[Crítica] ‘La ciudad de las estrellas (La La Land)’ – ¿Musical de diseño?

El nuevo rey Midas del cine indie, Damien Chazelle, cambia de tercio y en su tercera película como director se desmarca con un musical de aroma clásico lleno de homenajes a diversas obras maestros del género. Stanley Donen, Vincente Minnelli, Arthur Freed y también el espíritu de Woody Allen sobrevuelan La La Land. ¿Un musical con alma o una operación de diseño?

Con La La Land (2016), que hace nada arrasó en los Globos de Oro, está pasando algo curioso. O al menos eso me pareció intuir a la salida del pase de prensa en Barcelona. Una conocida integrante de la Filmoteca de Catalunya amante, claro está, del cine clásico, salía alucinada de la sala: «¡Un musical con grúas y en Cinemascope en pleno 2016, una maravilla!«, para después afirmar que la repetiría varias veces en otro cine de la Ciudad Condal. Algo en lo que parecían estar de acuerdo los críticos más veteranos allí reunidos. Mientras tanto, en el sector más moderno y snob de la audiencia (y algo más joven también, para que negarlo), todo lo contrario y caras largas al grito de «musical hípster con muy poca alma«. ¿Choque generacional? ¿Mirada limpia versus mirada sucia? Está claro que el nivel de esquizofrenia con la nueva película de Chazelle es alto, más aún ahora que se ha convertido casi en un fenómeno de masas y sus imágenes aparecen hasta en la sopa, generando filias y odios a la velocidad del rayo.

¿Quién tiene la razón pues?, ¿los que ven en La La Land un homenaje y actualización brillante del musical clásico o los que ven solo una película prefabricada? Pues la verdad es que todos la tienen un poco. Y es que lo nuevo del director de Whiplash (2014) está partido en dos partes bien diferenciadas que justifican esas emociones encontradas. La primera hora del filme es brillante y fluye de forma natural, con números musicales a lo The Freed Unit excelentemente planificados e insertados en la narración (el inicial en la autopista y el del primer flirteo entre Emma Stone y Ryan Gosling son de traca) que guiñan el ojo a títulos como Un americano en París (1951), Cantando bajo la lluvia (1952), Las señoritas de Rochefort (1967), Xanadu (1980) y Corazonada (1981). El problema viene cuando la película se pone seria y se acerca al drama: ahí es cuando sus costuras y ese toque prefabricado sale a la luz. Aparece la fórmula y se rompe la magia que predica el filme: la idea cursi pero genial de que todos buscamos, tenemos y queremos compartir una canción y melodía propias.

Tras ese bajón de chispa y encanto, la película ya solo consigue remontar el vuelo en su desenlace. Un final amargo pero bello que conecta con la descripción agridulce de las relaciones afectivas made in Woody Allen. Y es que en el fondo, La La Land es un musical que habla sobre lo difícil que es conciliar la vida amorosa con el éxito profesional en el mundo del show business. Cómo hay que renunciar a lo primero, para conseguir lo segundo.

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La La Land

Año: 2017
¿Homenaje y actualización brillante del musical clásico o una mera operación prefabricada?
Director: Damien Chazelle
Guión: Damien Chazelle
Actores: Ryan Gosling, Emma Stone, Rosemarie DeWitt