[Crítica] ‘La flaqueza del bolchevique’: Becarios y vacas sagradas

En 1997, año en el que se publicaba la tercera novela de Lorenzo Silva, no había becarios. Al menos, no tantos, ni tan masificados. Por ello, este tipo de contrato no aparece reflejado en la clasificación de esclavos del primer mundo que realiza el bolchevique protagonista; aquel al que su enamorada llama “Jaime”. Hoy, año 2015, hay muchos becarios. Como también abundan los soplapollas, los mercenarios y (aún) las vacas sagradas.

De poco se estará enterando aquel que llegue de nuevas a este texto sin haber leído La flaqueza del bolchevique (1997) de L​orenzo Silva, ​así como si no conoce su adaptación al cine (a cargo de M​anuel Martín Cuenca, ​de 2003) ni su más reciente adaptación teatral. Resumiendo, tanto para aquellos seguidores de la obra de Silva como para los confundidos que llegaron al T​eatro Lara pensando que allí se encontrarían a María Valverde (no, no está), remataremos esta reseña desde el principio: no esperen ver, como muchos (y hasta su autor) han esperado, una historia de amor. Lo del Bolchevique nunca fue amor, sino locura. Que ya lo decía A​ventura:​ “​No es amor, es una obsesión” (tanto meterse con la bachata, y va a resultar que es hasta filosófica).

Eso sí, la obsesión cambia con cada adaptación. La de Silva era intelectual, casi metafórica: la de encontrar representada en la figura de una nínfula nada navokovniana las ilusiones incumplidas de toda una generación condenada al paraíso capitalista. La curiosidad, la inocencia turbia, el futuro por delante. La belleza. Rosana no parecía una niña de dieciséis años, sino una mujer encerrada en ese cuerpo pequeño, deseoso por experimentar de la mano de alguien a quien jamás se le escapó un lugar común por la boca. La Lolita de Martín Cuenca ni siquiera se llamaba Rosana, sino María. Y la torpeza de María Valverde no ayudó a que aquella adolescente llamase más la atención por “estar buena” que por su cabeza. Ahora, A​dolfo Fernández y David Álvarez firman un libreto en el que Rosana vuelve a ser aquella chica curiosa, abierta e impaciente por hacerse valer, y de la que nadie puede pensar que es “tonta”. Así, una gran parte del diálogo entre el tal Jaime y la locuaz Rosana está fusilado del texto original de Silva. Sin embargo, una actuación terriblemente sonrojante de S​usana Abaitua hace que el montaje cojee y no llegue a ser creíble esta flaqueza del bolchevique. Y ya que estamos… ¿por qué una actriz de 29 años para interpretar a una adolescente de 16?

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Lo que sí es cierto es que Adolfo Fernández se sale con una actuación más de tipo monólogo cómico que de drama trágico. Imposible no reírse de las fabulaciones negras y hostiles de un madurito sin futuro ante el desparpajo del actor y director, que sabe sacar el lado más tierno a un tipo que, si no fuera precisamente por su brillante actuación, daría realmente asco. Y la música, claro. Que la primera vez que vemos a Rosana sea acompañada del Hurt de Johnny Cash h​ace que gane puntos (que después perderá con cada risita tonta que se le escapa).

Han pasado 18 años, y la obsesión (la flaqueza) de un hombre condenado ya antes de empotrarse contra el coche de Sonsoles sigue vigente. El asco hacia un sistema de esclavitud posmoderna, hacia el espejismo del dinero y la comodidad de clase media, hacia la desmoralización de un sistema social que solo se sostiene gracias a la pasividad, la ambición y el consentimiento de la mayoría ante situaciones indignas e ilógicas, todo eso no ha cambiado. Parece que hoy en día pocos se paran a pensar en el por qué de las cosas. En por qué es necesario madrugar y aguantar a jefazos incompetentes, dedocracia y sistemas de poder basados en amiguismos para pagar casas y coches que, en realidad, no necesitamos, y menos a ese precio. En por qué comemos alimentos prefabricados y cancerígenos, o por qué Platón sale de las aulas de los colegios. Pocos se lo plantean, y aquellos que lo hacen encuentran su única salida en el arrastre, esperando con ansia esa flaqueza que les haga dejar de pensar en toda la mierda que les rodea. Se llame amor, obsesión, Rosana o María (y mejor no preguntarse de qué María hablamos). Hasta entonces, como siempre, el humor es un buen acompañante.

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La flaqueza del bolchevique

Año: 2015
Jaime es un “soplapollas” al que le “pesa el alma entre los cojones”. Una mañana cualquiera se empotra contra el deportivo de una pija maleducada. Como venganza, se dedica a acosarla hasta que se topa con Rosana, la hermana adolescente de la pija, de quien quedará prendido.
Director: Autor: Lorenzo Silva
Guión: Adaptación: David Álvarez
Actores: Dirección: David Álvarez y Adolfo Fernández.
Guionista: Teatro Lara