[Crítica] ‘Ciclonopedia’ – Terror sagrado contra el terror

Una joven estadounidense viaja a Estambul para encontrarse con un misterioso personaje al que ha contactado por internet. El susodicho no comparecerá, pero en el hotel, debajo de la cama, la protagonista hallará una caja conteniendo una serie de objetos, entre ellos un manuscrito de un tal Reza Negarestani titulado Ciclonopedia, que a su vez merodea y glosa en sus páginas textos como Desfigurando la antigua Persia, tratado de un tal doctor Hamid Parsani, antiguo profesor de la universidad de Teherán, arqueólogo, investigador de colapsos oculturales (con “o” de ocultismo) mesopotámicos y especialista en Oriente Medio y matemáticas arcaicas.

Se abre ahí la presa de contención y pasa a desbordarse una novela informe y múltiple, un magma invasivo y arrasador que puede llegar a embriagar al lector de ficciones terroríficas, siempre y cuando este acepte el desafío de una prosa espesa como la pez.

Ciclonopedia es literatura rayana con el galimatías. Casi una parodia, suponiendo que la requiriera, del lenguaje académico, al que el lector voluntarioso deberá asentir como se asiente a los locos, cautelarmente. En su novela, Reza Negarestani, iraní residente en Los Angeles, recoge y pretende certificar las últimas hipersticiones de nuestra era, esto es: la incorporación definitiva a la realidad de supersticiones, representaciones y supuestos narrativos y de ficción, y en ello constatar el advenimiento o, mejor dicho, la insurgencia ya en marcha de las fuerzas primordiales que, como bien sabe todo lovecraftiano, nos gobiernan desde la noche de los tiempos.

La sinopsis del libro es imposible, pero podemos intentarla entendiendo la Tierra como máquina eminentemente diseñada para secretar petróleo, sustancia que a su vez sería un lubricante supremo, el “cadáver negro del Sol” y una forma de conciencia. El caos reptante, en resumidas cuentas, y un vehículo para narraciones épicas en torno a la militarización islamista y la guerra como deidad anterior al hombre. A ese respecto Negarestani nos recuerda que, según la teoría clásica de los combustibles sólidos, la formación del petróleo como entidad telúrica se explica por unas condiciones de presión y calor muy elevados, falta de oxígeno, estratificación de materiales y aislamiento absoluto, “es decir, el típico caso edípico freudiano”. El humor, como vemos, también está presente en las páginas de Ciclonopedia, que a la vez no pueden ser más graves en sus axiomas: “Tras su formación en el eón Hádico, el petróleo desarrolló una conciencia satánica”.

Ciclonopedia arranca con un brío entre Easton Ellis y Assayas, con apetecibles rasgos de petardeo, para pronto pasar a embarrarse en su propia naturaleza híbrida, entre la novela y el ensayo alucinado, a partir de nociones de filosofía zoroástrica, arqueología bacteriana, petropaleología, numerología, antropología extrema, geopolítica, táctica y estrategia bélica, ingeniería cósmica, demonología y otras disciplinas. Rondarán sus páginas ilustres como Deleuze, Guattari o el árabe loco Abdul Alhazred (el Necronomicón es descrito como “una obra maestra sobre la blasfemia cosmodrómica y el realismo de apertura”), ambientan el texto la música de Lupus in Fabula, se deslizan menciones un poco por la patilla a la literatura de Dean R. Koontz, al cine casi siempre infame de Claire Denis, al de E. Elias Merhige e incluso se hace parada y fonda en La cosa de John Carpenter como amplificación del universo lovecraftiano, y de ella se dice, en una de las agudezas del libro, que la película aborda la doctrina islámica de la Taqiyya, que denomina la contaminación al individuo de una colectividad en expansión y designa, según la Wikipedia, “el acto de disimular las creencias religiosas propias cuando uno teme por su vida, las de sus familiares o por la preservación de la fe”.

El autor de Ciclonopedia, Reza Negarestani

El autor de Ciclonopedia, Reza Negarestani

Aparte las referencias pop, los mitemas y conceptos aislados emergen con un poderío innegable, como ese pacto anómalo entre el Sol y la Tierra definido en una entidad insidiosa intraterrestre: un huevo negro incubado en el núcleo. Un insider que en conciliábulo con el astro crepitador pondrá en juego la “Blasfemia Telúrica” que habría despertado a Oriente Medio como entidad sentiente. Más: el polvo como unidad de información, como suelo ilusorio o Estado fantasma. El desierto, por tanto, como organismo autónomo y Pazuzu, el demonio del viento y la epidemia sumero-asiria, del que recordamos su intervención estelar en El exorcista de Friedkin y Peter Blatty, como agente que se alimenta de arena y esparce los dogmas: tecnocapitalismo, terror contra el terror, Estados Unidos como colaborador obsesivo en la expansión de la yihad…

Lo chistoso del asunto es que sea la parte ensayística de Ciclonopedia, que supone el 99% del texto, la que se presente como ficción desde el momento en que la novela se acoge al recurso clásico del manuscrito encontrado. Y es también esa opción la que ciñe el libro a un desarrollo alejado de la fabulación. Si alguien hiciera la película de este libro sólo podría ser o un Frank Henenlotter puesto de calisay o el Werner Herzog documentalista que registra mares de crudo en Irak.

Ciclonopedia, en fin, contiene pasajes de una enorme lucidez, anotaciones del autor que, al tiempo que hablan de la narrativa ctónica del planeta, excusan una escritura críptica y advierten durante la lectura sobre las intenciones o tal vez minusvalías del texto: “Las pistas o los indicios son los agujeros más persistentes de la trama; pueden incluso perdurar después de que una historia haya desaparecido”. Estos episodios se mezclan con otros de auténtica literatura manicomial que en sus mejores momentos se desperezan en escenas de fabulosa belleza, como cuando se habla de las ratas como unidades imprescindibles para la exhumación, agentes dotados de la triple función de vuelo, desplazamiento y función de cola, comisionados por la naturaleza para la perforación de superficies y estructuras sólidas: “Nada hay más políticamente oscuro que el juego entre la cabeza y la cola de una rata”.

El autor de Ciclonopedia, Reza Negarestani

Reza Negarestani explicándolo todo

El trabajo de Negarestani se integra en el llamado Realismo Especulativo en el que faenan otros autores como el Eugene Thacker que fue primera referencia de la editorial Materia Oscura (En el polvo de este planeta). La corriente, de querencia nihilista y modales seudo filosóficos, camina en esta ocasión sobre aguas fraudulentas, mirándose, sin alcanzar nunca su poética, en la filosofía paradojal de Georges Bataille, maestro del pensamiento de quien el iraní toma la leche para trocarla por combustible, y cuyo “ano solar”, además de otras teorías económicas y en torno al Mal desarrolladas por el francés, es uno de los “materiales anónimos” que dan subtítulo al libro, como también lo es la obra de Philip K. Dick y otros escritores de ciencia-ficción de los que Negarestani se imbuye.

Ciclonopedia, un texto más próximo al artefacto perverso que a la novela corriente, es algo así como una especia de informe planetario confeccionado por una consultoría alienígena. Reza Negarestani, azote de monoteístas, practica una literatura de tierra quemada, no deja posibilidad para el retroceso, sintetiza la incertidumbre que nos gobierna y ofrece en este trabajo de teoría-ficción una fuente garantizada de oleosas pesadillas. En ese logro el texto queda validado como horror kurtziano de primer orden y se erige promotor de estimulantes debates entre aficionados al género. Al fin y al cabo, como se dice en alguna de sus páginas, ¿no es acaso el pensamiento una mera putrefacción gaseosa?

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Cyclonopedia

Año: 2008
Auténtica literatura manicomial que en sus mejores momentos se desperezan en escenas de fabulosa belleza
Editorial: Materia Oscura
Autor: Reza Negarestani