[Crítica] ‘Calle Cloverfield 10’ – Cloverfield 10 – Humanidad 0

Calle Cloverfield 10 está planteando un desafío a la hora de ser analizada: no solo es complicada de diseccionar sin arruinar la diversión al espectador potencial, sino que parece una de esas películas  que funcionan con un mecanismo tan misterioso que parece que su recuerdo va a quedar arruinado si se hurga en él con demasiada saña. Quizás por eso, junto a alguna respuesta entusiasmada hay mucha reacción agria y desencantada ante lo que ya ha recibido el sambenito de "otro producto prefabricado Abrams".

Estoy leyendo durante estos días textos durísimos de críticos despistados ante la propuesta de Calle Cloverfield 10 (todo hay que decirlo: la crítica patria nunca ha estado muy finaa analizando los resortes del cine comercial, pero con esta se están enfangando de modo espectacular) a dos aspectos fundamentales de la película. Primero: poniendo pegas al monstruo de la película, normalmente levantando la ceja ante la condición de la película de pseudosecuela de la fabulosa Monstruoso (2008). Segundo: buscándole las cosquillas a la mecánica de gente-que-no-se-lleva-del-todo-bien-confinados-en-un-espacio-ridículo.

Ante lo primero, hace tiempo que el espectador medio solo babea ante franquicias derivativas. Las películas se valoran casi exclusivamente en lo que se parecen a la entrega anterior, a una película de ciencia-ficción barata de los setenta, al tebeo en el que se basan (el nuevo canon: los tebeos, y si son de los noventa, miel sobre hojuelas). Un concepto que en otra época no habría tenido mayor importancia y que tiene larga tradición en la ciencia-ficción (reciclar de forma casi casual un nombre familiar para plantear una atmósfera, un universo), hoy se convierte en un problema grave. (Inciso: luego nos damos mucha prisita en reivindicar Halloween III -1982- y su condición de secuela libérrima, estrafalaria y a las bravas, ¿eh?).

Pero sobre todo, esta actitud deja bien a la vista que no se ha entendido demasiado bien cuál es el autentico monstruo de la película (y eso que el slogan es «Los monstruos tienen muchas formas«, le falta hacer un cuadro sinóptico a la pobre peli). Como en las películas tradicionales de monstruos e invasiones (y Monstruoso lo era: un romance roto con gusarapo descomunal al fondo), las criaturas sobrenaturales sirven cómo réplica, reflejo, metáfora o discusión de lo que les pasa a los humanos. Y aquí lo que les pasa es que el monstruo está entre ellos: John Goodman, como explica perfectamente Noel Ceballos en su texto sobre la película para GQ, es una suma perfecta de diversos paranoicos que se ven enfrentados a amenazas extraterrestres, con hitos muy reconocibles en el apologeta de los búnkers de La guerra de los mundos (1898), tanto en su versión literaria como en la cinematográfica de Spielberg en 2005. El personaje de Goodman es el gran hallazgo de una película que mira a una monstruosidad -nada paradójicamente- subterránea, escondida dentro de cada uno de nosotros.

El segundo dardo que se está lanzando contra la película es que su argumento no funciona como película de gente encerrada, debido a la indefinición de los personajes y a algunos comportamientos poco coherentes. Calle Cloverfield 10 es, sin embargo y bajo nuestro punto de vista, justo lo contrario: usa la escenografía para definir a los personajes, y el búnker se convierte en un espacio muy valioso. Esto se refleja especialmente en las secuencias aparentemente cotidianas, como el juego de adivinar películas lleno de subtextos y traumas y la presentación del bidón, su contenido y el subsiguiente estallido de tensión, una escena que empieza como afable y cotidiana y acaba desencadenando una hostilidad terrible. Pero no es todo: el guion está lleno de sutilezas, como el uso inicial del portasueros, que tiene un reflejo posterior en la trama (y así montones de objetos que son mucho más que atrezzo), o los increíbles compases mudos iniciales, entremezclados con los créditos y rodados con gran elegancia.

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Es casi imposible que una película construida como una escalera de caracol ascendente, como lo son siempre las películas de habitaciones cerradas satisfaga al espectador por completo. Me atrevería a decir que solo La cosa (1982) lo consiguió y, como sabemos, no estamos hablando de precisamente cualquier final de película, sino de ese final. Por supuesto que Calle Cloverfield 10 trastabilla en sus compases finales, y lo cierto es que el guion previsto originariamente, antes de la adscripción de la película a la franquicia Cloverfield, era algo más coherente -si bien más conservador, incluso políticamente-. Pero el cambio de tono hacia una conclusión algo apresurada no empaña lo más mínimo un ejercicio de suspense de mecanismo engrasado e impecable, y uno que abre la puerta hacia una franquicia que particularmente espero que funcione así: Cloverfield, películas tremebundas con un bicho si eso, o no.

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10 Cloverfield Lane

Año: 2016
Un soberbio ejercicio de suspense y claustrofobia al que no afecta lo más mínimo un final algo apresurado y que -por suerte- solo vincula la película nominalmente con 'Monstruoso'
Director: Director: Dan Tratchenberg
Guión: Guión: Josh Campbell, Matthew Stuecken, Damien Chazelle
Actores: John Goodman, Mary Elizabeth Winstead, John Gallagher Jr.