista de Television, Heartbreakers y The Voidoids (todos grupos hijos del CBGB), comenzó a usar ropa rota y remendada de forma extravagante, a la vez que usaba imperdibles a modo de complemento. En un viaje a Estados Unidos, Malcolm McLaren, mánager de los Sex Pistols, vio el estilo de Hell y le gustó tanto que se llevó unas cuentas ideas a Inglaterra, donde los punks londinenses lo elevaron al máximo exponente e hicieron de King’s Road una pasarela de moda punk, algo impensable en el ambiente conservador de Estados Unidos.

No todo era punk

Por el CBGB pasaban muchos grupos y no había restricciones en cuanto a qué tocar, era un lugar de experimentación. Aunque los Ramones llegaron a ser conocidos a posteriori como un grupo punk, ellos han declarado por activa y por pasiva que tan solo querían hacer rock & roll, que no pretendían ser innovadores, aunque sin querer acabaran siéndolo. Hubo, en cambio, otro grupo que sí era más consciente de su arte: The Talking Heads. Estaba formado por estudiantes de arte, por lo que era lógico que sus aspiraciones musicales se alejasen bastante de las de los chicos de Queens. Tocaron por primera vez en el CBGB teloneando a los Ramones y acabaron haciendo una gira conjunta por Europa donde funcionaban muy bien en el escenario, pero al bajarse de él las diferencias entre ambos grupos se hacían más notables. The Talking Heads pasó a forma parte de la New Wave, demostrando que el CBGB no fue simplemente la cuna de un estilo musical y que también fue el lugar donde grupos como Blondie tuvieron su primer contacto con el mundo real.

Patti Smith fue uno de los nombres más importantes en la historia del bar. Si bien ella no se formó en él, porque ya tenía una carrera, contribuyó a la fama del local hablando de él en un artículo del SoHo Weekly News y llevando a amigos suyos de la escena artística de la época, entre ellos William Burroughs. Sus amigos y conocidos pudieron verla tocar allí durante dos meses en la primavera de 1975 junto a Television. Además, fue ella la encargada de liderar el concierto de despedida que tuvo lugar el 15 de octubre de 2006.

Durante tres décadas actuaron grupos tan importantes como The Damned, The Police, Joan Jett & The Blackhearts, The Cramps, Misfits, Green Day, Sum 41 o los Guns N’ Roses. Los afortunados que podía ir con cierta frecuencia presenciaron una escena musical envidiable. El CBGB tuvo cabida porque la época en la que abrió los alquileres estaban por los suelos en Bowery ya que nadie quería vivir ni trabajar en un entorno tan peligroso. Con los años, la zona se fue revitalizando hasta el día de hoy, cuando la gentrificación hace imposible pagar un alquiler a no ser que seas una marca de ropa de renombre o la franquicia de alguna famosa cadena. Al cierre del CBGB le precedió un proceso judicial entre Hilly Kristal y el comité propietario del local con motivo del precio del alquiler. Aunque Kristal ganó el juicio, los dueños no renovaron el contrato de alquiler y la historia del local acabó oficialmente el día de Halloween de 2006. Hoy tan solo queda la página oficial, donde se pueden ver fotos y comprar ropa con el logo. Otro interesante archivo es el del fotógrafo GODLIS, que se encargó de inmortalizar muchos momentos de aquellas noches y que podemos ver en su página.

El CBGB no era un local con clase, era un antro con olor a pis, un escenario minúsculo y un espacio reducido donde los espectadores difícilmente podían estar cómodos si el local se llenaba. Pero era un sitio que tenía las puertas abiertas a todo tipo de personas que quisieran enseñar su arte. Fue un lugar donde el rock no le pertenecía a los grandes sellos discográficos ni a productores importantes (al menos durante unos años). Fue un sitio donde varios estilos de música convivieron y se retroalimentaron de la forma más natural y sana posible. En definitiva, fue el espacio donde se demostró que el rock, que la música en general, que el arte es de todos.

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