[Crítica] ‘Londres Noir. El libro negro del crimen’ – Catálogo de atrocidades victorianas.

¿Sabéis cuál era el libro de sobremesa de la sociedad victoriana junto con la Biblia? Este catálogo de barbaridades recoge varias de las biografías de los criminales más conocidos en la época que vivieron Charles Dickens o George Eliot. Todas ellas constituyen una de esas obras únicas que sólo podía traernos la Felguera.

Hay que reconocer que la Felguera se esfuerza con cada publicación en ofrecer un producto que nadie haya sacado antes y lo consigue con creces; tal es el caso de es Londres Noir. El libro negro del crimen, cuyo origen nos explican los editores en la nota con la que se abre su lectura:

The Newgate Calendar, subtitulado The malefactors bloody register (El sangrante registro de los malhechores), fue uno de esos libros, junto con la Biblia, el Libro de los mártires de Foxe y El progreso del peregrino, que muy probablemente podía encontrarse en cualquier hogar inglés entre 1750 y 1850. En 1774 apareció una edición en cinco volúmenes que se ha convertido en la clásica. Se animaba a los niños a leerlo porque se consideraba que inculcaba principios para llevar una vida recta por miedo al castigo, […] por la aburrida y seria moralidad añadida a las historias de salteadores de caminos y otros delincuentes. Los editores de una versión llegaron a tal punto que incluyeron como portada la imagen de una madre ahogada dándole un ejemplar a su hijo (que parece tener unos ocho años) mientras señala por la ventana un cuerpo que cuelga de una soga. Evocaron con lirismo el tema, tal como sigue:

La madre preocupada con amor maternal,
Ofrece nuestra obra a su futuro heredero.
Los sabios, valientes, ecuánimes y moderados,
Que aman al prójimo y confían en Dios, el Salvador,
Podrán recorrer los peligrosos caminos de la vida,
Sin temer a esos diablos que aquí se recopilan.

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A estas alturas nos puede parecer extraña la popularidad que gozó este libro (al nivel de la Biblia) pero, curiosamente, se animaba a los niños a leerlo y se consideraba imprescindible en la forja del carácter de las personas; se utilizó como herramienta moral, ya que cada capítulo exponía el caso de un criminal o criminales y las consecuencias derivadas de sus actos, promoviendo de este modo la rectitud de aquellos que lo leían. Tal catálogo de perversidades y atrocidades fue fermento de muchas historias de los grandes autores de la época:

La mayoría de escritores, al igual que la mayoría de personas cultas de cualquier ramo, lo había leído en su niñez. Y, cualesquiera que fueran sus efectos morales, no cabe duda que les proporcionó mucho material. Sus historias dieron lugar a numerosas versiones, nuevas obras inspiradas en estas o plagios. Es de ahí de donde numerosos autores eternos, como Dickens, Defoe o Lytton, entre tantos otros, sacaron muchos de sus personajes y relatos. Barnaby Rudge de Charles Dickens, Eugene Aram de Bulwer-Lytton, Johathan Wild de Henry Fielding y The collegians de Gerald Griffin son solo algunas de las muchas novelas basadas directamente en The Newgate Calendar

Pero dicha fama fue más allá incluso de las novelas, fueron famosos en la vida real:

[…] los grandes asesinos de esta obra: John Williams y los famosos asesinatos de Ratcliffe Highway. Incluso los analfabetos habían tenido la oportunidad de ver adaptaciones teatrales de los relatos que eran un clásico del drama popular de la época. Muchos de los comentarios de Sam Weller del tipo “como el …dijo cuando…” proceden de estas obras. Algunos de ellos (como Dick Turpin, Sawney Bean o el capitán Kidd) incluso aparecen actualmente en pantomimas. Existe, o por lo menos existía en 1995, un restaurante en Dumfries llamado Sawney Bean’s (¡¡¡!!!)

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Dichos relatos fueron publicados de manera anónima y recurrían a un lenguaje accesible para llegar a todos los lectores. El objetivo era divulgar las historias y promover el que no se produjeran de nuevo. Por tanto era necesario que consiguieran llegar a la mayor cantidad de personas. El lenguaje, claro, favorecía la exposición de gestas cada vez más tremebundas y horripilantes:

Sus retratos y crónicas, publicadas de forma anónima, recurrían a un lenguaje sencillo y directo capaz de dibujar escenarios brutales, inspirando la aparición del género gótico, la novela detectivesca, los relatos incluidos en los antiguos seriales Penny Dreadful (popularmente conocidas como los “horrores a penique” porque ese era el precio por una dosis de historias terroríficas) o las llamadas “novelas de Newgate”, que causaron una gran polémica, pues se consideró que glorificaban la vida y las hazañas de los célebres criminales retratados en The Newgate Calendar. De hecho, se asemejan incluso a los famosos libros de mártires de la Edad Media. Los ingleses, durante esta época, se enorgullecían de sus criminales lo mismo que de sus tropas.

En la selección que hemos hecho (una edición de la totalidad de sus relatos hubiera supuesto más de un millar de páginas) encontramos desde regicidas a ladrones de cadáveres, envenenadoras o revolucionarios. La edición, convenientemente ilustrada, cuenta con un prólogo de Charles Dickens sobre la misma prisión de Newgate, inédito hasta la fecha, así como un apéndice dedicado a la Maiden, la infame guillotina escocesa.

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En un sabio movimiento, la editorial ha optado por poner como prólogo un relato estupendo de la primera época de Charles Dickens relativo a Newgate, cuando escribía bajo el seudónimo Boz; aunque, todo hay que decirlo, no permanecía inédito hasta la fecha, lo sacó Abada en el 2009 bajo el nombre Escenas de la vida de Londres por “Boz”. Independientemente de este hecho, es una buena decisión que se complementa con un buen relato para terminar la recopilación sobre la Maiden, la guillotina escocesa.

En cuanto a los relatos, la mayoría siguen una estructura constante con una página inicial en la que aparecen los nombres de los criminales, a continuación una exposición del tipo de crímenes que realizaban para, entonces, pasar a relatar la historia relacionada con ellos y su (consiguiente) ajusticiamiento. Podría parecer repetitivo pero sí es cierto que la variedad de las historias y crímenes ayuda a que la lectura no se vuelva, en ningún momento, rutinaria. Por poner algún ejemplo, evitaré el típico de la familia de caníbales o la falsa declaración de guerra (por otra parte muy jugosos) para centrarme en otros que reflejan dicha variedad, como el de las prostitutas que se aprovechan de jóvenes indefensos:

En Londres un grupo de audaces prostitutas de la más baja calaña pasaban las noches por las calles al acecho para aprovecharse de los jóvenes indefensos. Incluso a la luz del día, como es el caso que nos ocupa, a menudo eran lo bastante osadas para cazar a alguna víctima que pasaba por accidente junto a su puerta, arrastrarlo hasta su guarida de miseria, maltratarlo y robarle.

A nuestro conocimiento han llegado circunstancias de este tipo en las que aprendices y criados eran inducidos mediante engaño, desnudados, retenidos a la fuerza hasta medianoche y luego, casi desnudos, quedaron abandonados en la calle. La víctima, aterrorizada, y feliz de escapar con vida, al encontrarse de nuevo en libertad, huye de ese lugar de perversión y, como olvida la ubicación, con demasiada frecuencia la saqueadora escapa impune.

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El lenguaje, se puede comprobar, era llano para la época, se puede ver fácilmente cómo abundan los adjetivos y nombres del momento que suenan irremediablemente anacrónicos pero que aportan una nota exótica en su lectura en el siglo XXI. Más escabroso es el caso de Edward Morgan, al que el propio diablo alienta los crímenes:

Las circunstancias que se descubrieron en el juicio de Edward Morgan en las sesiones judiciales de Glamorgan fueron estas: según como era costumbre cada año, el señor Rees Morgan, de Lanvanbon, primo del acusado, le invitó a pasar las vacaciones del primer día, se retiró a la cama junto con un joven aprendiz del señor Rees Morgan. En cuanto apoyó la cabeza sobre la almohada, según sus propias palabras, el diablo le susurró que se levantara y asesinara a toda la familia, y él decidió obedecer.

En el siguiente texto podemos encontrar de manera explícita ( se tenía que entender, sin sutilezas) cómo las malvadas artes originan destinos proporcionalmente malvados y castigables para aquel que realiza esta fechoría:

Las insidiosas artes de esta mujer la convirtieron en una peste para el barrio en el que residía y tuvo bien merecido el destino que finalmente sufrió.”

Particularmente divertidos me resultan aquellos crímenes relacionados con los resurreccionistas, un tipo de perfil específico de la época ya que robaban cadáveres para venderlos a anatomistas y médicos; profanar cementerios estaba a la orden del día, el tráfico de cadáveres también:

La gran singularidad del delito, así como la captura de este individuo, nos induce a presentar un breve resumen a nuestros lectores. El prisionero pertenecía a esa clase de hombres llamados los “resurreccionistas” (ladrones que robaban cadáveres en los cementerios para venderlos a anatomistas o médicos) y el delito por el que fue condenado lo cometió él y tres de sus socios en ese horrible tráfico.

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Peor aún es el caso de aquellos que, por no realizar profanaciones, obtenían la materia prima directamente, como si se tratara de cazar a un animal cualquiera; poco les importaba a los anatomistas el origen, el único objetivo era conseguirlos:

Las atrocidades sin precedentes que este diabólico asesino cometió, con sus socios, a duras penas podrán borrarse de la memoria colectiva. Desprovisto de cualquier rastro de humanidad, este carnicero de la raza humana fue responsable de innumerables asesinatos por los que su única recompensa era el miserable dinero que los anatomistas le pagaban por los cadáveres de sus víctimas para poder someterlos a su cuchillo.

Esta recopilación de delitos de época se lee a medio camino entre el horror y el humor. El lector se sorprenderá del tono escabroso y didáctico de los medios de la época, tan alejado de los actuales. ¿O quizás no?

Los textos provienen de la traducción de Raquel Duato de Londres Noir para la editorial La Felguera.

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The Newgate calendar. The malefactors bloody register

Año: 2015
Una selección de relatos policíacos sobre crímenes que nada tienen que envidiar a los que vivimos hoy en día.
Editorial: Edita: La Felguera
Autor: Autor: Charles Dickens y otros