[Crítica] ‘Psiconautas. Los niños olvidados’ – Sueños oscuros

Imagen de Psiconautas

Llega a las salas españolas Psiconautas. Los niños olvidados, una película de animación para adultos que, avalada por toda una colección de premios, propone un universo oscuro y descorazonador en el que sumergirnos. Un film único y poco frecuente en la producción española.

En el año 2006 la editorial Astiberri publicó Psiconautas, un cómic de un joven autor gallego, Alberto Vázquez. Aquel tebeo, que sorprendió por su tono poético y oscuro tanto como por su base de crítica social, ha sido la base para el reciente largometraje de animación 2D que Vázquez ha dirigido junto a Pedro Rivero: Psiconautas. Los niños olvidados, una película con un presupuesto limitado -alrededor de un millón de euros, según sus productores- que exprime las posibilidades técnicas con las que ha podido contar.

El film, que se estrena ahora en salas comerciales españolas tras arrasar en el circuito de festivales y ganar el Goya a la mejor película de animación, supone un salto cualitativo con respecto al cómic. Y no decimos esto porque, a estas alturas de la vida, queramos establecer ninguna clase de jerarquía rancia entre medios, sino porque es evidente que los años transcurridos entre una obra y otra han servido para que tanto la historia como los personajes crezcan en la mente de su creador. Psiconautas. Los niños olvidados es más rotunda y compleja, y desarrolla temas y conceptos que en el cómic están meramente esbozados, quizá porque ahora existe la confianza para llegar más lejos en su planteamiento.

Los directores utilizan el mismo reparto básico de personajes: el inquietante Birdboy, Dinki -una ratita asfixiada por su familia disfuncional-, la psicótica coneja Sandra, el tímido Zorrito. Da más papel a algunos secundarios y crea tramas enteras cuando es preciso, pero la base es la misma, un inquietante relato que desarrolla una poderosa simbología: tras una catástrofe medioambiental, los habitantes de la Isla dejan pasar sus días grises, rodeados de parajes yermos sin vida. Dinki, Sandra y Zorrito quieren escapar de allí y marcharse a «la ciudad», un lugar del que no sabemos nada porque, en realidad, ellos tampoco saben nada. Sin embargo Birdboy, al saber volar, podría escapar en cualquier momento, pero sus demonios internos se lo impiden. Los combate con drogas, un elemento muy presente en la historia, y, de hecho, está potenciado en el film con respecto al cómic. En palabras de Alberto Vázquez, se debe a la influencia de la situación de Galicia en los años ochenta, cuando la heroína causaba estragos.

Psiconautas. Los niños olvidados tiene la duración justa para contar exactamente lo que quiere contar, sin relleno o momentos de flojera narrativa. Muy al contrario, el guion consigue mantener siempre el interés y la tensión, moldeando una historia que no da todo mascado al público pero tampoco se recrea en su propio hermetismo. Tiene momentos estremecedores, y estallidos visuales muy potentes, casi siempre relacionados con los siniestros Psicopájaros que anidan dentro de Birdboy. A pesar del mensaje ecologista -que remite, incluso estéticamente, al cine de Hayao Miyazaki-, puede darse por buena la definición del propio Vázquez: «una antifábula sin moraleja«.

La película arranca en más de cuarenta salas, y está previsto su estreno en EE. UU. y Francia. Acompaña su lanzamiento un precioso art book publicado por Astiberri, en un gesto que parece cerrar el círculo de una historia fascinante y totalmente recomendable.

Imagen de Psiconautas

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Portada de Psiconautas

Psiconautas, los niños olvidados

Año: 2017
Una historia fascinante que no da todo mascado al público pero tampoco se recrea en su propio hermetismo.
Director: Pedro Rivero, Alberto Vázquez
Guión: Pedro Rivero, Alberto Vázquez