[Crítica] ‘The Assassin’ – El wuxia desconcertado

El taiwanés Hou Hsiao-Hsien se alzó con el premio al Mejor director en el último Festival de Cannes gracias al wuxia The Assassin, quizás el trabajo más discutido de su dilatada trayectoria. Os contamos por qué nos ha parecido una maravilla.

La película más bella que he visto en mi vida”, “Una de las producciones asiáticas más hermosas”, “Imposible no caer rendido ante el brillo de sus imágenes”. Estos son los comentarios que, aparentemente al borde del éxtasis, han firmado algunos críticos a propósito del último largometraje de Hou Hsiao-Hsien, que es también el primero en ocho años tras El vuelo del globo rojo (2007). No es de extrañar: el apabullante tejido cromático y la elegante aportación del director de fotografía Mark Lee a la reconstrucción, con ecos pictóricos, del imaginario cinematográfico en torno a una época poseen un fragor visual subyugante. No obstante, tal vez haría falta comenzar —como en cualquier otra de las películas del autor de Millennium Mambo (2001)— por una pregunta bastante sencilla, aunque más de un cinéfilo prefiera ingerir una dosis de cicuta antes que admitir que se le ha pasado por la cabeza: ¿qué demonios está ocurriendo en la pantalla?

Una desorientación, pienso, sana, fundamental en la particular poética del taiwanés. ¿Qué es lo que sabemos? En la China del siglo IX, cuando —como explican escuetamente los rótulos que abren The Assassin— la Dinastía Tang se halla en plena decadencia a causa de los importantes focos de disidencia que encabeza la provincia militar de Weibo, Yinniang es una asesina a quien se le encomienda la tarea de matar a Tian Ji’an, gobernador de la región y primo de la protagonista, con el que —¡ay!— estuvo a punto de contraer matrimonio tiempo atrás. Hasta aquí, tenemos los contornos argumentales de un wuxia tradicional —género afincado en las artes marciales, históricamente prolífico en Hong Kong y Taiwán, que bascula entre el vértigo de los combates con armas blancas y el culebrón moral-sentimental—, como aquellos que consumía con fruición, según sus propias palabras, el bueno de Hou en su infancia.

https://www.youtube.com/watch?v=cm-ZquE5LOY

Una vez hemos dado el paso inicial, todo se vuelve borroso. Las elipsis difuminan la trama. Las asociaciones entre personajes se tornan confusas (los interesados tenéis a disposición este árbol genealógico, cortesía de Shelly Kraicer). Es una narración de género, ciertamente, pero como ya ocurriese en Café Lumière (2003), las acciones incesantes que han dado habitualmente forma a las obras de Hou se transmutan en gestos dubitativos: los personajes, durante casi todo el filme, deambulan, meditan y manifiestan, como nosotros mismos, su desconcierto, su incomprensión en torno a la evolución de los acontecimientos. The Assassin es un wuxia pasado por el filtro del cine sin brújula que practica Hou: la cámara, en su recorrido por los escenarios, eludiendo detalles y descubriendo —en mitad de una escena— otros inesperados, realza no tanto lo fragmentario e insuficiente de la información que se nos está ofreciendo, sino la intuición de que hay mucho más detrás de las imágenes. La actriz Shu Qui, perfecta encarnación del único personaje en devenir eterno —también el único que nos evade de la ilusión pictórica que determina la mayoría de los planos—, acompañada consecuentemente por la cámara en sus aéreos, raudos movimientos de combate, está teñida de una ambigüedad inusual, fuera de lo común. Un llanto y otro par de gestos significativos son lo poco que sabemos de su disputa interior: ¿está enamorada de su futura víctima? ¿son principios morales o emocionales los que la llevan a tomar una decisión con respecto a su misión?

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Por primera vez en una película de Hou Hsiao-Hsien, la estética, de un preciosismo recreativo que roza la saturación, no se ensambla naturalmente con la ficción. Por ello, termina arrollando la H(h)istoria y los códigos del wuxia para, en primer lugar, desdibujar los engranajes del género y convertirlo en un campo de juego social y psicológico donde todo puede ser; y, en segundo lugar, para delatar, de forma consciente o no, la infructuosidad de aquella voluntad que regía las creaciones previas del director: entender las fuerzas que operaron en nuestro pasado —colectivo o individual— y que han originado las transformaciones que se están produciendo en el presente. En el caso que nos ocupa, la redención de Yinniang, su incertidumbre entre la educación cincelada en sus músculos por la monja princesa Jiaxin y los instintos que animan su alma. Una tensión que acaso solo pueda resolverse satisfactoriamente en el ensueño melancólico de una fábula genérica que se sabe tal, y que, por tanto, niega la capacidad del cine contemporáneo para resolver conflictos más hondos de lo que las convenciones ideológicas dominantes nos han hecho suponer; conflictos que, quizás, aún no entendemos. O que no nos importan.

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2 comentarios

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Los comentarios están cerrados.

Nie yin niang

Año: 2015
Quien esperara que Hou Hsiao-hsien se marcara un wuxia según el estándar del género, se sentirá más que decepcionado.
Director: Dirección: Hou Hsiao-Hsien
Guión: Guion: Hou Hsiao-Hsien, Chu Tien-Wen, A. Cheng
Actores: Intérpretes: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan