[Crítica] Blink-182: ‘California’ – La fórmula de la resurrección

El momento de las dudas ha acabado. El escepticismo con el que se recibía el nuevo trabajo de los renovados Blink 182, Mark Hoppus, Matt Skiba y Travis Barker, se ha saldado con una vuelta a la melodía, la energía de las guitarras y la pegada de batería. Juego sobre seguro de los creadores de un sonido mil veces imitado, que vuelven para que a nadie se le olvide por qué fueron los más grandes en aquello del pop punk.

No lo tenía fácil Blink-182 con su octavo disco. La sustitución de una de las fuerzas creativas más potentes del grupo, Tom DeLonge, con una de las voces más reconocibles del punk melódico, Matt Skibba de Alkaline Trio, era una jugada arriesgada frente a escépticos y puristas del sonido del grupo. Es posible que algunos nostálgicos de la inconfundible voz del guitarrista o sus característicos punteos no se traguen que esto sigue siendo Blink-182. Puede que tengan razón y esto no sea más que un supergrupo formado a base de retales de dos bandas diferentes que nunca debiera haberse llamado así. Pero no aceptar que los grupos cambian, evolucionan y varían de formación es propio de un inmovilismo que nadie se plantearía al escuchar, por ejemplo, The Wall (1979), fruto de sólo una de las partes pensantes de Pink Floyd. No, desde luego que California no es ninguna obra maestra, o un punto y aparte, pero sí una agradable sorpresa y la confirmación de que los máximos renovadores del estilo, ya hace quince años, aún tienen algo relevante que decir.

La obvia vuelta a los orígenes es más bien una huída de los experimentos de dance alienígena e introducciones atmosféricas de dos minutos de Neighborhoods (2011) para retomar la senda de su impactante Take off your Pants and Jacket (2001), mientras resumen todo lo que sus imitadores han estado haciendo durante los últimos quince años para, de paso, dar algunas lecciones de cómo se hace. El uso y abuso de la fórmula ha modificado el concepto hasta llegar a las versiones precisas y limpias de boybands como One Direction y, sobre todo, 5 Seconds of Summer. No es casualidad que cuenten con el productor de estos últimos, y alguno de los ououós y nananás de sus discos hayan acabado en los temas de este California. Pero ojo, detrás de la mesa de mezclas de esos grupos está John Feldmann, cantante de Goldfinger, una de las bandas de punk californiano con sonido más aplastante en los 2000, y se nota que conoce hasta dónde puede llegar la banda de Mark Hoppus.

Entre los dieciséis cortes del disco, Build this Pool y Brohemian Rapsody son bromillas de medio minuto, pero es difícil desechar alguno de los restantes. El inicio del disco, Cynical, es un cañón, toda una declaración de intenciones de lo que va a venir, además de un duro ataque hacia el miembro huído. El single Bored to Death es el ejemplo perfecto de la visión melódica de Hoppus, con dejes de su proyecto en solitario, +44. Un buen single, pero también un ejemplo claro del mayor problema del disco: a veces la producción es tan pulcra que la reverb de las voces las hacen indistinguibles entre una y otra, aunque las armonías de los coros son irresistibles. El nuevo estilo se hace fuerte cuando la carismática voz del guitarrista de Alkaline Trio se integra en el proyecto y lo convierte en un híbrido de ambos grupos, especialmente en temas donde su aportación tiene peso: Teenage Satellites, No Future, Left Alone, San Diego o su sentida aparición en la bonita balada Home is Such a Lonely Place. Con todo, los momentos más memorables del disco tienen el sello de las mejores épocas del grupo. Es imposible no rendirse a la vitalidad y melodías que desprenden bombas como She’s Out her Mind, Kings of the Weekend o Rabbit Hole.

Hay soluciones de estructura y repeticiones en las que se notan las prisas en hacer algo para contentar a todo el mundo. Quizá en una primera escucha, esta vuelta a lo inmediato parezca un ejercicio vacío que apela a la nostalgia, pero a medida que el disco vuelve a reproducirse, el hambre de ofrecer algo más allá que agradar al fan se hace patente. No deja de ser el trabajo de uno de los mejores y más personales baterías del mundo del rock junto a compositores que, en su día, cambiaron las reglas del juego. Si hay algo, a pesar de todo, que no han conseguido traer de vuelta es la brillantez de las letras que les llevaron a los altares de la radiofórmula con What’s my age again, pero al menos, la madurez de los temas mantiene cierta dignidad en la propuesta y el resultado, lleno de fuerza y ganas, hace que su nombre siga siendo referencia para el punk rock melódico, cuya actual segunda juventud nació gracias a que las bandas para adolescentes de hoy siguen utilizando fórmulas de ayer. La fórmula Blink-182.

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California

Año: 2016
Tras tres trabajos de estudio alejados de lo que mejor saben hacer, la banda de San Diego regresa con nueva formación y una colección de temas que conforman una de las mayores sorpresas del año.
Artista: Blink 182
Sello: Edita: BMG