[Crítica] ‘Death Note’ – Mucho Wingard, poco manga

Death Note ha sido adaptado varias veces al cine. También ha conocido numerosas adaptaciones televisivas. Pero Adam Wingard se ha propuesto hacer la versión definitiva de Death Note para Netflix, consiguiendo hacer en el proceso una de sus mejores películas, pero algo que está lejos de ser una gran película o una gran adaptación de Death Note.

Death Note tiene el sambenito de ser un manga excepcional. No sólo excepcional: también de culto, tanto en Japón como en occidente. Lo cual significa que lleva años siendo la fantasía húmeda de Hollywood: la obra que, tal vez, rompa la maldición de las adaptaciones del manga. Porque cada vez que los americanos han intentado adaptar algo fuera de la literatura o el teatro, se han encontrado con el muro del fandom. Ese público que, salga bien o salga mal cualquier clase de adaptación, la considerarán una traición a las esencias.

Adam Wingard ha decidido no esquivar esa bala. Y entre hacer una versión literal que no interese a nadie o hacer su propia versión de la historia, decide hacer lo segundo. Porque si algo es obvio en Death Note, es que es puro Adam Wingard.




Ironía, violencia cuasiparódica y ribetes de terror clásico se dan de la mano en una Death Note que casi podría pasar por la nueva entrega de la saga Destino Final. Y contra todo pronóstico, funciona. Lo obscenamente elaborado y absurdo de las condiciones para las muertes que utiliza el protagonista, la presencia más demoniaca que bufonesca del shinigami Ryuk y su obsesión con los callejones neblinosos, los neones difuminados y las ciudades retrofuturistas de un modo viejo, hortera y realista, alejado del cyberpunk o la envenenada herencia de Blade Runner, elevan a Death Note como una de las mejores películas de Wingard.

Pero entonces pasa el ecuador de la película. Decide convertirse en el thriller desquiciado que siempre fue Death Note. Y, a partir de ese momento, la película hace aguas.

Hace aguas porque el mayor problema de la adaptación de Wingard es que ni ahonda en los temas de la obra original ni se atreve a encontrar los suyos propios. Trata el tema de Kira percibido como dios, el enfrentamiento entre las inteligencias privilegiadas de L y Light e incluso remoza el final con Ryuk destruyendo lo que Light cree el plan perfecto. Pero nada de eso tiene justificación. Nada en la película nos da a entender que Kira genere un culto a su alrededor o que Light o L no sean, como nos da a entender su comportamiento errático y gilipollas, dos adolescentes ceporros por debajo de la media. Sólo vemos gente corriendo como pollos sin cabeza, riéndose de chistes que no se nos explican, en casi dos horas de caos y ruido sin mucha justificación.

Nada de eso quita para que funcione en lo estético. O que su montaje musical tenga interesantes aciertos, incluso si se quedan cortos comparados con los de la reciente Baby Driver. Pero cualquiera que quiera ver algo siquiera parecido a Death Note, haría mejor en revisar las adaptaciones japonesas. Igual de infieles con respecto del manga, pero infinitamente mejor escritas. Porque aunque es dudoso que guste a los fans, Death Note no es una mala adaptación. Es una película mediocre de terror adolescente que usa el nombre de Death Note en vano.

Porque Hollywood (y Netflix) siguen sin pillarlo. Incluso si Wingard ha vuelto a intentar hacer su mejor esfuerzo.

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Death Note

Año: 2017
Adam Wingard nos ofrece en 'Death Note' una película de terror adolescente con aciertos visuales interesantes, pero que se queda corta a la hora de captar la esencia original de la obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata.
Director: Adam Wingard
Guión: Charley Parlapanides, Vlas Parlapanides y Jeremy Slater
Actores: Willem Dafoe, Lakeith Stanfield y Natt Wolff