[Crítica] Hikaru Utada: ‘Fantôme’ – Al final de todo, hay amor

Después de ocho años sin nuevo disco, Hikaru Utada vuelve con Fantôme para demostrarnos que el j-pop no ha sido siempre de estridencias, entes virtuales y exhibiciones flashy. Y que mucho antes de Babymetal, ella ya consiguió desembarcar exitosamente en EEUU.

Para mantenerse en el trono no es necesario estar siempre presente. A veces sólo es necesario mantener un perfil bajo y salir cuando las aguas están tranquilas. Algo contraintuitivo en general, pero que lo es en particular si hablamos de algo tan dúctil como el pop; dada la (aparente) rápida evolución del género, cualquier diva que se pretenda la reina del pop debe estar siempre presente y marcando el ritmo. Salvo que ni siquiera le haga falta. Porque, en el pop, ni los tiempos son tan rápidos ni abundan los artistas con personalidad como para poder despertar una auténtica devoción más allá del hype temporal.

Hikaru Utada ha sido la reina del j-pop desde su debut con First Love (1999), una mezcla de pop, R&B y dance que, aun hoy, resuena como la perfecta síntesis musical de lo que fueron los últimos noventa. No ya en Japón, sino en el mundo entero. No por nada Utada fue una de las grandes divas curtidas en el R&B, ese lapso temporal de década y media antes de que el pop se convirtiera en el patito feo industrial subordinado al cisne de la electrónica, llegando a asaltar el mercado americano con un disco tan extraño -y arriesgado, si tenemos en cuenta los temas de los que habla (amores rotos, prostitución, lujuria) o sus influencias menos ortodoxas (dream pop, glitch) como es Exodus (2004). Trabajo que, si bien no fue un éxito atronador, puede ser leído, con la conveniente distancia, como la enciclopedia a la cual vuelven todas aquellas divas que quieren sobrevivir en el microcosmos del pop sobreproducido.

Utada puede ser la más grande en Japón, pero su visión es tan extraordinaria que su influencia resuena en todos los rincones del mundo. Incluso en la meca de la globalización.

Tras unos años de relativo silencio, ya que ha ido sacando canciones con cuentagotas, por fin tenemos nuevo disco. Y Fantôme nos devuelve a la Utada sosegada, valiente y sutilmente vanguardista que sabe rodearse de las personas adecuadas.

Como es habitual en Utada, no teme a moverse entre dos ambientes: las canciones más vividas, pensadas para la pista de baile, conviven con canciones más sosegadas, no siempre baladas -aunque hay algunas, y muy buenas, en Fantôme-, que ejercen de constante contrapunto melódico. En el disco se van alternando con naturalidad, casi en relación 1:1, las canciones más vibrantes, ligeramente vanguardistas, pensadas para bailar (donde destacaría Michi, un pedacito de preciosismo pop que en cualquier otra cantante sonaría antiguo o impostado) y canciones que se sitúan en algún punto indeterminado entre la balada clásica y el himno pop, híbridos particularmente funcionales en sus colaboraciones con Sheena Ringo, la otra gran diva del pop japonés, y KOHH, la gran estrella del rap nipón.

En ese sentido, Fantôme destaca por su ortodoxia. Trabaja con grandes nombres, pero evita aquello en lo que ha devenido el j-pop contemporáneo. Evita esa estridencia nipona que tan poco gusta al connoisseur occidental. Aquí no hay sitio ni para Yasutaka Nakata (productor detrás de dos de los grandes éxitos actuales del género, Kyary Pamyu Pamyu y Perfume) ni para las vocaloids (con Hatsune Miku a la cabeza). Todo se orienta a partir de las coordenadas de un j-pop clásico, un pop netamente japonés desprovisto de toda estridencia o extravagancia propia del Cool Japan, que no deja de remitirnos hacia un canon más familiar, suficientemente occidental como para ser digerido sin dificultades. Eso explica la razón por la cual sus mejores momentos los alcanza con la intimidad de una instrumentación más clásica. A fin de cuentas, Utada lo es incluso más con un piano entre las manos. Y, entre todos los vaivenes por los que nos conduce sutilmente en Fantôme, es Sakura Nagashi, una balada potente y desgarradora con la que cierra el disco, donde consigue destacar de forma ominosa.

Ominosa no sólo porque sea una gran canción, sino también porque nos llena dejándonos con ganas de más. Algo lógico si pensamos que Fantôme, como todos sus discos desde el seminal First Love, trata sobre la pérdida, el dolor y el amor. El aprender a sobreponerse después de que la vida nos haya hecho mucho daño. Mucho más de lo que nos creíamos capaces de soportar. Porque, como dice para acabar el disco, «a pesar de lo asustada que esté, no apartaré la mirada si, al final del todo, hay amor».

Y si de algo va sobrada este trabajo o Utada, es de amor. Por la vida, por la música, por el pop. Por los fantasmas de nuestro amor, por aquello que fue y ya no será, pero siempre residirá en nuestro corazón.

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'Fantôme'

Año: 2016
Hikaru Utada firma con 'Fantôme' un disco de contrastes donde las pistas de baile se dan la mano con composiciones más temperadas en un trabajo j-pop que mira hacia los artistas más interesantes del momento, desviculándose de la estética Cool Japan.
Artista: Artista: Hikaru Utada
Sello: Edita: Virgin