[Crítica] ‘Victoria’: Algo más que un único plano secuencia

Hoy en día, cuando (casi) todos conocemos a alguien que vive en Berlín, una película como Victoria debería interesarnos. Pero la cinta de Sebastian Schipper tiene más atractivos que su conexión hispánica o su realización en toma única. Aquí te los contamos.

Victoria (Sebastian Schipper, 2015) se convirtió en una de las sorpresas de la última edición del Festival de Berlín: rodada en un único plano secuencia y protagonizada por Laia Costa, una española que apenas lleva unos meses en Berlín, no sólo se alzó con el León de Plata, sino que además se ha convertido en una de las películas de la temporada en Alemania, donde aún se proyecta en numerosos cines (en Berlín se estrenó en febrero, y en el resto del país, en junio).

El punto de partida es poco original: una chica española que lleva unos meses viviendo en Berlín y que no habla nada de alemán conoce a tres chicos en  un club y pasa la noche con ellos. El punto de partida, a priori, da pereza. Pero Schipper da un giro de 360 grados a la trama y convierte un encuentro fortuito en una demoledora película de acción que no da tregua a un espectador que, al igual que los personajes, se ve arrastrado por unos acontecimientos sobre los que no tiene control alguno (y hasta aquí podemos contar sin echar por tierra la experiencia).

Durante las dos horas que dura la cinta acompañamos a Victoria por un Berlín irreal pero creíble (está rodada en una zona de oficinas en Mitte que durante la noche está absolutamente vacía, pero filmarla en barrios con una intensa vida nocturna en un solo plano habría sido imposible) y descubrimos sus anhelos, sus miedos y sus frustraciones, que en realidad no son tan distintos de los  de muchos de los emigrantes de países en crisis: sueños rotos y el deseo de reinventarse en una ciudad en la que nadie la conoce. Pero sobre todo nos habla de un Berlín que apenas aparece en los medios españoles porque no cuadra con el relato de la Alemania rica, de ese “motor de Europa” al que es fácil culpar de la crisis del euro: un Berlín precario y de minijobs (el salario mínimo se introdujo este año) que hace que los protagonistas terminen envueltos en el atraco un banco.

Se ha hablado mucho de que los 138 minutos sean un solo plano secuencia, y uno va al cine con  la sensación de que la forma en que se ha rodado se va a convertir en protagonista absoluto, pero no es así, y ahí radica el mérito de Victoria. Con un guión de poco más de 12 páginas, los actores tuvieron que basar casi todo su trabajo en la improvisación. Se habla poco del esfuerzo de interpretación que eso requiere: basta un desliz, el más mínimo silencio, y todo el trabajo se viene abajo. Schipper tenía un plan B consistente en hacer un montaje con cortes mínimo, pero no tuvo que recurrir a él gracias a la confianza que los actores desarrollaron, tal y como explicaban en la rueda de prensa de la Berlinale.

Juzgar la película únicamente por la proeza técnica de su rodaje sería, sin embargo, un error: Victoria es además una alegoría de esa juventud europea desencantada y machacada por la crisis en el que ni siquiera el nombre de la protagonista es casual.

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Victoria

En un único plano secuencia, Sebastian Schipper traza un retrato 'noir' de ese Berlín precario que no sale en las noticias.
Director: Director: Sebastian Schipper
Guión: Guion: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Actores: Reparto: Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski