[Crítica] ‘El rey tuerto’ – Cosas que pasan

El rey tuerto llega con discreción y sin exhibir grandes fastos publicitarios a nuestras salas, pero no se puede decir que venga con las alforjas vacías. Su director, Marc Crehuet, lo es también de la obra teatral en la que se basa, del mismo título (también El rei borni en su versión en catalán) y con el mismo reparto, y con la que se ha ganadoexcelentes críticas durante un par de años. Ahora intenta repetir la jugada con su versión fílmica, una pieza claustrofóbica y muy medida.

El rey tuerto es una película muy actual, pero no necesariamente coyuntural: trata un tema que hay que estar hoy y aquí para entender en toda su magnitud y se ponen sobre la mesa los latiguillos propios de la Crisis según las instituciones («hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» en cabeza, más toda la hilarante neolengua para describir a los antidisturbios sacándole ojos a la gente). Además, los protagonistas son una pareja de antisistemas (que diría el otro), un antidisturbios y su mujer y, como convidado de piedra, un político aséptico, posiblemente corrupto y muy de hoy en día. El choque entre las dos parejas es el punto de partida para una irónica historia de transformación y autoconocimiento.

Todo empieza cuando Ignasi (Miki Esparbé), que ha perdido un ojo en una manifestación por culpa de un antidisturbios, y su mujer, la insufrible activista Sandra (Ruth Llopis) quedan a cenar con una amiga de la infancia de ésta, Lidia (Betsy Túrnez), y cuyo marido, David (Alain Hernández) es el obtuso antidisturbios que le sacó un ojo a Ignasi. La tensión está servida, sobre todo cuando cada uno empieza a poner sus abundantes secretos sobre la mesa: uno, deprimido e impotente; otro, con el seso sorbido por sus superiores; y sus mujeres, una ingenua y en busca continua de una vida imposiblemente perfecta pese a estar casada con un animal de bellota, y la otra, castradora, inhumana y aún entendiendo al malherido Ignasi como un medio hombre.

Lo que mejor hace la película es lo que ya estaba en la obra teatral: un desarrollo de personajes muy bien medido (e interpretado, por supuesto) y que se cuestiona continuamente quiénes son las auténticas víctimas y verdugos de esta historia. El rey tuerto quiere tanto a sus personajes, de hecho, que va más allá de lo obvio (la revelación de que David no es solo una máquina de matar y que Ignasi no es una víctima en estado puro) para indagar también en los personajes satélite, las parejas de los protagonistas del conflicto principal. Quien sale más beneficiada es Lidia, igual de simple y avasallada por la vida que su marido -el bruto que encuentra sentido a la rutina obedeciendo órdenes violentas-, pero que en su ingenuidad y en su honesto deseo de llevarse bien con todo el mundo demuestra mucho más corazón que la manipuladora Sandra, cuyos claroscuros se van acentuando según progresa la trama. De ese modo, lo que podría parecer un alegato pro-15M con algo de humor negro y desisia costumbrista, se convierte en algo más complejo y oscuro: ya no es que los malos no sean tan malos; es que los buenos también tienen sus agendas, a menudo igual de inquietantes y superficiales.

Por otra parte, es el origen teatral de El rey tuerto lo que le brinda su mayor problema: la estructura de un solo escenario de la que apenas se atreve a salir. La película hace las mismas pausas y elipsis en su desarrollo que el texto original, y en ocasiones, eso agarrota el desarrollo, porque no se trata de una película en la que los personajes están atrapados en una habitación, sino de una en la que el guionista ha decidido que todo se desarrolle en una habitación porque en la obra de teatro esa ubicación es necesaria. Es un problema menor, de todos modos, esa artificiosidad en sus modos solo afecta al ritmo en algún momento muy puntual, y gracias a la fascinante labor de los actores, capaces de sacar punta y matices a cada línea del guion, el interés no decae prácticamente en ningún momento.

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Marc Crehuet debuta en la dirección (de largometraje: suyo es el sensacional corto de Venga Monjas Aniversario) en un terreno donde se siente cómodo, y no me podría parecer una elección más sabia en esta industria de superegos y proyectos venidos a más: parte de un texto que se sabe de pe a pa, con unos actores que tienen tomado el pulso a sus personajes (y que han ido perfilando y matizando tras interpretarlos cientos de veces) y a través de una puesta en escena que permite que brillen los aspectos fuertes de la historia. Puede que El rey tuerto, con su estreno limitado de veinte copias y estreno en solo un puñado de cines no sea el taquillazo español de la temporada (y que en parte merecería ser, por otra parte), pero sí que ofrece una fábula redonda, contundente, agresiva y que hace pensar. No todos los estrenos nacionales del año pueden presumir de eso.

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El rey tuerto

Año: 2016
Aunque arrastra lógicos tics de su versión teatral previa, 'El rey tuerto' es una interesantísima pieza de claustrofobia social y resistencia política, que no se casa con nadie y encuentra espacio hasta para humanizar a los aparentes villanos de su historia
Director: Director: Marc Marc Crehuet
Guión: Guion: Marc Crehuet
Actores: Intérpretes: Miki Esparbé, Alain Hernández, Betsy Túrnez, Ruth Llopis