[Crítica] ‘Semillas de ansiedad’- Regreso al pavor químicamente puro.

Semillas de ansiedad (2004-2005), de Masaaki Nakayama, es un manga de terror en la tradición de grandes autores como Kazuo Umezu o Junji Ito, pero con un formato autoimpuesto que limita su narrativa de forma radical. Relatos efímeros de terror que anteponen la experiencia sobre la historia. Una propuesta casi experimental que conecta al lector un miedo irracional profundo. Un cómic imprescindible que fue adaptado al cine en 2013.

Hay algo en el manga que hace de su lectura una experiencia muy diferente a la de otro tipo de cómics de terror. Los tebeos de miedo occidentales nos divierten, nos fascinan, nos dan, quizá, algún momento de atmósfera y recreo visual macabro. Por otra parte, las obras de Suehiro Mauro, Hideshi Hino o Junji Ito son incómodas, desoladoras, terroríficas o directamente tan salvajes que amplían los límites de la imaginación. El manga de horror rompe límites y es, directamente, un género propio. Cada autor tiene su universo y personalidad, y un estilo de dibujo que, normalmente, no tiene tanto que ver con el grafismo que el tópico asocia al manga (ojos gigantescos, cuerpos de proporciones antinaturales y muchachas sexualizadas al extremo). Para nada: desde Kazuo Umezu a Shintaro Kago, la forma de ilustrar de este subgénero suele tender a un dibujo más realista o artístico.

fuan03

A menudo, tanto los aficionados al género como los de otro tipo de cómics caen fácilmente en ese tipo de prejuicios, creando una pequeña barrera impermeable sobre los citados autores. Por otro lado, hay quienes esperan encontrar en el manga japonés de terror versiones ilustradas de las típicas kaidan eiga y sus fantasmas vengativos de largo pelo negro: esas mujeres en camisón que saturaron de tal manera la cinematografía oriental de la pasada década a partir del éxito de The Ring (1998) y que, prácticamente, se fagocitaron a sí mismas. No significa esto que no haya buena influencia de las clásicas historias de espectros enfadados, pero para bien o para mal, hay mucho más en el manga de terror que Sadako. Es innegable que en el noveno arte de las islas hay una diversidad y riqueza incalculable a reivindicar y aún muy desconocida, tanto en su historia como en su vasta bibliografía.

Lo cierto es que en España no nos podemos quejar. Las ediciones de manga de terror son relativamente frecuentes y bastante completas. Tenemos a Mauro, Ito, Hino, Kago… básicos que en los últimos años siguen llenando las estanterías de librerías especializadas. Una de nuestras mayores carencias eran los tebeos de Masaaki Nakayama y, aunque sea relativamente reciente, su obra más característica, Semillas de ansiedad, es una pieza imprescindible. Muchos os preguntaréis qué tiene de especial su trabajo para ser considerado por muchos, entre los que me incluyo, un digno sucesor de Junji Ito. Pues sencillamente, que acojona. O sea, de verdad. Los cómics de este señor dan miedo. Y no, no utiliza sangre ni gore a lo loco, ni siquiera llegamos a ver a los protagonistas morir o sufrir las consecuencias de los seres que les acechan.

fuan05

Semillas de ansiedad basa sus historietas en leyendas urbanas, supersticiones generales y historias de fantasmas, demonios y seres. Seres en general. Seres que no sabes de dónde vienen. Ni cómo. Ni por qué. De todas clases y tamaños. Probablemente muchos tengan base en fantasmas y yokai bien catalogados en el imaginario fantástico de Japón, pero para un occidental, lector de manga medio, son cosas. Apariciones que dan miedo. Y el argumento se suele reducir a eso. No hay espacio para mucho más. Los relatos no suelen sobrepasar las cinco o seis páginas. Todos ellos tienen temática sobrenatural y una estructura muy definida. No busques variaciones en el menú: Nakayama sirve lo que sirve. No trata de engañar a nadie ni hay una conexión interna entre las historias, ni una trama superior o un mensaje detrás de todo. Cada historia tiene un solo objetivo: hacerte pensar dos veces antes de apagar la luz de tu habitación y mirar hacia la ventana.

Claro que el estilo del japonés no es para todos los gustos. Su objetivo es plasmar instantes de una historia de la que no ofrece más detalles que una localización y una leyenda de dos líneas. Elige un tema (por ejemplo, una escuela) y desarrolla cuatro o cinco escenas relacionadas con los pasillos siniestros de un colegio, cuando todos sus alumnos se han ido ya a casa. No sabemos quienes son los personajes, ni que hacen, ni si son merecedores de lo que les pasa. Nakayama trata de cristalizar el momento en el que éstos se encuentran de bruces con lo inexplicable. Son momentos febriles, fugaces y que casi entran en el mundo de las pesadillas. Un producto del subconsciente. Digamos que cada historia es el clímax de un creepypasta cualquiera, pero dando por hecho que hay una leyenda subyacente, prescindiendo de toda construcción previa al momento final. Se elimina todo el camino hacia la recompensa, son momentos de los que uno infiere que hay mucho detrás, pero sólo obtienes el momento cumbre. Semillas de ansiedad es una colección de momentos cumbre de horror.

fuan06

Contrariamente a lo que pueda parecer, una propuesta tan radical y que repite el mismo esquema una y otra vez, no se llega a hacer aburrida en ningún momento. Al contrario, crea una adicción infernal. Si Nakayama se presentara a un concurso de microrrelatos, es probable que ganara: su economía narrativa está perfectamente calculada, y cada pequeña escena siempre implica una historia detrás. Hay detalles que nos indican que el autor trabaja mucho más en cada cuento de lo que deja ver, permitiendo que el lector sea el que se pregunte las cuestiones importantes. ¿Hay un monstruo en el armario? ¿Qué hay debajo de tu cama? ¿Hay algo dentro de la oscuridad del pasillo? Para ellos se vale de un gran manejo de la atmósfera, de las localizaciones, y consigue colocarnos en una posición cercana a lo cotidiano en pocas viñetas, preparando el terreno de sobra para el twist final.

El formato conlleva otra ventaja, y es la gran facilidad de afrontar su lectura en pequeñas dosis. Nunca genera pereza empezar una historieta, ni hace falta buscar un hueco largo en el día. Además, su carácter efímero juega con la memoria y se esfuma con facilidad, generando un gran valor de relectura. Nakayama no engaña y es bastante literal en el nombre de su obra. Aunque no renuncia a una complicidad con el lector basada en un ligero tono de humor negro, cada pequeña historia es una pequeña semilla, un germen de incomodidad que puede crecer y provocar un desasosiego similar al que se sentía cuando, en la adolescencia, jugabas a contar historias sobrenaturales que creías a ciegas. El mismo resorte que aparece en tu mente cuando, ante un espejo, aún te lo piensas antes de decir tres veces «Candyman». Por si acaso.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad

Fuan no tane

Masaaki Nakayama ofrece una serie de instantes de pura inquietud, relacionados con historias de fantasmas, demonios y entes sobrenaturales del imaginario japonés relatadas a través de su atmosférico estilo de dibujo.
editorial: Edita: ECC ediciones
Dibujante: Guión y dibujo: Masaaki Nakayama