[Crítica] «Querido imbécil» – Me gusta que me pegues

Tengo el mismo derecho que tú a recibir una buena hostia”. Con esta frase – más o menos literal, deben disculparme la amnesia precoz, y más para las citas literarias- desnudaba Belén Riquelme sobre las tablas del Teatro Alfil a la que se anunciaba como la obra más comprometida de la temporada. Norberto Ramos del Val y Pablo Vázquez (director y guionista respectivamente) volvían a aunar fuerzas en esto de remover las modernas morales del público malasañero con un montaje entre cómico y ácido, bautizado con el enternecedor título de Querido imbécil. Pero, ¿a qué tanto alboroto?

Por más que pudiera parecer que el hecho de escribir y representar una obra basada en el maltrato doméstico masculino – de una mujer a un hombre, aclaremos – sea algo revolucionario, atrevido y, aún más en esta época de noticiable violencia machista, una provocación, lo cierto es que los también co-creadores de Summertime (2012) no han descubierto América. Para muestra, la propia cultura popular. Y es que, con tan solo encender nuestro televisión nos encontramos, en plena sobremesa diaria, y tras el siempre acertado telediario anunciando a bombo y platillo el número de víctimas (quédense con la palabreja) de la violencia machista, la propia telenovela Acacias 38 nos muestra como argumento principal el de un hombre encarcelado por su esposa, una arpía sin escrúpulos dispuesta a todo para destrozarle bajo una denuncia falsa de maltrato. Y nadie clama al cielo preguntándose en qué estarían pensando los guionistas. ¿Hacen falta más referencias, o bastan las miles en las que el hombre es pisoteado por una mujer impunemente? “Por el amor de una mujer jugué con fuego sin saber que era yo quien me quemaba”, que diría Julio Iglesias.

Pero claro, en este caso ni el director ni el guionista de Amor tóxico (de estreno la próxima semana en el Festival Internacional de Cine de Sevilla) buscaban la aceptación del populacho. Ni haciendo de Álvaro Lafora (Romeo) un buen hombre, un “Idiota” como el de Voltaire; ni apelando a la locura de Belén Riquelme (Desi), su maltratadora; ni conformándose con una trama ajustada a los roles de género predefinidos. Querido imbécil va un paso más allá, un paso que solo podría darse en un espacio de experimentación underground como es el Teatro Alfil de Madrid, para intercambiar estos mismos parámetros genéricos, haciendo que el hombre hable como mujer y la mujer como hombre. Al menos, como la pre-claridad del heteropatriarcado espera que hable un hombre o una mujer. Así, más allá de sesudas reflexiones sobre el significado del maltrato o el odio, el público se enfrenta a tronchantes situaciones que juegan tanto con su incomodidad como con su zona de confort. Y es que no es muy común ver a una magnífica Riquelme, piedra angular de un montaje a tres, penetrar arnés en ristre a un Lafora al que le costó coger ritmo y confianza sobre las tablas.

QUERIDO IMBÉCIL 1

Tras constantes rupturas de la cuarta pared, la inexperiencia de la tercera en discordia, una Mariu Bárcena (Catalina) en estado de gracia completa el trío con un personaje mezcla de Her y Lolita, utilizando su voz para dar vida a la telefonista de un centro de ayuda a las víctimas de violencia doméstica. Personaje del que tanto Desi como Romeo acabarán perdidamente enamorados. Fachada tras la que encontramos también una sutil referencia a aquel fantasma lacaniano, a ese cúmulo de proyecciones que tenemos por obsesión encasquetar a aquellos de los que nos sentimos cercanos. Un personaje al que, cómo no, le espera una consecución digna de los creadores de Faraday (2013).

Sea como fuere, el caso es que, hombres o mujeres, a fin de cuentas no dejamos de ser personas. Y, si en algo tenemos plena igualdad, mal que nos pese, es en la capacidad de hacernos sufrir los unos a los otros. Sobre todo, en la intimidad que solo nuestra propia mente es capaz de perturbar. “Tengo derecho a que me den una hostia”, exclama Desi sobre las tablas. Tenemos derecho a no ser solo víctimas ni solo verdugos, a dejar atrás los estereotipos y convertirnos en personas más allá de nuestro género. Personas capaces de inflingir dolor, placer, amor o (sobre todo, en el caso de Querido imbécil) incontenibles carcajadas. Y también tenemos derecho a cagarnos en los muertos de Norberto Ramos del Val y Pablo Vázquez por haber perpetrado tamaña osadía de igualar el sufrimiento del hombre y la mujer. O, también, de idolatrarles por ello. O de que nos deje indiferentes. Todo es a gusto del consumidor. Y las cervezas del Teatro Alfil, todo sea dicho de paso, no son tan caras como parecen.

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Querido imbécil

Año: 2015
El matrimonio de Desi y Romeo se encuentra en crisis. Ella es una ejecutiva agresiva que le maltrata, y él un parado con vocación artística que se termina enamorando de la voz telefónica grabada de un centro de ayuda a víctima de malos tratos.
Director: Dirección: Norberto Ramos del Val
Guión: Guión: Pablo Vázquez
Actores: Interpretes: Belén Riquelme, Álvaro Alfora, Mariu Bárcena.