[Crítica] ‘La habitación’ – Por mi culpa, por mi gran culpa

Cuatro paredes, una cama, una cocina, una bañera y un tragaluz. Entre esas cuatro paredes, una madre, un niño y las visitas nocturnas de su secuestrador. Fuera de ellas: los animales, el cielo, las carreteras, el espacio, la lluvia. Dentro y fuera, Lenny Abrahamson explora lo traumático, lo ilusorio y el despertar de la libertad.

Atención, spoilers y TW: abusos.

La mirada de una mujer, la escritora del libro y guionista de esta adaptación Emma Donoghue, se nota desde los primeros segundos de La habitación. Fogonazos de arañazos, muebles rotos, susurros y un espacio claustrofóbico. Un cobertizo en el que, durante siete años, se ha violado a Ma (Brie Larson) casi cada noche; y donde Jack (Jacob Tremblay) ha nacido y crecido cautivo, viendo el cielo a través de un tragaluz. Me viene a la cabeza el monstruo Fritzl que tuvo siete hijos con su propia hija mientras la enjaulaba en su sótano durante 24 años. Me acuerdo de aquella vez que un tipo raptó a una chica de mi barrio y apareció días después, tirada en un parque. Recuerdo todas las veces que he visto a un hombre masturbándose en espacios públicos o me han perseguido hasta temer por mi vida. Las agresiones sexuales de cualquier tipología incomodan al entorno, pero dejan huella en todas y cada una de las mujeres que las sufren.

Uno de los momentos más brutales de La habitación, para mí, es una entrevista demencial que concede la víctima a una televisión: “¿Cómo es que no hiciste que tu captor enviara fuera al niño antes? Le habrías salvado.” Y así, en cinco segundos, resume todo el victim blaming de una sociedad patriarcal que lleva por bandera la cultura de la violación. Estás encerrada en un espacio minúsculo, siendo violada cada vez que aparece tu agresor, obligada a dormir a su lado esas noches, intentando criar a ese niño lo mejor posible en una situación insostenible, pero ¿cómo es que no se te ocurrió antes fingir que estaba enfermo o muerto para que saliera al exterior? No sé, habría podido tener una infancia normal… De un modo u otro, en una desigualdad de poder, la culpa siempre tiene que ser de la víctima, de la mujer. Que podría haber hecho más, que podría haberlo evitado. ¿Qué llevaría puesto Ma el día que ese hombre la engañó?

Situar el peso de la culpabilidad en la víctima es algo que vemos día a día en contextos sexistas: se habrá puesto en una situación de riesgo, quién le manda volver a casa sola tan tarde, la falda era demasiado corta, se dejó engañar, en el fondo quería. Desviar las responsabilidades hacia ellas es una de las razones por las que las víctimas de agresiones sexuales se sienten más avergonzadas y angustiadas. La estigmatización y la pérdida de reconocimiento social juegan un papel muy importante en ese sentimiento de culpa, y muchas víctimas sufren el aislamiento de familiares, amigos o conocidos tras conocer su agresión.

En Room, el padre de Ma (William H. Macy) es incapaz de mirar o hablar a Jack: no soporta interactuar con el fruto de esas repetidas violaciones a su hija, que para él ya está sucia. La vulnerabilidad, las creencias o asunciones sobre el mundo y los sentimientos negativos suscitados por el delito en general pueden conducir a los que rodean a las víctimas a no proporcionar el apoyo que necesitan. Son las reacciones sociales negativas las que tienen los efectos más adversos en las víctimas, mucho más contraproducentes si vienen de sujetos importantes para ellas. En este caso, Ma conoce, tras siete años encerrada, que sus padres están separados y que uno de sus pilares familiares fundamentales le niega su apoyo.

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Hay varias cosas que me encantan de La habitación: se niega a contar la historia del violador y no le ofrece ni un solo segundo de retrato; es una historia de supervivencia que cuenta abiertamente (algunas de) las consecuencias de esa resistencia; no presenciamos la captura ni vemos a la adolescente que quiso ayudar a un perro, sino que cuando conocemos a Ma ya está curtida en mil batallas. En Mad Max: Fury Road (2015), George Miller consultó el tratamiento de los personajes femeninos con la activista Eve Ensler, que le aconsejó centrarse en las motivaciones de Furiosa y las esposas y no tanto en la psicopatología del violador. A los monstruos no mirar. Ensler le dio a las actrices unas pinceladas sobre la violencia sufrida por las mujeres en todo el mundo, especialmente en zonas de guerra, y salió así de bien.

La habitación tiene menos que ver con el caso de Amstetten o la Michael (2011) de Markus Schleinzer y más con la realidad diaria de miles de mujeres que sufren violencia machista dentro de sus hogares. Una de las pocas frases que le oímos pronunciar es “no tienes ni idea de cómo es el mundo ahí fuera”. Old Nick no suena, entonces, como un secuestrador sino como un maltratador que justifica sus abusos constantes y pone la vida y la libertad de un ser humano a merced de sus deseos. Me acuerdo de todas esas mujeres presas en su casa, encerradas sin puertas blindadas o barrotes. Old Nicks, entendidos como representación del demonio patriarcal, hay muchos. Demasiados.

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Room

Año: 2015
El argumento de esta película podría recordarnos a un telefilm melodramático, pero el resultado es sutil y dolorosamente acertado en la representación de los abusos sexuales.
Director: Director: Lenny Abrahamson
Guión: Guion: Emma Donoghue
Actores: Intérpretes: Brie Larson, Jacob Tremblay, Sean Bridgers