[Crítica] ‘Dos buenos tipos’ – Slapstick, porno, conspiraciones y colegas

Diez años después de la soberbia Kiss Kiss Bang Bang (2005), y con la que superficialmente Dos buenos tipos tiene una buena cantidad de puntos en común, y tras demostrar que aún tiene una mano única para los grandes presupuestos con Iron Man 3 (la mejor película Marvel, que se dice pronto), el guionista y director Shane Black vuelve a las producciones relativamente modestas y a sus géneros habituales para plantear su película más autoconsciente y sofisticada.

Lo que no quiere decir que Shane Black haya suavizado sus formas: Dos buenos tipos sigue manteniendo la intensidad y contundencia que marcaron guiones como los de Arma letal (1987) o El último boy-scout (1991) –y que analizamos en nuestra revisión a fondo de su carrera-. No podía ser de otra manera en una película en la que la gente se rompe las muñecas o se saluda de un cabezazo como quien queda para tomarse un café. Dos buenos tipos es tan ridículamente violenta como cualquiera de los clásicos de Black, pero gracias al espléndido trabajo de sus dos protagonistas, Ryan Gosling y Russel Crowe, esta epopeya venida a menos de pornografía, desapariciones, conspiraciones y detectives de cuarta regional adquiere un matiz reflexivo sobre los propios mecanismos de la buddy movie. Algo que en su encarnación moderna, Black prácticamente inventó.

Ryan Gosling es un detective de talento limitadísimo que vive de hacer creer a ancianas que está buscando a maridos que en realidad están muertos. Russel Crowe es un matón que vive de dar palizas a cambio de unos pavos. Sus dos patéticos caminos se cruzan cuando entra en juego la muerte de la estrella del porno Misty Mountains, la desaparición de una jovencita que reaparece aquí y allá como un fantasma y el rodaje de una película experimental (=porno) que mucha gente no quiere que salga a la luz. Entre referencias a la industria del cine para adultos de Los Angeles en los setenta, música disco y películas de catástrofes, Dos buenos tipos plantea un mundo en el que dos inadaptados solo saben abrirse paso a golpes, a menudo entre ellos mismos.

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La relación entre ambos es lo único que Black necesita para desarrollar una comedia que rebosa diálogos cortantes y que rezuman ese nihilismo tan extraño y desencantado del guionista, y que llegó a cierta cima en El último boy-scout, una película que podríamos calificar de tarantiniana si no fuera porque Tarantino llegó unos años más tarde. Hoy asumimos que la gente que va por la vida con un revólver habla así en las películas, Black sabe que lo tenemos asumido, y por eso se permite deconstruir el tópico con la historia de dos tipos duros que no tienen ni idea de nada: es un toque de clase (y experiencia) que Gosling no sea un detective que obtiene información abriéndole la cabeza a la gente, sino abriéndose su propia cabeza al caerse sobre objetos o sobre gente. Sin hacer de menos a Robert Downey Jr. o Val Kilmer, estupendos protagonistas de Kiss Kiss Bang Bang (otra historia de perdedores con sabor a cine negro clásico), Black sabe exprimir el asombroso talento para la comedia física de un Gosling con severos problemas con el alcohol, que es capaz de convertir una escena de tortura (el primer encuentro entre los dos personajes) en una soberbia comedia gracias a una vulnerabilidad patética, o de decir una frase como la olímpicamente ridícula «¿Sabes quién solo seguía órdenes también? ¡Hitler!» con un aplomo y una convicción delirantes. Y lo contrapone a un Crowe que aspira a dejar de expresarse con su nudillera, pero que no sabe hacer otra cosa, y que ve en la inútil honestidad de Gosling un ejemplo a seguir. Que un miserable de buen corazón como él se convierta en role model para la hija de Gosling es otro detalle malvado (de entre muchos) en una película que usa las convenciones de las buddy movies para retorcerlas y satirizarlas a fondo.

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Y así, explorando y explotando una química desvaída pero firme, imprevisible pero que se mueve por los códigos del género, Black plantea una película que bebe de su propio cine (por supuesto, está todo aquí: los colegas, la relación enternecedora pero nada ñoña con los niños, el papel lateral pero interesante de las mujeres, los diálogos que construyen personajes a la vez que los abofetean) y que también lo replantea. Que sirve como guiño al cine negro clásico (hay mucho Chinatown aquí, y también algo de El largo adiós y, demonios, de la reciente adaptación de Inherent Vice), que formula sus tropos del objeto maldito que busca todo el mundo a un lado y otro de la ley (aquí con cierta sorna nostálgica hacia el celuloide físico y su validez), pero que también sabe machacarlos en secuencias como el tour-de-force final, a veces más orientado al tono de un Agárralo como puedas que al de una película de detectives. De acuerdo, puede que Dos tipos buenos carezca de una traca de cierre tan demencial como la de Memoria letal (1996), pero Dos buenos tipos se encuentra cómoda siendo otra cosa: una mezcla de hard-boiled serio y película de Buster Keaton con el potenciómetro de las palabrotas al once.

El resultado es interesante para el estado del género en la actualidad (igual que en Iron Man 3 Black demostró que se podía hacer un blockbuster de millonarios con armaduras superpoderosas divertido y trepidante, pero también sensible y con alma, con Dos buenos tipos reflexiona acerca de por qué el género negro clásico no tiene por qué estar estancado ni acabado si se sabe formular con gusto). Pero también es interesante para el propio fan de Black: Dos tipos duros se siente como una suma máxima de todo lo que Black sabe sobre las historias de vulnerabilidad masculina escondidas tras un encallecido partirse la crisma cada dos pasos. Posiblemente, ese mismo fan espera no tener que aguardar otros diez años para encontrarse la mejor película de colegas de los últimos tiempos.

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The Nice Guys

Año: 2016
Puro canon shaneblackiano: personajes de una pieza, diálogos antológicos y dirección de actores de auténtica antología. EL mejor Shane Black, en plena forma.
Director: Director: Shane Clake
Guión: Guion: Shane Black, Anthony Bagarozzi
Actores: Intérpretes: Russell Crowe, Ryan Gosling, Angourie Rice