[Crítica] ‘Spectre’: La apoteosis del James Bond serio

¿Echas de menos los gadgets disparatados, el humor absurdo y las guaridas malignas edificadas dentro de un volcán? Lo sentimos mucho: Spectre no ofrece nada de eso. Pero, menos mal, la nueva incursión de Sam Mendes en el universo de James Bond entrega bastantes cosas a cambio.

Skyfall (Íd., 2012), la primera aventura de James Bond dirigida por Sam Mendes, sirvió para muchas cosas. Por ejemplo, para que más de un crítico derramase sobre ella las misma clase de emanaciones con las que ya había regado a El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), sentenciando que el director de American Beauty había llevado a cabo con 007 un logro similar al de Christopher Nolan con Batman: llevar al personaje a una etapa ‘madura’ (peligroso vocablo, que equivale a «respetable» en el vocabulario de según quienes) mediante la amputación sistemática de cualquier elemento fantasioso.

Pero, de la misma manera, la tercera película de Daniel Craig al servicio secreto de Su Majestad británica sirvió para concentrar y redefinir una quejumbre que llevaba gestándose desde 2006, cuando Casino Royale llegó a los cines. Si con dicho filme y, especialmente, con Quantum of Solace (Íd., 2008) los detractores señalaban que Bond se había bournizado, ahora pasaron a afirmar que se había nolanizado. Lo cual, en ciertos círculos muy próximos a esta santa casa, equivale a un pecado capital. Así pues, ahora que hemos podido ver Spectre, llega el momento de matizar y poner orden. El último trabajo en la saga del director inglés (y quizás también el de un Craig ya muy harto del personaje) se atiene a estas constantes de seriedad y pochez. Ahora bien: también se las apaña para sacarles bastante partido.

Claro que, si uno debiera juzgar el filme por sus títulos de crédito, no podría dar un veredicto positivo ni de lejos. Tras una persecución inicial muy apañada (y en la que Mendes aprovecha para lucirse con un plano secuencia de los larguitos: que quede bien claro que esto es un Bond ‘de autor’), la intro de Spectre corre el riesgo de pasar a la historia como una de las más idiotas de todo el serial. Entre la canción de Sam Smith (¿qué ha hecho el pobre Bond para merecerse eso, con lo que moló el baladón de Adele hace tres años?) y una imaginería que, con tanta dispersión conceptual y tanto tentáculo, nos ha hecho añorar los colores fosforito y los chun-tachún de Duran Duran en Panorama para matar (A view to a kill, 1985), película estrenada, mira tú, hace justamente tres décadas. Por fortuna, la cosa mejora a partir de allí. Y lo hace mediante un ardid que, si bien despuntaba ya en Skyfall, continua sorprendiendo: buena parte del atractivo de Spectre viene del protagonismo que le da al universo de Bond, y sobre todo a los personajes que lo forman. Este 007 sigue siendo un lobo solitario, algo recalcado por Craig con un arsenal de ceños fruncidos y encogimientos de hombros que podrían dejar a los de Tom Hardy en mantillas. Pero también es parte de una organización. Incluso de un equipo.

Así las cosas, la porción de metraje otorgada a Ralph Fiennes (¡coño, Voldemort con traje sastre!), a la Moneypenny de Naomie Harris y al Q de Ben Wishaw resulta agradable, por lo novedosa y por darle al agente un buen telón de fondo sobre el que llevar a cabo sus demoliciones, sus seducciones y sus ejecuciones. De la misma manera, esa Monica Bellucci tan fugaz, pero tan estupenda, y sobre todo Léa Seydoux, cumplen muy bien como ‘chicas Bond’ pero también lo hacen como chicas de carne y hueso, algo que se agradece mucho. En la otra esquina del ring, Christoph Waltz pone un poco el piloto automático, pero funciona y (por momentos) acojona, mientras que Dave Bautista, híbrido de secuaz y armario ropero, corre el riesgo de acabar como el mejor aspecto menos valorado de la película. Richard Kiel, el añorado ‘Tiburón’, tiene por fin un heredero a su altura.

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Por lo demás… pues resulta muy curioso ver cómo el guion de Neal Purvis, Robert Wade John Logan se centra en los aspectos más fantasmagóricos y de derribo de la saga. Escena tras escena, el trío hace hincapié en el pasado de Bond, como personaje y como franquicia. Un pasado del cual, mucho ojo, Cuánto sol hace fue extirpada casi por completo: será que Paul Haggis no hizo buenas migas con Purvis y Wade. A esto hay que sumar un tono casi tan sórdido como el de Desde Rusia con amor (From Russia with love, 1963) que, en sus mejores momentos, tiende a la fantasmagoría. Menos mal que Spectre puede ofrecer estas virtudes, porque en ella también hay defectos enormes: la motivación del villano es un puro macguffin, la noción de que el protagonista lucha contra una organización criminal superpoderosa apenas se hace notar, y, delito imperdonable, alguna de sus escenas de acción resultan cansinas o incluso sobran. ¿Para qué leches sacar una avioneta si todo el patio de butacas sabe que ésta va a acabar con las alas arrancadas y estampándose contra un granero?

Sumando todo esto, podemos llegar a una conclusión muy curiosa: Spectre es la primera ‘película Bond’ en muchísimo tiempo que depende más del suspense y de sus escenas de diálogo que de las set pieces o las explosiones. ¿Es esto bueno, o es malo? Que juzgue cada cual, porque a nosotros nos interesa más destacar otra cosa: aun y a pesar de la obsesión tecnológica, de los ambientes de metacrilato y de ese Aston Martin que más parece un Volvo de puro mazacote, la cinta no para de volver la vista atrás con una nostalgia que disimula cada vez menos según va avanzando su metraje. A tanto llega esta obsesión con el pasado, que uno piensa que el filme podría servir como digna despedida, no ya para Daniel Craig como rostro de la saga, sino para la saga en su conjunto. De la misma manera que Skyfall le ofreció una digna despedida a la M de Judi Dench enfrentándola con sus cuentas pendientes, Spectre ofrece la oportunidad de darle el cerrojazo al serial dejándonos un recuerdo grato, antes de que la revisión posmoderna haga su labor de carcoma arruinando todos estos logros. Esto no va a pasar, está claro, pero tal vez debería. Ahora, sólo queda ver cómo resuelven la papeleta los sucesores de Mendes detrás de la cámara.

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Spectre

Año: 2015
Profundizando en la pochez de 'Skyfall', Sam Mendes y Daniel Craig entregan una película que podría servir de colofón a la saga de 007.
Director: Dirección: Sam Mendes
Guión: Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan
Actores: Intérpretes: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ralph Fiennes