[Crítica] ‘Elle’ – Alta cuna, baja cama

Paul Verhoeven suele ser analizado en base a dos características muy evidentes de su filmografía: por un lado, los corrosivos mensajes políticos y sociales que desliza en películas como Starship Troopers, Robocop o Desafío Total, un poco dinamitando desde dentro el propio concepto de blockbuster, inofensivo y acomodaticio por definición. Por otro, su empleo de la violencia como un elemento necesario para hacer detonar sus historias. Sea sexual, social o institucional, la violencia es parte de su cine desde sus primeras películas holandesas. Pero hay más Verhoeven.

Un Verhoeven que también es sencillo de detectar, ya que figura en todas sus películas, honesto y tan desafiante en los fondos, como en las formas lo están las desnortardas explosiones de extremidades de Robocop (1987), la invisibilización pautada de El hombre sin sombra (2000) o los bajos fondos del Marte trimamal: siempre, en casi todas las películas del director holandés, se nos habla de cómo las bajas pasiones nos convierten en animales. En algunos casos esas bajas pasiones son lo peor de nuestros instintos como animal social (el ansia de poder, victoria y sometimiento a otras civilizaciones que rige Starship Troopers -1997-; pero también está presente en todo lo que define la edad más oscura de nuestra Historia, en Los señores del acero -1985-). Pero esas bajas pasiones también adquieren múltiples formas para definirnos como animales sexuales: de El cuarto hombre (1983) a Instinto básico (1992), pasando por Showgirls (1995): si Verhoeven rueda el sexo como si en vez de una cámara tuviera un martillo neumático no es solo por voluntad iconoclasta -que también-, sino porque el sexo en sus múltiples formas -consensuado o forzado, por amor o por conveniencia, del misionero o acrobático- es solo un escaparate de esas pasiones que nos condenan (y definen).

Elle es, quizás, la película más definitoria de Verhoeven en ese sentido: a diferencia de Instinto básico, prescinde casi por completo de los ropajes de thriller. Y a diferencia de Showgirls usa el sexo como elemento necesario, pero para detonar las miserias de los personajes, no como un ingrediente más de éstas. En Elle, una inmensa Isabelle Huppert que pasa ya a engrosar la larga lista de grandísimas actrices a las órdenes de Verhoeven es violada antes de que el espectador asista al resquicio de la primera imagen de la película. Volveremos sobre esa violación en un guion serpenteante y que describe a la protagonista desde múltiples ángulos. Como víctima, como verdugo, como madre, como profesional, como amante y como mujer a secas. Y sobre todo, examinaremos sus pasiones y las de los que le rodean, en una película que esperemos que no sea la última de Verhoeven, pero que simbólicamente podría serlo, ya que funciona a menudo como suma total de sus muchas inquietudes.

Verhoeven es un humanista, y también un misántropo. Por eso su película es terrible, incómoda y llamada a generar polémica por el tratamiento que hace de la violación y por cómo reacciona la víctima de esta. Y por eso, también, es una comedia: una especialmente cruel con las nuevas generaciones y sus entretenimientos sin alma, con la estupidez y la indolecia galopante de la que hace gala el hijo de la protagonista; pero también demoledora con las patéticos culebrones de andar por casa, de amoríos desgastados y cornamentas a medio gas, y que protagonizan los personajes de más edad. Verhoeven ofrece, gracias a la novela de Phillipe Djian que adapta, un retablo de monstruos humanos muy europeos, lo que le permite volver al salvajismo de concepto de películas de su etapa holandesa como Delicias turcas (1973).

Elle es una película sin piedad y, a la vez, una de las más comprensivas que ha dirigido Verhoeven. El realizador de Desafío total (1990) posiblemente no volverá jamás, pero el Verhoeven de siempre aún tiene cosas que contar: no solo persiste su asombrosa habilidad para planificar la imagen con claridad y rebosando significantes, no solo sigue sabiendo dirigir a los actores como muy pocos directores hoy, dejando que el espectador asimile los pensamientos de los personajes a golpe de silencio incómodo y réplica cortante. Es que pocos se atreven a plantear, como él, en un tema tan complicado y espinoso como el de la onda expansiva de una violación, un esquema psicológico y moral con tantas aristas y matices como el de Elle.

A Elle no le hace falta pirotecnia ni parodia futurista, pero Verhoeven nos ha brindado una de sus películas más espectaculares. Solo que en este caso, el espectáculo va por dentro.

elle3

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad

'Elle'

Año: 2016
Con financiación francesa y la complicidad de una enorme Isabelle Huppert, Paul Verhoeven demuestra que no necesita de altos presupuestos ni de los fastos de Hollywood para revolver conciencias en una película absolutamente demoledora.
Director: Director: Paul Verhoeven
Guión: Guion: David Birke
Actores: Intérpretes: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny