[Crítica] ‘Ichi Efu’ – Fukushima no es el infierno que nos dibujaron

Ichi Efu, obra de Kazuto Tatsuta, es una excelente crónica en formato manga sobre las labores de limpieza de la central nuclear Fukushima 1, afectada por el tsunami que arraso el lugar en 2011. Un excelente acercamiento para saber más no sólo sobre lo acontecido en Fukushima cuando la prensa dejó de hablar del lugar, sino también sobre la sociedad japonesa en general.

El ejercicio documental, arrojar luz sobre los hechos acontecidos en el mundo, es algo tan antiguo como los seres humanos. Desde las pinturas rupestres, ya no digamos desde la inmortal obra de Tucídides, la obsesión por registrarlo todo, intentando dar una explicación razonable de lo ocurrido, ha estado codificado en todos nuestros actos culturales; con la llegada de cada nuevo medio de expresión no sólo se introducen nuevas posibilidades artísticas, sino también documentales. De ahí que resulte natural, lejos de toda esa extrañeza que destila cada nuevo artículo de «el cómic también habla de la realidad» —como si, de hecho, sólo el periodismo o la historia fueran retratos del mundo—, que el cómic también haya dedicado parte de su producción en documentar hechos de la vida de los individuos, las sociedades o las naciones. Y si bien esa extrañeza se dirige siempre hacia el cómic occidental, en el caso del manga ni siquiera existe: se omite siquiera la posibilidad de que exista. Lo cual no es cierto en Japón, pero tampoco entre las obras que nos llegan.

Ichi Efu (o 1-F), el nombre que le dan en Fukushima a la primera de sus plantas nucleares, es la crónica de Kazuto Tatsuta —aunque, dada la sensibilidad del tema, este no sea más que un pseudónimo: su identidad permanece hoy desconocida— trabajando en las labores de limpieza en la planta nuclear homónima que se vio afectada por las fugas de material radioactivo en el tsunami que afecto al país nipón en el año 2011. Lejos de cualquier forma de épica, la obra nos narra como es el día a día de las labores de limpieza en una central nuclear arrasada sólo en parte por un accidente natural, centrándose, de forma particular, en las medidas, protocolos y situaciones comunes que ocurren allí; no hay insospechados actos de heroísmo, muertes trágicas o cualquier otro desencadenante de la acción que nos mantenga leyendo con ansias, distrayéndonos del fondo discursivo. Todo está centrado en el devenir de la central, en la lenta rehabilitación de un lugar que en su día se anunció como un nuevo Chernóbil.

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Si bien hace un buen papel documental, también sirve como retrato de la propia sociedad japonesa. Sin adornos de ningún tipo, sin pretender hacer ver la sociedad como la utopía de la educación que nunca ha sido, la obra logra sentirse familiar, como si pudiera transcurrir en nuestro propio país; la brutal corrupción de las empresas constructoras, aprovechándose de una catástrofe de esta clase, el cuñadismo de los trabajadores, que no dudan en hacer chistes de pedos o no limpiar sus propias heces sabiendo que se encargara algún otro, o la genuina emoción de la pérdida, ya sea al ver cómo en dos años de abandono la naturaleza ha invadido pueblos enteros o cómo un compañero del propio Tatsuta tuvo que abandonar su hogar por estar en la zona de exclusión, nos resulten tan familiares, tan cercanas, que resultan dolorosas.

Eso no es ni siquiera lo más terrible. Salvo el propio autor, que insiste en que fue allí por alguna clase de sentido cívico, la mayoría de trabajadores de la central son o bien vecinos o bien personas con una necesidad tal de dinero que se ofrecieron a trabajar en un lugar que la prensa definió como el infierno en la tierra incluso en el centro de empleo desaconsejaban siquiera presentar la solicitud de trabajo. Ichi Efu es también, al mismo tiempo, el retrato de un Japón fuerte, luchador, capaz de reponerse de cualquier cosa, pero también de ese otro oculto, paupérrimo, lastrado por la corrupción, que intentan ocultar siempre debajo de la alfombra. De ahí que la obra carezca de toda épica. Quienes están allí lo hacen o bien porque sienten que es su obligación o porque tienen intereses económicos en hacerlo, haciendo absurdo pretender convertir la realidad, el propio interés humano, en cierta forma de épica que se lleva mal con las contradicciones de la vida cotidiana. Son héroes, gente jugándose la vida, pero también pobres desgraciados, personas normales que si tuvieran otra posibilidad no se acercarían jamás siquiera por la zona.

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¿Estamos entonces ante algún tipo de alegato anti-nuclear? No realmente. Tatsuta insiste con cierta vehemencia en que lo ocurrido en Fukushima no es, ni por accidente, la horrenda catástrofe apocalíptica que intentaron vendernos los medios. Si bien puede decirse que su defensa a veces puede pecar de ingenua, también es cierto que nunca da puntada sin hilo, aportando pruebas, por más circunstanciales que sean, respecto a sus argumentos. Nos presenta un retrato de Ichi Efu alejado del infierno nuclear al cual nos acostumbramos, presentándolo como un lugar de trabajo difícil, lleno de tareas tediosas a causa de infinidad de normas que dificultan sus labores, en condiciones que difícilmente podrían considerarse óptimas o agradables, pero en ningún caso mortales. O al menos no en tanto las empresas no estén trucando los contadores o haciendo excesivos recortes en la calidad de los materiales.

Kazuto Tatsuta ha entrado al manga de forma discreta, no siguiendo los fastos del entretenimiento o la gloria del arte, sino los más discretos recibimientos de las piezas documentales. Pero, si dejamos nuestros prejuicios en la puerta, nos ofrece a cambio un vivido retrato de una catástrofe de tal magnitud que la prensa la definió como el apocalipsis, el gobierno como un accidente y sus trabajadores como una putada muy bien pagada.

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Ichi Efu

Año: 2016
Kazuto Tatsuta nos ofrece en 'Ichi Efu' un manga documental sobre las labores de limpieza de Fukushima 1, consiguiendo desterrar algunos mitos falsos sobre lo que ocurrió tras el tsunami.
Guionista: Kazuto Tatsuta
editorial: Norma Editorial
Dibujante: Kazuto Tatsuta