[Crítica] ‘El diario gatuno de Junji Ito’ – El terror existencial de lo mono

Si bien Junji Ito es conocido en Occidente por sus historias de terror, su producción no se limita al género. Algo que viene a demostrarnos la encantadora, aunque a ratos terrorífica, convivencia con su prometida y sus gatos, que sirve como base para su última obra publicada: 'El diario gatuno de Junji Ito’.

Existe en la figura gatuna una ambigüedad fascinante. En muchos sentidos, son lo más cercano a un peluche suave y amoroso con vida que cualquier ser humano puede tener por mascota, pero, por otra parte, sus distinguidos aires felinos y su proverbial afectuosidad interesada les hacen ser animales muy poco propicios para los amantes de lo mono. En ese sentido, los gatos ocultan dentro de sí los dos polos entre los cuales orbita todo aquello que podemos considerar adorable: lo cálido y lo terrorífico, el instinto de preservación emanando tanto para protegerlos como para protegernos de ellos. De ahí que, en muchos sentidos, podamos considerar al gato como el animal mono, adorable o kawaii, si preferimos el más descriptivo término japonés, definitivo: representan en sí mismos, sin ambigüedades ni necesidad de saltos conceptuales de ninguna clase, la dicotomía existente en todos aquello que nos enternece.

La obra de Junji Ito reside en esa misma ambigüedad proverbial. Conocido como maestro del terror, heredero en todas sus facetas de Kazuo Umezu, el lector occidental medio se encontrará ante un primer dislate al enfrentarse por primera vez con El diario gatuno de Junji Ito: es, ante todo, gracioso de un modo entrañable. Ahí encontramos un doble problema de disonancia cognitiva, una violación en toda regla de nuestras expectativas. Por un lado, el problema industrial: dado lo publicado en Occidente, nuestra idea de Ito es la de un hombre cultivado en el terror cósmico sin concesiones humorísticas, si es que no son las del humor negro; por otro lado, el problema cultural: por alguna razón, solemos disociar humor y terror como dos conceptos completamente separados, como si la risa no fuera la reacción generada ante la imposibilidad de procesar el horroroso absurdo de la existencia. De ese modo, cruzando ese problema desde sus dos puntas, resulta más sencillo comprender la obra que nos ocupa de Ito: no ha cambiado, es el mismo Ito que conocíamos, pero observando las cosas desde otro punto de vista.

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Ese punto de vista radica en pasar de lo cósmico hacia lo personal; en vez de seguir catástrofes existenciales auspiciadas por entidades insobornables desconocidas para el hombre, decide asumir un punto de vista más familiar y seguir catástrofes existenciales auspiciadas por entidades insobornables domesticadas por el hombre: su pareja de gatos, Yon y Mû. Tomándose a sí mismo como referencia, la virtud de este diario gatuno es no caer jamás en lo memorístico, en la mera reproducción biográfica de su vida: todo cuanto ocurre se siente verosímil, seguramente esté basado en hechos reales —como, por otra parte, se da a entender con las fotos de sus gatos—, pero nunca sacrifica su cualidad de ficción en favor de ser más realista.

Bajo ninguna circunstancia cabría considerar El diario gatuno de Junji Ito como una excepción o una rareza dentro de la obra del mangaka, ya que existe una continuidad lógica de su trabajo que atraviesa también está. Ahí está su linea limpia, sus gestos exagerados, su querencia por los acontecimientos sobrenaturales —aunque aquí, llevado al terreno de lo cotidiano, se convierta en la mayor parte de las ocasiones en gags que cimientan todo su poder en el impacto visual— y, también, como no podría ser de otro modo, su interés en explorar la compleja construcción de los sentimientos humanos. La historia no trata sólo de gatos, sino también de J., el autor de manga de terror que acaba de irse a vivir a una casa de nueva construcción con su prometida y se descubre conviviendo, de repente y oponiéndose enérgicamente sólo de palabra y pensamiento, con un par de gatos; de ahí que si funciona como terror sea también en un terreno más cercano, amable y cotidiano: el terror inherente a la convivencia, al tener que adaptarse y aprender las manías no sólo de otra persona o de un par de mascotas, sino de la visión que estos proyectan sobre nosotros mismos.

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Aunque es innegable que el manga destila ternura en cada página, también lo que es que debajo de ésta se esconde siempre cierta tensión que nace de la angustia soterrada. Angustia hacia lo desconocido, hacia la enfermedad, hacia no ser aceptado; primero, por el pánico a no ser capaz de integrarse para formar un hogar con su prometida y sus mascotas, después por el terror atávico de que ese hogar que tanto esfuerzo le ha costado construir se desmorone por alguna clase de accidente inevitable. Ahí se oculta su clave temática clásica. Donde ese terror cósmico se manifiesta en otras de sus obras a través de entidades de dimensiones desconocidas o misterios irresolubles manifestándose físicamente, aquí todo es más prosaico, más sencillo: que Mû se ponga enfermo o Yon se escape de casa puede hacernos estremecer.

Si aceptamos que el terror cósmico es un modo de ver el mundo, entonces debemos aceptar que no existe algo así como el terror cósmico. No porque carezca de sentido, sino porque tiene demasiado sentido: terror cósmico es lo que sentimos cuando nuestra pareja no nos entiende, cuando nuestros gatos enferman, cuando nuestra casa nueva se ve invadida por extraños. Es la enfermedad mortal kierkegaardiana, el terror existencial, la incógnita de si el mundo seguirá existiendo mañana tal y como lo conocemos. Pero donde Ito generalmente ha preferido utilizar la metáfora del monstruo inefable, aquí ha preferido mirar hacia su alrededor: hacia Yon y Mû, sus dos adorables bolas de pelo ronroneantes.

 

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Ito Junji no Neko Nikki: Yon & Mû

Año: 2015
Con 'El diario gatuno de Junji Ito' descubrimos una faceta poco conocida del autor en Occidente: la de mangaka de humor. Y así y con todo, continúa el terror.
editorial: Edita: Tomodomo Ediciones
Dibujante: Autor: Junji Ito