[Crítica] ‘Spider-Man: Homecoming’ – Este es el Spidey que andábamos buscando

Hace una década se estrenó Spider-Man 3, tercera película del trepamuros que tras una recepción cuanto menos mixta acabaría lanzando al personaje a una encrucijada de la que Sony, poseedora de sus derechos, no parecía saber muy bien cómo salir. Años después, tras un reboot en dos entregas sumidas rápidamente en el olvido, Spider-Man por fin ha vuelto a casa -esto es, a Marvel, y a su Universo Cinematográfico-, y lo ha hecho a bordo de, probablemente, el film que mejor entiende y respeta su mitología. Y eso que ni siquiera mencionan al tío Ben.

El estándar de calidad de Marvel puede llegar a dar rabia por momentos. Siguiendo religiosamente un esquema y unas fórmulas básicas con las que apuntalar cada uno de sus guiones, y sin dejar decir gran cosa al director de turno -a no ser que seas Edgar Wright o Joss Whedon, en cuyo caso te vas a acabar yendo a la calle- la Casa de las Ideas viene ofreciendo de manera semestral película apañada tras película apañada, con salidas de tono muy ocasionales y jugosas –Iron Man 3 (2013), Guardianes de la Galaxia Vol. 1 (2014) y 2 (2017)-. El estándar de calidad de Marvel puede ser, en fin, aburrido. No cabe duda, sin embargo, de que conocen a sus personajes, los han visto crecer y desarrollarse durante décadas, y en forzosa consecuencia saben exactamente qué hacer con ellos.




La largamente ansiada incorporación de Spider-Man al MCU se materializó en una escena de Capitán América: Civil War (2016) que si se hubiera eliminado no habría modificado el argumento en lo más mínimo –no en vano fue confirmada a última hora–, pero también nos habría privado de uno de sus momentos más gloriosos: encontrarnos cara a cara con el Spider-Man que siempre habíamos tenido en mente, alejado de los ojos enrojecidos del pobre Tobey Maguire y el pelazo del Andrew Garfield skater: Tom Holland era el punto medio. Gracioso, atolondrado, entrañablemente patético. Era nuestro Spidey. Y además aún estaba en el instituto.

Spider-Man: Homecoming, dirigida por Jon Watts -discreto profesional que probablemente se encargue también de la secuela ante un globalizado encogimiento de hombros- ambienta las aventuras de Peter Parker en los años de la adolescencia, buscando desde el comienzo un vínculo con las películas de John Hughes que acaba cristalizando, más que en un impostado humor referencial -que no va más allá de un plano aleatorio de Todo en un día (1986) y un reflejo en forma de descacharrante carrera por Queens-, en el inusitado cariño con el que están descritas las relaciones entre los chavales. No es ya sólo el absoluto entusiasmo que muestra Tom Holland -al que ya podemos ir confirmando como el mejor Spider-Man de la historia cinematográfica- en la piel del protagonista, sino el estupendo casting que le rodea, en su mayor parte debutante, compuesto por el imprescindible amor de instituto (Laura Harrier), el escudero torpón (Jacob Batalon) o el abusón (un divertidísimo Tony Revolori). También aparece Zendaya, sí. Incluso llega a haber un baile, sin que se vea perjudicada la sensación de cercanía.

Una sensación, por lo demás, que se extiende hasta el villano de la historia, asignatura habitualmente pendiente en Marvel que aquí es subsanada a las mil maravillas, gracias a una interpretación llena de energía y retranca por parte de Michael Keaton. Su Buitre no sólo protagoniza la escena más divertida a la par que angustiosa de la película -el momento en el que amenaza a Peter en el coche-, sino que está escrito con sorprendente esmero, logrando consumar esa mezcla de humanidad y macarrismo que ya se intentara hace diez años con el Hombre de Arena de Spider-Man 3, sepultado finalmente bajo esas huestes de antagonistas y bailes idiotas que acabaron consumiendo la última película del lanzarredes con Sam Raimi como director.

Y no, aquí no hay tío Ben que valga. En su lugar, y aprovechando para justificar que este Spider-Man formará parte de los Vengadores algún día, tenemos a un Tony Stark (Robert Downey Jr.) que aparece mucho menos de lo que los (horripilantes) tráilers auguraban, y que permite que Peter Parker brille todo lo que pueda permitirse brillar. Que es mucho. Spider-Man: Homecoming, en sintonía, se revela como una de las películas más divertidas y emotivas del Universo Cinematográfico de Marvel, teniendo en su haber tantas reservas de buen rollo que incluso logra que acabemos pasando por alto lo deficiente de las escenas de acción, o lo irregular del segundo acto. Porque este Spider-Man es el auténtico. El que para disimular su miedo no hace más que soltar chistes malos. El que es incapaz de conciliar su vida privada con sus actividades como espantajomán. El Spider-Man que queríamos, que seríamos. Que nos gusta ver. Algo que ya se va presintiendo, por cierto, cuando nada más comenzar la película, en vez de la habitual fanfarria heroica marvelita, escuchamos los compases de la serie de animación de los años sesenta.

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Spider-man: Homecoming

Año: 2017
La llegada de Spider-Man al Universo Cinematográfico de Marvel se salda con una película de marcado toque humorístico y ambiciones tan escasas como plenamente consumadas
Director: Jon Watts
Guión: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers
Actores: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr.