[Crítica] ‘The Red Strings Club’ – Del cyberpunk nos quedamos con la ética

Deconstructeam vuelven a la carga con The Red Strings Club, un videojuego cyberpunk sobre la empatía que habla de hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir un mundo mejor. Todo ello evitando el estéril debate del bien contra el mal tan propio del videojuego mainstream.

Gods Will Be Watching duele. Duele porque nos pone en una serie de situaciones donde la brújula ética está completamente rota: hagamos lo que hagamos, seremos responsables del sufrimiento y la muerte de un número variable de personas. Podemos modular la cantidad de sufrimiento, pero no la existencia del mismo. De ese modo, en el primer juego de Deconstructeam con Devolver Digital, lejos del maniqueo sistema de la mayoría de juegos mainstream, no había una opción buena y una opción mala: sólo había decisiones cuestionables. Es decir, cuestiones éticas. Un eterno preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra vida.




Algo que no ha cambiado en absoluto en The Red Strings Club.

Siguiendo la historia de un traficante de información, Donovan, su compañero hacker, Brandeis, y un androide capaz de empatizar, Akara-121, todo cuanto ocurre en el juego se circunscribe al descubrimiento de que la corporación Supercontinent Ltd. está llevando a cabo un plan para someter a la Humanidad, pero qué pretenden y cómo evitarlo es algo que no sabemos. Ahí entra en juego el factor mecánico. Y precisamente ahí, en lo jugable, es donde Deconstructeam han decidido ponerse creativos.

Hay una mecánica básica que atraviesa todo el juego que es la empatía. Ya sea torneando cyberimplantes, poniendo cócteles que manipulan las emociones o ejerciendo labores de ingenería social, la clave siempre es la misma: leer a la persona que tenemos al lado y actuar en consecuencia a cómo creemos que reaccionarán a nuestros intentos de manipulación.

En eso se resume. En hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir nuestro objetivo. ¿Incentivamos la ansiedad de un importante cargo directivo? ¿Hacemos que alguien se ponga cachondo para tirarle de la lengua porque sabemos que le atraemos sexualmente? ¿Mandamos un torturador a alguien que creemos que nos ha mentido? Y con alguien al borde del suicido, ¿es mejor intentar evitar que se mate, bajo el riesgo de no conseguir nada o incluso torpedear nuestros avances, o incentivarlo, sabiendo que eso creará el caos e incluso que podemos sacar información valiosa si jugamos bien nuestras cartas?

Al final todo se resume en los principios regidores del cyberpunk. Es decir, preguntarnos sobre los límites de la identidad y la ética. The Red Strings Club no hace más que trasladar esas preguntas al jugador. Nos cuestiona sobre a qué estamos dispuestos para crear un mundo mejor. Si somos capaces de engañar, manipular, torturar y asesinar para salirnos con la nuestra. Porque al final, de modo sutil, te está preguntando sobre qué es lo más importante para ti: si tu idea de una sociedad ideal o la felicidad y bienestar de las personas que te rodean. Y lo consigue no con cinemáticas o elecciones maniqueas, sino con mecánicas jugables simples, con elecciones cuyo resultado rara vez o nunca sabemos qué efecto tendrán en el devenir de la historia.

Esa es la mecánica última de The Red Strings Club. Nuestra capacidad para empatizar con los otros. Algo a lo que contribuyen unos personajes muy bien construidos, una escritura ejemplar y unas mecánicas y una banda sonora que no hacen sino potenciar los dos aspectos anteriores. Porque, a fin de cuentas, ¿qué son las elecciones éticas si no las preguntas que nos hacemos a causa de la empatía?

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The Red Strings Club

Año: 2018
Deconstructeam nos presenta una aventura gráfica en la que tenemos que preguntarnos hasta dónde llegaríamos para conseguir un mundo mejor.
Estudio: Deconstructeam
Distribuidora: Devolver Digital
Plataformas: PC