[Crítica] ‘El desafío’: En la cuerda floja

Robert Zemeckis afirma que descubrió la historia real que sustenta El desafío a partir de un libro destinado a niños, The man who walked between the Towers. Le gustó, pero ignoraba que estaba basado en algo que sucedió en 1974. Pero la historia, el desafío, los personajes y las exigencias técnicas de una hipotética adaptación le atrajeron. Fue algo después cuando supo que Philippe Petit existió y tendió un cable que le permitió sortear el vacío que separaba las dos Torres Gemelas.

De algún modo esa ignorancia (que el mismo reconoce que es insólita, teniendo en cuenta que en 1974 era ya un adulto perfectamente consciente de las noticias que generaba el mundo a su alrededor) es la base de El desafío: a Zemeckis le da igual la historia humana que sustenta el arriesgado paseo de Petit. Lo que a él le atrae de la historia es algo con lo que de algún modo se ve identificado: la pura necesidad de superar un obstáculo. En el caso de Petit, franquear todas las barreras que le separan de su paseo ilegal; y en el caso de Zemeckis, rodar a una persona que anda por un cable de acero sin que el espectador piense en ningún momento “efectos especiales”.

Es asombroso cómo con el paso del tiempo Zemeckis ha ido haciendo más y más patente en su cine que los humanos son simples marionetas, efectos especiales de carne y hueso -por así decirlo-, herramientas para completar un desafío tecnológico. Fue en Forrest Gump (1994) donde empezó a manifestar esta curiosa pulsión, y engañó a todo el mundo para que creyeran que había compuesto un auténtico canto al espíritu humano, cuando en realidad compuso una oda al desarrollo tecnológico. Reconozco que a mí también me engañó: fue Noel Ceballos quien me puso en la pista correcta de las intenciones de Zemeckis tras todas sus películas desde entonces. Sus películas sin actores son casi un sueño húmedo para Zemeckis, pero sus constantes fracasos financieros en ese aspecto (pese a los tremendos logros de algunas como Cuento de Navidad -2009- o, especialmente, la soberbia Beowulf -2007-) le obligan a volver una y otra vez a contar con malditos, malditos humanos para contar historias.

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El desafío no engaña a nadie que sepa leer entre líneas las intenciones de Zemeckis: hasta cuando el director está contando la pulsión tras el alma de los personajes, aquello que da sentido dramático a la historia, lo narra echando mano de la caricatura y un indisimulado sarcasmo. No estoy seguro de que a Zemeckis le termine de gustar la personalidad de Petit (aunque quienes hayan visto el documental Man on Wire -2009- saben perfectamente que es que el tío es así de insufrible), pero de lo que sí estoy seguro es de que el director construye El desafío como una pirámide en la que el vértice superior es la climática secuencia final del paseo. Todo apunta ahí, y ahí Zemeckis echa los restos en lo visual, en una conclusión nada estridente, pero demoledora desde el punto de vista de los efectos visuales invisibles.

Que nadie se llame a engaño: como película de superación personal y de consecución de un sueño, El desafío está a la altura de un telefilm de los que pueblan las pantallas televisivas estas fechas: ni eso, ya que por suerte nos libra a todos de enhebrar una simbología de baratillo con las Torres Gemelas hasta una conclusión que parece añadida casi a última hora (“Ostras, ostras, ¿pero hemos puesto algo del 11S? ¡Ponlo, pero en fino!”). Pero como pornografía tecnológica sutil, como experimento narrativo que quiere contar un atraco disfrazándolo de película oscarizable, como un paso más en la consecución de Zemeckis de la película sin alma definitiva es, por contradictorio que parezca, una excelente opción navideña.

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The Walk

Año: 2015
Robert Zemeckis se enfrenta a uno de esos desafíos que acepta año tras año: cero humanidad, cien por cien exhibicionismo técnico. Lo más curioso: siempre funciona.
Director: Director: Robert Zemeckis
Guión: Guión: Robert Zemeckis, Christopher Browne
Actores: Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Ben Kingsley, Charlotte Le Bon, James Badge Dale