[Crítica] ‘Sticky Fingers’ – Cómo el creador de ‘Rolling Stone’ ayudó a fundar la contracultura y a neutralizarla

Una historia recurrente, convertida en tópico ya, es la de Robert Johnson vendiendo su alma al diablo para tocar blues en alguna carretera perdida de América. Esto ha servido de metáfora perenne para escritores intensos aquí, un poco risibles a la altura de 2018, que inundaron publicaciones como Popular 1, Rockdeluxe o Ruta 66. Ese estilo, que ahora solo practica Loquillo borracho después de un mitin de Ciudadanos en Hospitalet, tuvo su apogeo en la legendaria revista Rolling Stone, fundada el año 1967 por Jann Wenner. La biografía reciente de su fundador, con un trabajo de fuentes envidiable y portentoso de Joe Hagan, es quizá el mayor y más brutal juicio a esa generación que ha dominado los media desde la década prodigiosa…

La pregunta, entonces, sería ¿Cuándo vendió su alma Jann Wenner al diablo (el establishment)? ¿Fue en 1969 cuando salvó la revista con el dinero de las discográficas? ¿O quizá en 1977 cuando cambió la sede de la publicación de San Francisco a Nueva York? ¿Puede que fuera en los noventa, cuando las modelos copaban las portadas más que los músicos? Es difícil de contestar…o no. Porque Joe Hagan demuestra en este libro que Wenner estuvo vendido siempre al mejor postor, siendo su único objetivo el enriquecimiento personal.




No era nada tonto ese chaval que, sin llegar a los treinta años, traicionó a John Lennon vendiendo un libro con sus entrevistas en la revista, lo cual había prohibido tajantemente el ex Beatle. Tampoco el tipo que publicó un diagrama cipotudo con todas las relaciones de la brillante cantautora canadiense Joni Mitchell, que le guardó justo odio eterno. Ahora, ese buen mercader fenicio, que coleccionaba casas y aviones, tuvo el valor y visión de lanzar al estrellato a Hunter S. Thompson con su célebre serie de Miedo y asco… en los contextos más marcianos de Estados Unidos. Una bizarría que el autor de la biografía no niega, claro, pero contextualiza con las pasmosas inversiones de alguien en las antípodas de estar contra el sistema. Quizá por ello la revista sobrevivió con textos de calidad decreciente, muy decreciente, pasados los años ochenta, mientras otros magazines de mayor calidad como Crawdaddy en los sesenta o Spin en el tiempo del rock alternativo tuvieron una suerte adversa.

Hagan pone, además, su lupa millennial, aguda aunque puritana, para recordarnos la homofobia de autores como Thompson. El vehemente escritor llegaba a ir lugares de encuentro gay con un perro y una porra buscando asustarles, cita Hagan de Sandy Thompson, su ex mujer, la cual también le acusó de maltratarla. Gran parte de este “periodismo canalla”, (Joe Eszterhas, Lester Bangs…etc.), es develado como propio de psicópatas beodos, con frases desafortunadísimas, y de rendimiento decreciente; inversamente proporcional a sus adicciones. Un ejemplo: ante una historia sobre abusos sexuales que trajo al consejo editorial la periodista feminista Ellen Willis, Eszerthas -posterior guionista de Instinto Básico y Showgirls– consideró que para él lo mejor “en una violación es hacer como que disfrutas…”. En contrapartida, hubo héroes, claro, como el casi imberbe Cameron Crowe y especialmente el crítico de jazz Ralph J. Gleason, responsable principal del prestigio de la primera y mejor etapa del magazine.

Jann y Jane Wenner

La fascinante biografía personal de Wenner, con todo, no pasa desapercibida en esta investigación: bisexual en el armario durante años, fue incapaz de divorciarse de su mujer por temor a perder el control de la publicación. He ahí la paradoja: el gran visir de la liberación social en América no fue capaz de hacer pública su sexualidad, mientras engañaba e incluso traicionaba a artistas como Elton John o David Bowie para que le dieran titulares polémicos sobre ambigüedad sexual.

Trepa indiscutible a la vez que editor sin moral; hombre capaz de reconvertirse de hippie “con pinta de troll de las cavernas” (Hunter S. Thompson dixit) en modelo de Ralph Lauren para páginas satinadas en blanco y negro de revistas neoyorkinas de más de cuarenta dólares. Una paradoja andante, “Jano bifronte” le llama Hagan, que es perfecto protagonista de uno de los mejores y más brillantes ajustes de cuentas jamás publicados. Wenner, de hecho, al ver el resultado final declinó aparecer en giras de promoción del libro y consideró que el autor se había excedido en sus juicios. Poco después, dejó en venta parte del accionariado de Rolling Stone. Las versiones internacionales, muchas de ellas (incluida la española), habían cerrado ya por falta de ventas.

Parece que al final la frase que corona Easy Rider de Peter Fonda podría extenderse como perfecta metáfora generacional a Wenner y su falsa lucha contra los poderosos: “La hemos cagado, tío”.

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Sticky Fingers: The Life and Times of Jann Wenner and Rolling Stone Magazine

Año: 2017
Autor: Joe Hagan