[Crítica] Metallica – ‘Hardwired… to Self-Destruct’ – Hardwired… to rock and fuckin roll

Full disclosure: me gustan todos los discos de Metallica excepto el St. Anger (2003), que no escucho desde hace diez años, y son mi banda favorita. Una vez dicho esto, comencemos a analizar el décimo álbum de estudio de la que fue una de las bandas de rock más grandes de todos los tiempos. Un disco que llega seis años después del último y que ha tardado cinco en componerse. ¿Ha valido la pena la espera? Spoiler: sí.

Hardwired… to Self-Destruct es una continuación natural de Death Magnetic (2008) que a su vez era la evolución lógica del sonido de la banda, un sonido que pasó del thrash más alocado y alcohólico de los ochenta al hard rock machacón y guitarrero, oscuro y amenazante de los noventa. Este disco se compone tanto de canciones de desarrollo lento con riffs palm-muteados a negras, cuatro por cuatro a piñón y solos marca registrada de la casa como de temas reminiscentes de aquel thrash que de vez en cuando asoma la patita, especialmente en el último tema.

El disco se inicia con Hardwired, un tema que recuerda a Holier Than Thou por momentos y que también es el más corto del disco. Una patada en la cara que es también una declaración de intenciones: los inventores del heavy metal más rápido y agresivo aún pueden enseñar los dientes y demostrar por qué dominaron la escena durante quince años completos. Atlas, Rise! y Moth Into Flame, tercer y segundo single respectivamente y dos de las mejores canciones del disco, dan paso a una sección central más pausada con temas más complejos e intrincados, un alivio tras casi media hora inmisericorde. Estos temas, que suponen un cambio de ritmo en el disco, no desentonarían en un … And Justice For All (1988) y combinan los desarrollos largos inspirados en The Shortest Straw o incluso en Bleeding Me con secciones más rápidas que siguen la senda de Death Magnetic.

Mi mayor problema con el disco de 2008 era precisamente ese, que si bien contenía grandes canciones éstas apenas tenían personalidad. Y en algunos momentos del segundo disco de Hardwired… to Self-Destruct ocurre algo parecido, sobre todo con Confused y ManUNkind. Son canciones duras, difíciles de tragar, que exigen del oyente que se acomode en la silla y se concentre en ellas so pena de resultar olvidables. Afortunadamente la cosa remonta al final con Murder One, el medio tiempo dedicado a la memoria de Lemmy, sobre todo Spit Out The Bone. Pero sin duda, este disco cojea del mismo pie que Death Magnetic: la producción. Sencillamente no funciona. Partiendo de la base de que Metallica (1991) es, además de su mejor disco, el disco mejor producido de su carrera, que los Loads tienen una producción increíble y que Bob Rock sí sabe lo que hace cuando se sienta a la mesa de mezclas, la producción de este Hardwired… to Self-Destruct es bastante mediocre. La caja de la batería no tiene pegada, el bombo no tiene dinámicas y las guitarras suenan planas. El bajo se oye, al menos, pero lo único que realmente está bien producido es la pista vocal.

El disco termina como terminaba … And Justice For All, con un cañonazo de thrash old school llamado Spit Out The Bone. Y en realidad esa es la clave que me ha hecho entender todo el asunto: Hardwired… to Self-Destruct es más parecido en estructura y disposición (e incluso temática en ocasiones, no puedo evitar ver una correlación entre Murder One y To Live Is To Die tanto a nivel lírico como compositivo) a … And Justice For All que a Death Magnetic pese a que no se puede entender uno sin el otro. Incluso el desastre de producción recuerda a aquella batería tan mal hecha. Si la continuación natural del disco de 1988 fue Metallica, y no podría haber sido de otra manera, este Hardwired… to Self-Destruct es al mismo tiempo un adentramiento en terrenos del hard rock casi stoner y un testimonio a la madurez de una banda que ya no le rinde cuentas a nadie (si es que alguna vez lo hizo). Una banda que se encuentra comodísima en el sonido que ha encontrado con Trujillo, del que siempre han dicho que les hace tocar mejor, y que encaran su cuarta década de vida sin anclarse en un sonido que ya no les interesa y con una salud compositiva que para mí la querría cuando cumpla los cincuenta que tienen de media los cuatro.

Hetfield canta mejor que nunca y está igual de inspirado que siempre, Ulrich ha encontrado la comodidad en esos ritmos tan suyos y que vuelve a mezclar seis veces en cuatro compases, Trujillo sigue siendo el mejor instrumentista de los cuatro y Hammett es la madurez del guitar hero, más interesado en el feeling que en el virtuosismo. Hardwired … to Self-Destruct me ha devuelto la fe en una banda que me lleva acompañando más de la mitad de mi vida y cuya experiencia vital vuelve a discurrir paralela a la mía. Tal vez ese sea el secreto, al fin y al cabo: identificarte con el arte de quien ve el mundo de una manera parecida a la tuya.

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Hardwired... to Self-Destruct

Año: 2016
Un disco que cimenta una formación y una manera de entender el heavy metal
Artista: Metallica
Sello: Edita: Blackened