[Crítica] ‘Psycho-Pass: Mandatory Happiness’ – Yo soy yo y mis circunstancias

Psycho-Pass: Mandatory Happiness se revela no sólo como una adición fascinante al canon de la serie original de Gen Urobuchi, sino también una fantástica puerta de entrada al mundo de las visual novels y de Psycho-Pass.

Toda identidad es, por necesidad, endeble. No importa cuánto creamos conocer algo, cuanta historia tenga una personaje, un personaje o un lugar, pues no hace falta más que un pequeño empujón en la dirección adecuada para que su identidad, cómo se percibe a esa entidad, cambie para siempre. Es algo natural. Inevitable. Ninguna identidad está tallada en piedra. Y en tanto somos la combinación de cómo nos perciben y cómo nos sentimos, nuestra identidad varía también según cambia el mundo que nos rodea.

Esa futilidad de la identidad es parte importante de Psycho-Pass. Toda la narrativa transmedia creada por Gen Urobuchi -que atraviesa, primariamente, el anime que le da nombre- se dedica a explorar, a través de un mundo cyberpunk donde el estado psicológico de sus habitantes es monitorizado y evaluado permanentemente para así mantener la paz social, qué nos hace ser como somos. Si es posible explicar racionalmente todas nuestras acciones y sentimientos. Donde racionalmente implica cualquier explicación filosófica, científica o prospectiva que quepa imaginar por una mente tan vasta y liberada de prejuicios como la de un Urobuchi sin problemas en salpimentar cada diálogo de decenas de referencias, teorías y ataques cruzados.

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En ese sentido, Psycho-Pass: Mandatory Happiness es la continuación lógica de la serie. Transcurriendo en algún momento no especificado entre los primeros capítulos, nos pone en la piel de dos personajes nuevos, íntimamente relacionados entre sí, que tendrán que resolver, junto con el reparto del anime, una serie de casos hilvanados a través de la presencia de un villano en común. Y, como ya sabrán quienes han visto la serie -pues, aunque sea parte de una franquicia, no es necesario haber visto la serie para entender el juego; mas al contrario, dada su accesibilidad, es un juego perfecto para novatos ya sean de las visual novel o del mundo de Psycho-Pass-, la resolución del caso tiene menos importancia que poder apreciar cómo van evolucionando los personajes en sus relaciones y, muy especialmente, en las tesis que van defendiendo a través ya no sólo de sus palabras, sino también de sus acciones.

Ese de ese modo como el juego nos demuestra haber entendido la esencia de la serie original. 5pb. ha dejado de lado cualquier concesión al jugador con alergia a leer más de diez líneas de diálogo seguidas para centrarse en lo único importante de la visual novel: el texto y la toma de decisiones. Y cubriendo ese único aspecto, el juego es una delicia.

Es una delicia porque Psycho-Pass: Mandatory Happiness nos exige leer. Leer mucho. Desde que empezamos hasta que tomamos nuestra primera decisión relevante puede pasar, fácilmente, más de media hora. E incluso entonces, nuestras decisiones se limitan a elegir entre dos, tres o cuatro opciones para ir avanzando a lo largo de la historia. Entonces, ¿qué tiene de videojuego si parece, más bien, una novela interactiva? El modo en que cambia la historia. Cada decisión que tomemos nos hará variar nuestra ruta, haciendo que vaya cambiando sutilmente nuestro camino. Y si lo hacemos bien (o mal, según se mire) acabaremos en uno de los varios escenarios donde podremos descubrir qué es lo que ocurre con el cibercriminal al que perseguimos, sino también con el pasado de nuestros dos protagonistas o con el mundo que habitan. Todo ello para hacer que su mayor interés sea, por extensión, no las demostraciones de habilidad que seamos capaces de llevar a cabo, sino el juego que seamos capaces de sacarle a su narrativa.

Sólo en el plano narrativo es donde podríamos argüir alguna clase de defecto. Y es que la trama personal de los protagonistas podría parecer excesivamente previsible, de no ser porque, precisamente, ahí es donde demuestra su auténtico genio. Porque lo que en otros juegos sería un error, aquí es un acierto. Si durante la aventura se nos va dejando caer una y otra vez la relación que existe entre ellos y el villano no es por vaguedad a la hora de escribir, sino todo lo contrario: ante la consciencia de que es probable acabar en una ruta donde no se llegue a explicar todo lo ocurrido de forma satisfactoria, haciendo que el final quede en un limbo de hipótesis donde, al menos, hemos cerrado el caso, se nos dan suficientes pistas como para que podamos rellenar nosotros mismos aquellos huecos que han ido quedando por el camino. Algo que se hace evidente si tomamos ciertas decisiones (ya que nos revelarán esos secretos antes de darnos pistas suficientes para suponerlos) o si hemos de tomar ciertas otras (ya que, al permitirnos suponerlo, también nos permitirá actuar en consonancia de un modo más frío, como si lo ignoráramos, o dudar, siendo conscientes de lo que probablemente ocurre de fondo). En suma, aquello que parece un defecto es, en realidad, la construcción de la narrativa siguiendo prospectivamente nuestras propias capacidades de hilarla.

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De ahí su particular encanto. No importa cuántas veces juguemos, pues hay suficientes finales distintos como para que, para averiguarlo todo, sea necesario pasarse el juego varias veces. E incluso entonces eso no significaría saberlo todo. Cada final nos ofrece un modo diferente de abordar la situación, con información y consecuencias diferentes, por lo cual cada partida, más que una nueva revelación, es una nueva vida: una nueva identidad y circunstancias que hemos desarrollado para nuestros personajes. Y para nosotros mismos.

Eso son los videojuegos. Otra vida. Tener la posibilidad de ser otra persona, de tomar decisiones imposibles para nosotros, forjar nuestra propia personalidad más allá de lo que somos aquí y ahora. Y eso Psycho-Pass: Mandatory Happiness lo transmite mejor que la mayoría de videojuegos supuestamente más interactivos que él.

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Psycho-Pass: Mandatory Happiness

Año: 2016
Un acercamiento perfecto para neófitos al mundo de las visual novels y de Psycho-Pass al tiempo, que sigue ahondando en el lore de la franquicia y nos ofrece algunas reflexiones muy interesantes sobre la identidad personal.
Estudio: 5pb.
Distribuidora: NIS America
Plataformas: Xbox One, PlayStation 4, PlayStation Vita, Microsoft Windows