[Crítica] ‘Wonder Woman’ – Mitología heroica y porrazos divinos

Wonder Woman

La primera adaptación en pantalla grande del personaje creado por William Moulton Marston y Harry G. Peter no solo es la mejor película del actual universo compartido DC, sino que hace funcionar el modelo sobre el que se cimienta. Valida el sentido de la maravilla por el mero valor del espectáculo, tal y como lo habían intentado sin éxito anteriores aportaciones de la franquicia Warner.

Cuando el peso del Universo DC recayó sobre Zack Snyder como poder creativo principal, el mismo director, antes de que saliera su difusa Batman v Superman: el Amanecer de la Justicia (2014) dejó claro que sus películas trascendían el género, que lidiaban con temas de dioses, humanos y la figura del superhéroe como criatura mitológica. Toda su torre conceptual se desmoronaba cuando en sus películas, plagadas de retruécanos narrativos inservibles, metáforas mesiánicas y relicario iconoclasta de la cultura del cómic de galleta a mano abierta, acababan con enfrentamientos épicos cercanos al universo Bola de dragón. Toda su arquitectura errática disuelta en esas conclusiones de arcade Street Fighter que escondían, además, la pretenciosidad de un adolescente que no ha acabado de comprender las novelas gráficas que le fascinan.




Quizá me equivoque con esta apreciación, pero la Wonder Woman de Patty Jenkins se parece más a la visión de DCU de Snyder de lo que se ha podido dar a entender al compararla alegremente con el Capitán América: El primer Vengador (2011). Está claro que la ambientación bélica y ciertos aspectos retro de la estética hacen natural la comparación, pero en cuestión de estilo, no hay más que convergencias con las películas de sus amigos de la Liga de la Justicia. No vamos a negar que, desde luego, Jenkins logra una claridad narrativa que la acerca más al clasicismo que otras entregas recientes de héroes Warner, pero no nos llevemos a engaño: Wonder Woman nada en piscinas de slow motion y reparte tollinas como una deidad. En su tercer acto la fotografía oscura y metálica se mimetiza de tal manera con la referida Batman v Superman que cualquiera diría que Snyder ha pasado por debajo de la puerta algo más que unas notas de producción.

¿Y esto, es malo? No, claro. Y aquí está el mayor superpoder que nos ofrece la heroína. Wonder Woman es capaz de funcionar a base de esas leches que destrozan el firme y por alguna razón, funciona. Divierte, entretiene. Fascina. Ya sea por su historia de buenos-malos reducida al esqueleto, sin vericuetos innecesarios o ya sea por la presencia, imperial, de esa Gal Gadot integrada al máximo con su personaje. Esta Mujer Maravilla es el cruce perfecto de Xena, Red Sonja y Supergirl. Atrás queda su confusa primera aparición en el cine en Batman v Superman. Aquí asistimos a su crecimiento como heroína, que independientemente de su relación con el canon de cómic, series o animación tiene una base sencilla, basada en la mitología, que la convierten en ese icono sobrehumano que andaba buscando, sin éxito, Snyder. Cuando WW entra en acción se para la pantalla, se invocan los espíritus de la hipnosis y se logra una conexión completamente subconsciente con la maravilla.

Desde las primeras apariciones de las amazonas al bloque final de hostias celestiales, Gadot triunfa como icono, como símbolo de por qué creemos que los héroes de los tebeos eran héroes en los tebeos. Nada de cotidianeidad, justificaciones científicas, súplica por la credibilidad. A la mierda. Esto es cómic en movimiento, y Wonder Woman consigue crear esa ilusión infantil sin que la cuestionemos. Sí, su segundo acto tiene algunos kilos de más, sobredosis de Chris Pine y algunos villanos de chichinabo que pasean por la fina línea que los separa del ridículo en alguna ocasión, pero todo fluye adelante hacia su conclusión en busca de la épica.

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La división de protagonismo con un hombre parece ser un problema en cuanto a la carga feminista del conjunto pero, sin entrar en el tema demasiado, el mayor gesto ante el poder patriarcal es dibujarlo como una invención absurda creada sobre vicios culturales, incompresibles para un ser puro como Diana Prince. Jenkins subvierte el mito sexual de la bella “nacida ayer” de variaciones como Un, dos, tres… Splash (1984) sorprendiéndose de la jerarquía de género en el tiempo que le ha tocado visitar. Todo facilitado, claro, pot la contundente expresividad de Gadot, que ayuda a comprender fácilmente cómo le resbala lo rancio de la era que le ha tocado conocer. Wonder Woman tiene el honor de ofrecer un sabor diferente a un subgénero que empezaba a dar muestras de cansancio sin tratar de huir de sus cimientos. De hecho, parece regresar a su ejemplo más clásico y efectivo, el Superman (1978) de Richard Donner, sin tomar partida por el cine de otros géneros (aunque el bélico esté muy presente) para tratar de huir o encubrir su naturaleza. Porque Wonder Woman es lo que es: cine de superhéroes que no se avergüenza de serlo.

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Wonder Woman

Wonder Woman

Año: 2017
La heroína más popular del mundo del cómic regresa al medio audiovisual con una adaptación a la altura de su categoría de icono.
Director: Patty Jenkins
Guión: Allan Heinberg
Actores: Gal Gadot, Chris Pine, Robin Wright, Elena Anaya