[Crítica] Adele: ’25’ – De cómo un solo disco puede cambiarlo todo (o no)

La última vez que Adele sacó un disco, rompió la radio, las tiendas de discos, las plataformas digitales y nuestros corazones. Para su último trabajo se ha codeado con una ristra de grandes nombres de la industria, y ya que vamos a escuchar muchas de sus canciones por todas partes en los próximos meses, será mejor que sepamos a lo que nos enfrentamos.

21 salió en 2011 y vendió 30 millones de copias, algo que ningún otro disco de este siglo ha conseguido hasta hoy. Cuatro años después, Adele vuelve con un marrón considerable: hazlo igual de bien o mejóralo. Ha cumplido los 27, ha tenido un hijo y se ha reconciliado con sus fantasmas del pasado. Según ha explicado en las entrevistas de presentación, “25 es un reencuentro conmigo misma y mi entorno”, una postal de alguien que no ves desde hace años. Dice Billboard que Columbia Records ha distribuído 3,6 millones de copias en Estados Unidos y que podría convertirse en el disco con más ventas en su primera semana de lanzamiento, derrotando a No Strings Attached de NSYNC (4,2 millones de ventas físicas en 2000). Joder, ¿hace ya 15 años de lo de NSYNC?

A estas alturas ya hemos escuchado Hello hasta en la sopa, y que Adele lo eligiera como primer single es lógico: balada, melodía vocal potente, crescendo, orquesta, aire vintage (incluso en el vídeo, dirigido por Xavier Dolan y el primero en usar cámaras IMAX)… El álbum sigue esa senda continuísta de principio a fin, con el piano como principal apoyo y su voz como la viga maestra del templo. En realidad, no importa el contenido de 25: es un éxito desde antes de gestarse. Pensábamos que utilizaría su influencia comercial para iniciar un camino aventurero, más experimental o, simplemente, para hacer lo que le apeteciera en su nueva etapa. En lugar de eso, Adele utiliza exactamente la misma fórmula que hizo explotar 21.

La madurez, el éxito masivo o la maternidad son temas difíciles de tratar para una artista a la que se le exige hablar de corazones rotos. Millones de personas llevan casi un lustro esperando su ración de temas lacrimógenos con los que proyectar sus miedos y problemas, y Adele no ha decepcionado. Si lo miramos desde ese prisma, ¿quién tiene cojones de embarcarse en otro sonido tras un éxito de 30 millones de copias físicas vendidas en los años del streaming? Por si fuera poco, 25 ha estado soportando el peso de todas las plataformas de música digital, que se han jugado dinero y relevancia esperando su decisión de incluir o no sus temas en ellas.

Es un disco bonito, delicado, empaquetado entre nuevas experiencias y que empuja ligeramente a Adele hacia otros frentes, personalmente y a nivel sonoro. A pesar de seguir la línea nostálgica de sus dos trabajos previos, hay algunos diamantes escondidos entre las baladas que ya conocíamos: Million years ago habla de una forma más cruda sobre amistades corrompidas, River Lea es puro góspel y I miss you muestra el lado más sexual de sus letras y el más EDM de su voz; las posibilidades podrían haber sido infinitas. Aunque predominen los tonos menores en este trabajo, es cierto que el sabor de boca general es el de un producto evolucionado: de centrarse en lo melancólico de una experiencia traumática a cantarle a las cosas buenas de la vida.

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En 2011, Adele se operó de un pólipo benigno y la recuperación le ha añadido alguna nota más a su registro, que en 25 se usa de una forma más amplia. Donde las divas suelen entregar florituras constantes, Adele entiende bien que menos es más y juega con cortes y silencios, dejando aire para disfrutar la música y el ambiente. Su equipo de estrellas ayuda a electrificar cada corte: Max Martin, Danger Mouse, Tobias Jesso Jr., Paul Epworth… Y todo ese conjunto de factores lo convierten en un álbum más primitivo, que acaricia otras emociones pero que sigue centrándose en la catástrofe sentimental.

“We’ve been here before”, canta. Y la verdad es que sí. Todo nos resulta familiar, y los matices evolutivos no son suficientes para hablar de 25 como un disco sobresaliente. Sus canciones no son en ningún momento malas, pero la mayoría de ellas podrían pasar inadvertidas si no fuera por su voz, y esa relativa mediocridad no es digna de una artista que nos remueve tanto por dentro. Apreciamos el paso adelante y comprendemos el contexto cambiante y agobiante que le ha acompañado, pero le habría sentado mucho mejor una pequeña carrera: más variedad, más flexibilidad, más libertad para una artista que podría hacer lo que le diera la gana. Esta es una sobredosis de pasado para alguien que ha decidido cantarle a lo más brillante del presente.

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25

Cada cierto tiempo aparece un álbum que es un éxito desde mucho antes de crearse. Te echábamos de menos, Adele.
Artista: Adele
Sello: XL Recordings/Columbia