[Crítica] ‘La seducción’ – La madurez de Sofia Coppola

Desde María Antonieta, la carrera de Sofia Coppola parecía ir cuesta abajo: la directora parecía estancada en variaciones del viejo tema de la “pobre niña rica” y The Bling Ring y Somewhere pasaron por las carteleras con más pena que gloria.  ¿Podrían cambiar las cosas con esta nueva versión de la novela de Thomas P. Cullinan?

El premio a la mejor dirección que recibió Sofia Coppola en la última edición del festival de Cannes se convirtió en noticia por dos motivos: la directora se convertía en la segunda mujer en llevarse el codiciado galardón, pero además suponía su regreso por todo lo alto a la dirección. Desde María Antonieta (2006), ninguna de sus películas había logrado el éxito de sus primeras cintas. O bien se repetía el viejo discurso de “pobre niña rica” o bien provocaba cansancio su excesivo esteticismo.  La fórmula que tan bien funcionó con Las vírgenes suicidas (1999) o Lost in Translation (2003) empezaba a mostrar síntomas de agotamiento y ni Somewhere (2010) ni The Bling Ring (2013) terminaban de funcionar. La solución ha pasado por volver a sus orígenes y darles una vuelta de tuerca.




En La seducción hay muchos de los elementos que aparecen en las primeras películas de Coppola tanto a nivel temático (mujeres frustradas, ambientes opresivos) como estilístico (una fotografía casi pictórica, poco saturada). Por supuesto, tampoco falta su gran musa (Kirsten Dunst, que se negó a adelgazar para meterse en un corsé pese a que la directora se lo pidió) ni el referente literario, en este caso, la obra homónima de Thomas P. Cullinan que narra cómo cambia la vida de un grupo de mujeres cuando deciden acoger a un soldado herido. La obra tiene todos los elementos del “gótico sureño”: drama, tensión sexual, elementos de terror, religión… Y Coppola no pasa de puntillas por ninguno de ellos, sino que se sumerge hasta el fondo poniendo al espectador en la piel de cada una de las mujeres, sobre todo en las de Edwina (Kirsten Dunst) y Martha (Nicole Kidman).

Pronto queda claro que el soldado (Colin Farrell) no es para Coppola más que un comparsa: importa poco o nada lo que siente (entre otras cosas porque es difícil incluso creerle), pero su presencia es imprescindible para que esas mujeres que llevan años matando sus emociones a base de rezo, estudio y trabajo en el campo den rienda suelta a su lado humano. Y es precisamente ahí donde Coppola saca lo mejor de sí: ni la delicadeza, ni los corsés, ni la estética preciosista… lo mejor de La seducción está en esas mujeres que han madurado con respecto a sus anteriores películas, mostrando una fuerza y unos matices que se echaban de menos en las adolescentes de su debut. Donde antes había resignación, ahora hay fortaleza, incluso crueldad: de todo, menos conformidad con lo que les ha tocado. Otro de los grandes aciertos de Coppola en La seducción, además de dar más profundidad a a sus protagonistas, está en el retrato de esa tensión sexual que podría rivalizar con la de una obra de Tennessee Williams tratando de sortear la censura del código Hays. Tampoco hay que pasar por alto el trabajo de sus protagonistas, capaces de epatar al espectador sin caer en un solo gesto histriónico o una sobreactuación.

Tras un par de cintas fallidas, Coppola regresa dando lo mejor de sí y de paso abriendo la puerta a nuevos caminos y matices: lo que nos conquistó de la directora sigue ahí, pero además ahora da un paso más allá, mostrando una complejidad que hasta ahora sólo podíamos intuir.

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The Beguiled

Año: 2017
Sofia Coppola regresa dando lo mejor de sí y abriendo la puerta a nuevos caminos y matices
Director: Sofia Coppola
Guión: Sofia Coppola
Actores: Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning