[Crítica] ‘Dark Water’ – Lo acuático insospechado

El gran autor japonés de terror Koji Suzuki, autor de The Ring, consigue vertebrar todas las historias incluidas en esta recopilación gracias a un elemento aparentemente inofensivo (inodoro, incoloro e insípido) que en sus manos cobra matices insospechados que despiertan nuestros terrores más infundados.

Cuando se habla de ciencia ficción y terror, entrar en el universo oriental suele ser garantía de diversión; la frontera oriente-occidente es muy palpable cuando se refiere a temas culturales, y esto es, sobre todo, porque sus enfoques para afrontar cualquier asunto son diferentes a los nuestros. Esto es muy evidente cuando hablamos de terror y buena muestra de ello es el autor japonés Koji Suzuki (1957), el más célebre en su tierra y creador de la famosa novela The Ring (1991), que se adaptó en una de las películas más taquilleras en su año de estreno; cinco años después escribiría la antología de relatos Dark Water (1996) que ahora edita en España Satori, especializada en cultura y literatura japonesa (junto con Quaterni, los mejores exponentes).

Si bien el agua aparecía como elemento que se sumaba a otros a la hora de generar situaciones terroríficas en The Ring, en esta recopilación de relatos, el agua se convierte en el verdadero leitmotiv que vertebra cada historia, en el verdadero protagonista de cada una de las historias que nos cuenta Suzuki. Resulta muy significativa la contraportada del libro donde la editorial nos resume algunas posibilidades del elemento acuático, desde las más evidentes como generador de las situaciones hasta aquellas en las que actúa como intermediario:

Una madre acosada por la presencia intangible de una niña ahogada, un crucero de ensueño que se convierte en pesadilla, un padre atrapado en una gruta hasta la hora final… Ya sea sobre las aguas oscuras y amenazadoras del mar o sobre el agua estancada y putrefacta de un edificio abandonado, las historias de Koji Suzuki navegan en el océano del horror, la angustia y el pánico.

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Buen ejemplo del uso de esta estrategia es el siguiente párrafo donde aparece de dos formas bien distintas y significativas: la primera, la más clara, tiene que ver con el agua que está dentro de la bañera, generadora de una serie de imágenes, alucinaciones, delirios, que originan el terror de la protagonista; la segunda, como consecuencia del acto vivido, es el derramamiento de lágrimas de madre e hija:

Una vez incorporada, Yoshimi se agarró al borde la bañera y se puso de pie sola. Su ropa de estar por casa estaba empapada de cintura para abajo. Cuando dirigió una mirada rápida a la bañera, vio que la superficie curvada del interior de color crema, cubierta de innumerables gotas gruesas de agua a punto de rodar, relucía. Aun a sabiendas de que no eran más que alucinaciones, no podía defenderse de ellas. Ikuko, entre sollozos, levantó la mirada hacia su madre sin dejar de murmurar: “Mamá, mamá…” Si no tenía fortaleza mental, no sería buena madre para su hija. Yoshimi se sintió miserable por haber estado a punto de desmoronarse y, contagiada por el llanto de su hija, dejó escapar algunas lágrimas.” [pullquote align=»right» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Las historias de Suzuki no son grandilocuentes ni extraordinarias.[/pullquote]

En otros momentos, la causa de que este elemento sea terrorífico es desconocida, con lo cual aprovecha esa cualidad de lo ignoto: nos aterra algo pero muchas veces no sabemos el porqué de esta aversión; el que esta aversión se produzca en el hijo de un pescador añade un elemento cotidiano del que hace uso con frecuencia. Las historias de Suzuki no son grandilocuentes ni extraordinarias, la mayoría de las veces se sustentan en situaciones diarias, lo que potencia su capacidad para generar terror cuando chocan con elementos desconocidos:

Hiroyuki se detuvo y se volvió. La distancia con su hijo se había ampliado a unas decenas de metros. El niño avanzaba con pasos inseguros mientras comía el maíz con una clara expresión de disgusto en su rostro. Mientras lo miraba, Hiroyuki sintió una irritación incontrolable.

Sin advertir la irritación de su padre, Katsumi seguía con la mirada las motos acuáticas, que se deslizaban levantando chorros de agua. Pero no porque sintiera envidia de los juegos acuáticos. No sabía por qué motivo el agua lo aterraba. En la escuela, siempre encontraba alguna excusa para saltarse las clases de natación y no le gustaba siquiera meterse en el baño de casa. Tal vez por eso, a pesar de tener ya once años, apenas sabía nadar. Para su padre ese hecho constituía una traición indigna en el hijo de un pescador.”

Otra de las formas que Suzuki utiliza para presentarnos el elemento conductor se aleja de lo más terrorífico centrándose, sin embargo, en lo más evocador; en esa fascinación que puede llegar a ejercer sobre una persona; una atracción irresistible que, en un primer momento, no tiene por qué ser peligrosa, aunque, estando donde estamos, sabemos que puede llegar a serlo:

A pesar de su título de maquinista, permaneció en tierra durante cinco años trabajando como un simple empleado de la empresa pesquera Wakashio y rechazando cualquier oportunidad de salir a la mar. Sin embargo, hacía dos años, mientras conducía una furgoneta de la empresa camino de Tokio, se quedó atrapado en un terrible atasco, y en ese momento opresivo, rodeado de camiones, intuyó de pronto que la tierra no era su sitio. El lugar al que él pertenecía era ese mar absolutamente libre de obstáculos. Cuando le describía a la gente lo grande que era el sol que se hundía en el mar, Kazuo extendía ambos brazos haciendo un círculo, pero, en realidad, el sol poniente se veía tan grande que ese gesto no le hacía justicia. Al recordar la imagen del mar en la carretera atestada de tráfico, era su belleza lo que destacaba especialmente. Qué profundo era el silencio del mar nocturno en calma en comparación con el ruido ensordecedor de los vehículos que tanto molestaba al oído. Después de mucho tiempo, la fascinación del mar se despertó de nuevo en Kazuo, y negoció con la empresa para embarcarse por tercera vez.

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Tanto este autor como otros del estilo (me viene a la cabeza Anko Sakaguchi y el extraordinario volumen de cuentos En el bosque bajo los cerezos en flor, o Natsuo Kirino y su Out) hacen uso de un recurso especialmente característico en estas narraciones: la indisoluble unión entre lo bello y lo perverso, lo hermoso y lo que nos causa pavor; esta mezcla resulta siempre subyugadora porque suele ser aprovechada por el autor para aumentar el lirismo del momento. Ese contraste, precisamente por no ser esperado, nos deja hipnotizados, llegando incluso a cambiar la percepción del tiempo narrativo. Todo se ralentiza, el horror y la poesía unidos en una simbiosis perfecta:

Uno de los escenarios se convirtió prácticamente en una piscina y el agua salpicaba por todas partes. Imagino que la posterior evacuación del agua debió de resultar una operación muy complicada. Con todo, mereció la pena el desafío. La escena en la que el cabello multicolor se balanceaba en el agua me impresionó sobremanera. Gracias al ingenioso uso de la iluminación, la escena estaba impregnada de tanta inquietud como belleza, me puso los pelos de punta.

Los diversos colores primarios simbolizan a las chicas que una vez bailaron en ese lugar. El cabello asume un peso importante en la representación, pues interviene para marcar la transición a la escena del baile en grupo, aunque este sentido resulta difícil de captar en la representación y el público no dispone de suficiente información para entender lo que está sucediendo. En cualquier caso, hay que admitir que en realidad no hizo falta añadir ninguna explicación gracias al estupendo contraste conseguido por la transición de las aguas tranquilas a la escena del baile acompañado de la música a todo volumen. Si el propósito del director es la belleza en sí, debo reconocer que caí en su trampa, porque sin resistencia terminé apreciando lo bello de ese mundo morboso…

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Definitivamente, solo por la perspectiva que nos ofrece, esta antología de relatos es un buen ejemplo para disfrutar de un buen rato (con algún escalofrío) en ese momento que todos guardamos para nuestros libros antes de acostarnos.

Los textos provienen de la traducción de Rumi Sato de ‘Dark Water’ de Koji Suzuki para la editorial Satori.

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Honogurai mizu no soko kara

Año: 2015
Del creador de 'The Ring' nos llega una antología de cuentos de terror en los que el agua se convierte en el nexo en común.
Editorial: Satori Ediciones
Autor: Autor: Koji Suzuki