[Crítica] ‘Mother Russia Bleeds’ – Rojo sangre

Esta época de culto a los años ochenta se extiende hasta Devolver Digital, que publica un beat’em-up cargado de violencia extrema, desechos corporales y comunistas. Le Cartel Studio abraza los clásicos de recreativa para darles una nueva visión que ellos mismos definen como “huir de los grilletes de las grandes compañías”.

La idea de «antisistema» como seña de identidad que tienen en Le Cartel Studio es una lectura constante en Mother Russia Bleeds. Ambientación comunista soviética del año 1985, donde nuestros protagonistas son, prácticamente, monos de feria: Mikhail los contrata para combatir a puñetazo limpio en una arena, con el objetivo de mover apuestas y entretener al personal. Una vez el jugador ve cómo funciona el día a día de Boris, Sergei, Ivan y/o Natasha, será derrotado y capturado.

Despertará en una singular prisión, donde ha sido sometido a una serie de experimentos al más puro estilo Deadpool, pero sin una enfermedad que tratar. A partir de aquí, los combates pasarán a ser un espectáculo más psicodélico que lucrativo. El personaje principal comenzará a depender de una droga llamada Nekro con la que podrá curarse o mejorar sus habilidades. La dependencia y recolección es muy similar a la de Jack en BioShock (2007): aunque no es recomendable -ni sencillo-, puedes evitar utilizarla y se recarga de algunos de los cuerpos que vas acumulando. Sales de allí y, como los habitantes de la película Southland Tales (2007) con el karma fluido,  todo el mundo está enganchado a esta nueva droga y alucinando con sus propiedades. La subordinación al Nekro de los protagonistas es meramente argumental. Como digo, puedes pasar de inyectarte tu dosis, pero cada cierto tiempo se producirán una serie de visiones vinculadas con la historia principal. Ellos solo quieren vengarse de la Bratva por estas secuelas y el daño producido.

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Resulta complicado salir a pelar al barrio sin pensar en videojuegos de los noventa. Por ejemplo, en Vendetta (1991) cuatro hombres se toman la justicia por su mano para salvar a su compañera. La ambientación de la ciudad, los enemigos secundarios salidos de Mad Max y los bidones y bates de béisbol como armas se mantienen en este desarrollo de Le Cartel. Aunque son las sagas de Streets of Rage (1991) y Final Fight (1989) las que están más presentes: comparten también ropa, melenas y venganza pandillera, pero además se homenajean fases específicas como la mansión de Mr. X de la primera parte de Streets of Rage o el autobús de Final Fight 3 (1995). En cambio, los momentos de alucinaciones por la droga están saturados de elementos cárnicos y sustancias desagradables más propias de la invasión alienígena de Alien Storm (1990).

La elección de personajes se califica con una serie de estrellas que evalúan las habilidades de cada uno. Por lo demás son planos y escasos de personalidad, no pasan de una sencilla descripción. Incluso he echado de menos una Madre Rusia al más puro estilo Kick Ass (2010): Natasha, el único personaje femenino, carece de fuerza, lo que la convierte en una opción arriesgada para los capítulos finales.

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La ausencia de carácter en los protagonistas también afecta a los diálogos, que llegan a ser cargantes e innecesarios: un argumento complejo en un videojuego de este género pueden resultar un estorbo. Entiendo que el jugador tienda a omitir todo texto, jugar a cualquier beat’em-up produce el mismo efecto que ver Ong Back (2003) o The Raid (2011): oleadas de enemigos constantes, combos y evitar ser rodeado a toda costa. Agradeceremos tener una AK-47 a mano en los momentos más agobiantes y difíciles; incluso el juego nos obligará a ello en ciertas ocasiones, desequilibrando las peleas de forma desmesurada. Hay que destacar que los cadáveres no desaparecen, se amontonan alrededor del jugador, dificultando a veces el dar con un cuerpo que tenga la ansiada Nekro o el arma que necesitamos para avanzar.

El cooperativo parece casi obligatorio en un juego de este tipo, y se incluye la opción de jugar con bots camaradas para que no te sientas solo. Paciencia con su inteligencia artificial, ya que no podrás indicarle que te cure o se aparte: no te robará la cerveza, pero sí la droga. En algunos bosses se convierten en mero atrezzo rápidamente: no esquivan los ataques e incordian para destruir el objetivo. En cambio, en la Arena, en el otro modo de juego que encontraremos, pueden ser de utilidad cuando el suelo esté hasta arriba de los cerdos a los que te enfrentas.

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El humor escatológico y la bestialidad de las muertes acercan a Mother Russia Bleeds a la saga Hotline Miami (2012-),  la que se aprecian referencias ya desde el logo de Le Cartel Studio. El cambio se produce en un pixel art menos psicodélico a pesar del uso de las drogas: plano y sencillo, que se aleja de lo tradicional a pesar de la técnica. La estética es más cercana a la que vemos habitualmente en los desarrollos independientes, y por ejemplo comparte heces y gama cromática con The Binding of Isaac (2011). El color neón propio de las recreativas solo se mantiene en las jeringuillas.

La música de Vincent Cassar lleva a una ambientación propia de Papers, Please (2013) con los ritmos adecuados para pegar puñetazos a todo el que se cruce con el jugador. Melodías lentas y notas largas y graves para mantener una constante sensación de incomodidad y tensión, a pesar de que reinan los momentos de silencio y sonidos limitados, lo que nos acerca todavía más a la creación de Lucas Pope. No escucharéis ni un solo grito de Wilhelm.

La Rusia que nos plantea Le Cartel Studios se complica conforme vas pateando cerdos. Tienes la opción de conseguir drogas nuevas en el modo Arena antes de enfrentarte al boss final, pero yo recomiendo jugar con amigos para que los últimos capítulos sean menos tortuosos y poder mantener el tipo cuando el diseño de combates peligra. No soltéis las armas hasta que os quedéis sin munición, id hasta arriba de Nekro y recordad: todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

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Mother Russia Bleeds

Año: 2016
Le Cartel reinicia el género 'beat'em up' con un combo de sustancias extrañas, vómitos y sangre. No se arriesga demasiado, pero asegura una ocurrente dosis de puñetazos y patadas, cubierta de homenajes a los clásicos al más puro estilo Devolver Digital.
Estudio: Desarrollo: Le Cartel
Distribuidora: Distribuye: Devolver Digital
Plataformas: Microsoft Windows, OS X, Linux, PlayStation 4