[Crítica] ‘Mario Tennis: Ultra Smash’ – Peloteo en el páramo

La nueva entrega tenística de Mario y sus colegas aterriza en Wii U con el piloto automático puesto: la cosa funciona muy bien a nivel mecánico, pero se agota demasiado pronto. Pocas opciones, pocos modos de juego y, en definitiva, pocas ganas.

Mario Tennis Ultra Smash viene sellado por Camelot Software Planning, el estudio responsable de la laureada saga Shining (Force, Wisdom, etc.), la que fuera uno de los estandartes de SEGA en sus buenos tiempos, y el encargado, también, de firmar joyitas algo más recientes para Nintendo, como los Golden Sun (2001, 2002) de Game Boy Advance (la tercera entrega, que salió en el 2010 ya para Nintendo DS, no llegó a alcanzar la calidad de su predecesores). Camelot, además, ha sido el encargado de dar forma a las distintas iteraciones de Mario, Luigi, y toda la panda habitual por los campos virtuales de tenis y de golf aparecidos en distintas plataformas Nintendo.

Esta nueva entrega para Wii U de la serie de tenis de Mario -que ha dado títulos francamente buenos- ha resultado en un juego perezoso, injusto consigo mismo y con el jugador. Perezoso porque ofrece poco y lo poco que ofrece da una imagen de desgana tremenda; es un juego que transmite dejadez (dos sustantivos, desgana y dejadez, que desde luego no acostumbramos a aplicar a los juegos Nintendo). Injusto porque la mecánica o, más bien, la manejabilidad del juego, es fabulosa. Mario Tennis Ultra Smash se juega de maravilla, es sencillo, es intuitivo, y conectamos con él desde el primer minuto del primer juego del primer partido. Por desgracia, las buenísimas sensaciones iniciales rápidamente se diluyen en ese páramo desértico y moribundo que suponen el raquítico menú de opciones y, en consecuencia, los escasos modos de juego disponibles. Mario Tennis Ultra Smash es como una de esas atracciones no demasiado impresionantes de las ferias de pueblo de verano: es divertida, sobre todo si te metes en ella acompañada y/o borracha, pero justo cuando mejor te lo estás pasando te das cuenta de que ya se ha terminado.

Tenemos el modo de juego ‘Megapartido’, a individuales o dobles, que es simplemente un partido de tenis. Jugamos un partido, se acaba, y ya está. Y éste es, supuestamente, el plato fuerte del juego. Luego está el modo ‘Megapeloteo’ (también a individuales o dobles), que es una partida que se juega con una especie de balón de playa de Nivea y cuyo objetivo es pegar el mayor número posible de golpes seguidos. Si perdemos una bola, se acaba. En ‘Duelos en serie’ nos enfrentaremos, uno tras otro en partidos rápidos de un solo set, al resto de personajes elegibles del juego. Se trata de ir acumulando victorias consecutivas, así como el respectivo número de medallas con las que nos recompensan esa victorias. Si perdemos, tendremos que volver a empezar.

El modo ‘Tenis convencional’ contiene una vertiente ‘normal’, donde se pueden seguir usando los golpes especiales y golpes con salto, y la ‘sencilla’, que viene a ser el tenis puro, sin chaladuras. Por lo demás, en la misma línea que los anteriores: un solo partido y vuelta a empezar. Finalmente, el modo online viene a ser la tabla a la que asirse en este naufragio. Podemos jugar un partido amistoso, sin penalizaciones ni ganancias, o un partido serio, que nos da la oportunidad de sumar (o restar, si perdemos) puntos que afectarán a nuestra valoración como jugadores en línea. El online va como un tiro y es muy divertido, pero teniendo en cuenta el poco alcance del juego, en general, es posible que dentro de no muchas semanas sea complicado encontrar contrincantes de forma rápida.

Es una pena esta pobreza de recursos, este perfil bajo, este jugar a la mínima. El juego podría funcionar bien incluso como juego de tenis ‘normal’, es decir, sin el power-up y los golpes especiales de los modos de juego principales, porque a nivel mecánico, insisto, es una gozada, pero (insisto, también) lo escaso y lo apenas desafiante del repertorio de modos de juego echa por tierra cualquier posibilidad de mantenernos pegados a la consola más de una hora seguida. Más de una semana. Va todo a medio gas, lo justo para llegar a la meta, una meta que en este caso es garantizar un título cumplidor, divertido, pero desangelado y vacío. Sin el alma, la gracia y el mimo que se puede esperar de un juego party de Nintendo.

No es un juego malo, el esqueleto es sólido y, como decía antes, se le pueden exprimir un buen puñado de horas de diversión si (y solo si) somos de jugar online o con algún amigo en casa. Sin embargo, hace una de las peores cosas que puede hacer un juego que parte de una buena base: ser autocomplaciente, y ser tacaño.

 

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Mario Tennis: Ultra Smash

Como una atracción de la feria de tu pueblo: es divertida, sobre todo acompañada y/o borracha, pero justo cuando mejor te lo estás pasando te das cuenta de que ya se ha terminado.