[Crítica] Andrés Calamaro – ‘Romaphonic Sessions’: Calamaro Revisitado 16

El nuevo LP de Andrés Calamaro, The Romaphonic Sessions, una revuelta encontrada y a piano sobre sus composiciones, funciona en dos niveles: como demostración de que su cancionero ya forma parte del folclore (se desdobla, se contrae, se loquequiera) mundial y como otra prueba más de que es libre, de que solo le importa lo importante.

GALILEO GALILEI: ¿Y se movió acaso el Sol?
ANDREA: No.
GALILEO GALILEI: ¿Quién se movió?
ANDREA: Yo.
GALILEO GALILEI (ruge): ¡Mal! ¡Idiota! ¡La  silla!
Vida de Galileo, Bertolt Bretcht

Miguel Ríos cantaba en los setenta para el año 2000, “Nacen cronistas, brujos y santos/ y alucinan con lo que vendrá”. En el 2000, Andrés Calamaro firmó un quíntuple disco postmoderno que batallaba desde dentro contra el postmodernismo para putear a la vacuidad, es decir, para desmontar semejante patraña que se disfrazaba de intelectualidad. Más allá de semejante demostración de arma masiva postmoderna contra el postmodernismo, El salmón fue una prueba materialista de algo que no sabríamos lo que sería hasta mucho tiempo después. Alucinaríamos con lo que vendría, repito, cantaba Miguel Ríos. En cambio, no llegaron skates voladores, la teletransportación o los robots megainteligentes. El mundo en el año dos mil seguía siendo una mierda frita, solo nos quedaba alucinar con cosas como El Salmón y sus cinco cedés. Solo nos quedaba alucinar con el arte y no con la tecnología. Ese artefacto artístico sería el libreto que levantaría Calamaro contra lo que se iba a venir (y lo malinterpretaron); lo que levantaba Bertolt Bretcht a mediados del XX a través de un niño y Galileo y una silla (y lo malinterpretaron).

Calamaro levantaba sus cinco discos: “haced lo que queráis con ellos, y perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacer cuando les digo ‘haced lo que queráis con ellos’”. Remezclad el quíntuple disco, son los cinco vuestros y sus cientos de canciones, y aún no existe Spotify pero os estoy avisando de un mundo sin LPs, shuffle todo él, y lo malinterpretaron. Una belleza quíntuple y deconstruible antes de la música masiva en singles por Internet. Nadie lo entendió porque Andrés está obligado a que no le entiendan. Ejemplos: Calamaro pasó desapercibido con uno de los mejores discos de los últimos años, Bohemio (2013), pero lo maravilloso es que también le ocurrió con uno de sus primeros, Honestidad brutal (1999). Él se revelaba rebelado en redes sociales, y lee y contesta sin desesperarse y sin yoga o con mate, y compra el periódico todos los días, que es otro acto de rebeldía.

Calamaro comanda un barco que siempre parece que está por llegar a puerto, contra las olas, y nunca llega, porque eso es lo interesante del viaje. No llegar pero seguir. Y eso que de vez en cuando le da apuro el traje de capitán, en discos aparentemente menores como este Romaphonic Sessions. Uno lee los comentarios de la contraportada del vinilo y pareciese que los que los escribieron le pidiesen perdón a Fernando Trueba por The Romaphonic Sessions. Ponedlo en el tocadiscos y escuchad el piano de Germán Wiedemer con el que Andrés juega a algo que Dylan conoce bien porque existen Good as I been to you (1992) o el espléndido World gone wrong (1993). Trastoca el folclore (Nueva zambia para mi tierra de Nebbia o Garúa de Troilo y Cadícamo) y, a un tiempo, porque es lo mismo, reinvindica su cancionero (Paloma o Los aviones) como parte moldeable, candente, intempestiva, de la inmensa tradición rítmica latinoamericana.

Calamaro tiene una virtud y una responsabilidad que casi no le abarca. Una virtud que casi no abarca a nadie, cojones, putos héroes locos como él o Santiago Auserón o Kiko Veneno o Warren Zevon o Jackson Browne o Atahualpa Yupanqui o Pete Seeger. Calamaro es capaz de ser folclore de todos los continentes que albergan a su lenguaje: rock, blues, cumbia, rap, tango, y la madre que lo parió. Wittgenstein y su frase: «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo«. Y va Andrés y se vuelve loco, porque los idiotas postmodernos le tratan como tal, con esta tolerancia despreciable, y va Andrés y sigue ampliando los límites de su lenguaje, que es su música y, de pronto, su mundo se hace inabarcable y se adapta a la desnudez de las Romaphonic Sessions, a Bohemio, a un dueto con Juan Gabriel o con El Langui, a una versión de Billy Preston o a repensar en el ABC qué cojones nos pasa por la cabeza cuando equiparamos a un toro al torero.

En dos días grabó Andrés The Romaphonic Sessions, como también hicieron los Beatles con su primer disco; o Little Richard; o Chuck Berry y sus berraquerías gordas, paso del pato incluido. En dos días grabó Andrés Calamaro la tercera parte de Grabaciones Encontradas, que es mucho más tiempo que la mejor faena de José Tomás aunque mucho menos de lo que parece que le ha llevado este producir este LP.

Calamaro se levanta, media verónica en el horizonte, aguanta el piano de Germán Wiedemer y Andrés recita un atrevimiento más de su espléndido The Romaphonic Sessions: «mi corazón una mentira pide. Una verdad en la que un determinado mundo infantiloide, de consumo, postmoderno, animalista imbécil y de izquierda papanatas vive instalado, y ya ni hablo de la(s) derecha(s), como si fuese el chiquillo que creía que era él quien se movía alrededor del Sol y no la silla, es decir, la Tierra, la que lo hacía. Lo peor es que, al menos, ese niño escuchaba a Galileo: pareciese como si el mundo actual, hiperreflexivo e individualista, solo se escuchase a si mismo y ahí no cabe ninguna música.

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6 comentarios

  1. sergio dice:

    gran texto, aunque no comparto algunas afirmaciones (quizás las más elogiosas de sus últimas obras), pero aun así admito la defensa y sus motivos. celebro lógicamente el recuerdo a aquellos años de composiciones de sangre y polvo blanco, qué rebeldía, qué cojones. me permito recrearme en aquellas canciones con unas líneas más: http://elcadillacnegro.com/2016/03/04/honestidad-brutalel-salmon-140-canciones-de-sangre-y-polvo-blanco/

  2. sergio dice:

    a pesar de no coincidir en exceso con algunas ideas, me ha encantado el texto, bien expuesto y defendido, sí señor. me quedo no obstante con las alusiones a los días de excesos, sangre y polvo blanco, que me permito recordar en otras líneas más, porque "honestidad brutal" y "el salmón" bien se ganaron el derecho a volver a ellos cada cierto tiempo: http://goo.gl/PlnuZg

  3. Ricardo dice:

    Creación musical es expresión humana; cuando los músicos de jazz tocan por enésima vez el mismo estándar de Monk … Caramba! Es la música en estado puro. Los músicos interpretes -que no pintamos cuadros- tenemos que tocar y cantar inspirados cada vez, y así entiendo yo la música; y así la entienden los maestros (espejos donde nos miramos), y eso transmito a mis compañeros. Cada concierto es una oportunidad de interpretar creando, la razón es conquistar buenas sensaciones en el escenario, cantar inspirados y gustar gustándonos; así tocaron anoche Jerry Gonzalez y Kirk Lighsey y Javier Colina. ¿Acaso alguien les exigió estrenar una canción? Ocurre que aquellos que sabemos que esperar de la música presumimos de conocer que cada centímetro de atmosfera encierra un segundo de música nueva, aunque los cantores no estrenen canciones todos los días, como ocurre con los mas versados en versos, nombrarlos me abstengo, pero piense usted en el mejor letrista y verá que esta dibujando en su casa sus ricos garabatos. En este día gris despedimos algo pronto a Manolo Tena, contrastado autor de canciones de la España de los últimos treinta años. ¿Alguien piensa reclamarle porque su gran disco cumplió veinte años hace un tiempo ya? Es que hay que fumarse a los conservadores (papanatas) de la música, y estos llegan ejerciendo de una torpeza que no merece la música que pretenden ni reclaman. Los buenos discos se grabaron entre 1949 y 1959 y nadie va llorando en los rincones por la música que se celebra todos los días. Quien se lamenta en los días grises sin Manolo que firmo su Sangre Española cuando Los Rodríguez diéramos nuestros primeros hurras es un amargado inexperto que puede abstenerse. Servidor sigue creando, aunque también escribiendo (será que esta usted leyendo); también escribo canciones pero para un formidable director de cine que quiere estrenar conmigo, y no me falla el instinto por si era instinto, a falta de una canción se llevo dos … Servidor escribe para Javier Corcovado con B … Y su inexplicable Canción de un Día que también tiene explicaciones. Ahora resulta que los cantores queremos escribir libros porque las canciones nos quedaban grandes, y mi ultimo disco es tan adulto (por no llamarle viejo) que quizás cumpla este año las cuatro primaveras, a esa edad apenas si sabemos escribir apenas. Las canciones vuelven a nacer cada vez que las cantamos, y las mías (tal vez) sigan esperando los oyentes que se merecen. Lo dicho: salen a la búsqueda de orejas merecidas en un mes apenas. A la cancha … Mientras tanto los libros siguen esperando dignos lectores para sus paginas de a cientos. No tengas prisa por vender la piel del oso si no puedes depilarlo primero. Que el rio no esta seco. Cuando las gallinas se aburran de cacarear, uno va a poner los huevos en la canasta, o sobre la mesa. Lo quehacemos siempre. Como hacemos siempre.

  4. Ricardo dice:

    Como si tu Cadillac Negro insatisfecho le llegara a los talones a una canción de los discos que vas lamentando por los rincones … Lo que hay que leer!

  5. Oscar Jalil dice:

    Bajo el cielo libre del catálogo Grabaciones Encontradas y la convicción del intérprete, Romaphonic Sessions surgió de los ensayos en pos de un nuevo repertorio de clásicos propios y ajenos para abrir el concierto de Bob Dylan en San Sebastián. Esos borradores, registrados durante dos jornadas en mayo de 2015 junto al pianista Germán Wiedemer, empezaron a imponerse por prepotencia emocional y terminaron en un disco que no recopila outtakes ni rarezas. Aquí Andrés Calamaro crea su propia selección de canciones para voz y piano. Wiedemer juega como traductor y sostén del cantor lanzado al límite de sus posibilidades vocales, en sus arreglos trabaja el detalle en donde conviven Bill Evans, Horacio Salgan y Burt Bacharch. Pero sin duda, el tono resquebrajado de Calamaro es la llave de entrada y salida hacia la tradición que iguala a Gardel y Masliah, rescata a los poetas del tango y explica la identidad en la belleza de "Nueva zamba para mi tierra" (Nebbia). Y como sucedió con "El cantante", de Rubén Blades, "Milonga del trovador" (Piazzolla-Ferrer) representa la nueva apropiación que encaja perfectamente con la estampa bohemia del hombre Salmón. "Mi casa es donde canto porque aprendí a escuchar la voz de Dios que afina en cualquier lugar", dice la letra.

  6. Oscar Jalil dice:

    Bajo el cielo libre del catálogo Grabaciones Encontradas y la convicción del intérprete, Romaphonic Sessions surgió de los ensayos en pos de un nuevo repertorio de clásicos propios y ajenos para abrir el concierto de Bob Dylan en San Sebastián. Esos borradores, registrados durante dos jornadas en mayo de 2015 junto al pianista Germán Wiedemer, empezaron a imponerse por prepotencia emocional y terminaron en un disco que no recopila outtakes ni rarezas. Aquí Andrés Calamaro crea su propia selección de canciones para voz y piano. Wiedemer juega como traductor y sostén del cantor lanzado al límite de sus posibilidades vocales, en sus arreglos trabaja el detalle en donde conviven Bill Evans, Horacio Salgan y Burt Bacharch. Pero sin duda, el tono resquebrajado de Calamaro es la llave de entrada y salida hacia la tradición que iguala a Gardel y Masliah, rescata a los poetas del tango y explica la identidad en la belleza de "Nueva zamba para mi tierra" (Nebbia). Y como sucedió con "El cantante", de Rubén Blades, "Milonga del trovador" (Piazzolla-Ferrer) representa la nueva apropiación que encaja perfectamente con la estampa bohemia del hombre Salmón. "Mi casa es donde canto porque aprendí a escuchar la voz de Dios que afina en cualquier lugar", dice la letra.

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Romaphonic Sessions

Año: 2016
El nuevo LP de Andrés Calamaro, The Romaphonic Sessions, una revuelta encontrada y a piano sobre sus composiciones, funciona en dos niveles: como demostración de que su cancionero ya forma parte del folclore mundial y como otra prueba más de que es libre, de que solo le importa lo importante.
Artista: Andrés Calamaro
Sello: WM Spain