[Crítica] ‘B-Movie: Lust & Sound In West Berlin’: La ciudad a la que iban los locos

Ahora es la capital de Europa, pero los 80 era una ciudad dividida, llena de miseria y de artistas con un tornillo flojo: la película de Mark Reeder deja testimonio de unos años en los que Nick Cave, Blixa Bargeld y otros dementes paseaban a la sombra del Muro.

Berlín se ha convertido en la tercera ciudad más visitada de Europa: casi 14 millones de turistas han pisado la capital alemana en la primera mitad de año y parece cuestión de tiempo que la puerta de Brandeburgo sea tan fotografiada como la Torre Eiffel o el Big Ben. En cuanto asoman los primeros rayos de sol, miles de turistas atestan las calles de la capital alemana, y buena parte lo hacen atraídos por la permisividad y oferta casi ilimitada de ocio que ofrece la ciudad (para que el lector se haga una idea, en una misma semana coincidirán en la ciudad los conciertos de Joanna Newsom y Julia Holter, algo que en España sería impensable, pero que aquí sucede con frecuencia). Este flujo de visitantes se inauguró en 1989: con la caída del Muro, la ciudad se convirtió en una tierra de nadie en la que todo era posible: búnkers y fábricas abandonadas reconvertidas en clubs, okupación tolerada por las autoridades y la sensación de que todo era posible. No era la primera vez que Berlín seducía a visitantes de todo el mundo: durante la República de Weimar la ciudad atrajo a a personajes tan dispares como Aleister Crowley o Christopher Isherwood. Pero hubo un tiempo en que sólo los locos querían ir a Berlín.

Berlín, 1961. El muro no sólo divide físicamente una ciudad, sino que además convierte a Berlín Occidental en una isla dentro de la RDA. Es evidente que la República Federal no va a ceder su parte, pero tampoco va a invertir en el desarrollo de una ciudad desconectada del resto de la Bundesrepublik. Mientras la industria se desarrolla en Baviera, Frankfurt se convierte en la capital financiera, Bonn en la sede política y Colonia en el imán de los medios de comunicación, Berlín Occidental sigue cayéndose a pedazos. No hay industria, no hay trabajo, y buena parte de los edificios siguen siendo las ruinas que quedaron tras la guerra. Debido a su estatus de ciudad dentro de otro país, allí no se hacía la mili, así que muchos alemanes de la RFA se mudaban a la ciudad en cuanto terminaban el instituto para librarse del servicio militar. Si a eso sumamos la permisividad con el movimiento okupa y la existencia de la Universidad Libre, es fácil entender cómo se forjó la identidad de la ciudad.

A ese Berlín caótico, ruinoso y febril es al que llegó el músico y productor Mark Reeder en 1978, obsesionado con la escena musical alemana… y los uniformes. Es ahí cuando comenzó a fraguarse  B-Movie: Lust & Sound in West Berlin, un documental que toma el pulso a la ciudad entre 1979 y 1989 y por la que desfilan Nick Cave, Blixa Bargeld (Einsturzende Neubauten, a los que puedes escuchar en la playlist canina de la semana) , Christiane F. y Gudrun Gut (Malaria!) entre muchos otros. Reeder no tardó en sumergirse en una escena artística en la que todo valía y todo estaba aún por hacer, y lo hizo con algo que hoy día sería imposible: armado con una cámara con la que iba grabando cada concierto, cada juerga, cada exposición y cada rincón de la ciudad. A día de hoy, tratar de hacer una foto garantiza la salida inmediata de cualquier club por la puerta trasera, pero entonces, tal vez porque no había redes sociales en las que etiquetar a nadie, Reeder pudo sacar su cámara en sitios tan inverosímiles como el piso de Nick Cave, la sala SO36, locales de ensayo y hasta la galería de arte en la que Blixa Bargeld hacía sus primeros experimentos.

Hasta ahí, podríamos estar ante la típica cinta documental cargada de más o menos nostalgia, pero el acierto de Reeder es superar la tentación de ceñirse a su círculo de amigos, por muy conocidos, o artistas que fueran. El británico va más allá, y se esfuerza por mostrar la cara menos hedonista de la ciudad: la de las protestas violentas, los desalojos o la burocracia para cruzar la frontera (y a la que Bargeld se niega a someterse porque según él, ya lleva años en el otro lado).

B-Movie termina con la caída del Muro y la primera Love Parade (que nació con un espíritu reivindicativo que se trató de recuperar este año pero que quedó convertido en una open air más)  y con Reeder, como tantos de los protagonistas de la cinta, haciendo las maletas. “Se acabó lo que se daba, lo mejor ya ha pasado y tú no estabas aquí”, parece decirnos el director. Exactamente lo mismo que te dirá cualquier persona que lleve viviendo en la ciudad más tiempo que tú, aunque sólo sea un par de años más. Pero que nadie os engañe: Berlín no vive de la nostalgia.

 

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B-Movie: Lust & Sound In West Berlin

Drogas, moda, música industrial y la Puerta de Brandenburgo: una crónica de la escena 'underground' en el Berlín Occidental de los 80.
Director: Directores: J. A. Hoope, Heiko Lange, Klaus Maeck
Guión: Guion: Mark Reeder
Actores: Reparto: Mark Reeder, Nick Cave, Blixa Bargeld, Gudrun Gut