‘Mascots’: Los premios-nada de Christopher Guest

Todo en Christopher Guest son competiciones de mierda. Es decir: todo en Christopher Guest es el Primer Mundo. En la sociedad de consumo hay que sentirse ganador y la única forma de que esto ocurra es creando los campeonatos ‘a priori’: todos somos medalla de oro, no nos vayamos a sentir mal y dejemos de comprar.

Incluso existe un gran libro que institucionaliza los premios-nada y les da lustre: el tomazo Guinness de los récords. En esta ponzoña de cientos de páginas se reboza gran parte de la producción del cineasta norteamericano: en lugares donde personas desubicadas pueden tener la oportunidad de ser campeones. Solo en el premio-nada se puede sentir (y esto no quiere decir que se posea) un futuro: en definitiva, solo en el premio-nada habita la comedia. Solo sin futuro (y especialmente cuando se cree que se tiene) hay risa.

Vamos a algo más patético: sentirte ganador de un premio-nada sin haberlo ganado. Esto solo puede dar como resultado la tragicomedia. Si eres pobre o de clase media, será un cachondeo instantáneo; si no lo eres, si tienes el suficiente dinero, solo podrás comprar tiempo para que este choteo tarde un poco más en llegar. Le pasó con desgracia incluida a John Du Pont, fundador del equipo de lucha Foxcatcher, y le ocurre al personaje de Bob Balaban en Mascots, la nueva demostración de poder de Guest en forma de largometraje producido para Netflix. Sol Lumpkin es rico pero se ve atrapado por la necesidad de ganar en algo. En este caso, a una mujer despampanante: necesita comprarle un equipo de béisbol. Y con el estadio, sus dos mascotas humanas (una pareja en descomposición que se viste de pulpo y tortuga). Esto y muchas chifladuras más dan el pretexto al cooperador de This Is Spinal Tap (1984) para mostrarnos lo que hay debajo de los cuerpos de velcro peludo: una serie de inadaptados que, enjaulados durante un tiempo razonable, se estrellan en el humor.

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Tras las irregulares Nominados (2006) y la serie The family tree (2013), ha tenido que ser Netflix la que le dé a Guest la oportunidad de regresar a su terreno. El de la Norteamérica de falso documental, el de la verdadera Norteamérica que se muestra en documentales supuestamente serios como Grizzly Man (2005) o Capturing the Friedmans (2003). Con una mala baba soterrada, la competición de mascotas deportivas que se celebra en Anaheim se va deteriorando de una forma imperceptible porque, quizá, ya venía jodida de fábrica. Por mucho que parezcan lejanos, las escenas yanquis de Todd Solondz y de Guest comparten candidez. Todo suena a patético/violento/grotesco y cariñoso. En el fondo, reencontrarse con su habitual troupe de actores (en el caso de Guest: Bob Balaban, Jane Lynch, John Michael Higgins o ese dios de nombre Fred Willard) ya ilusiona más que toparse con cualquier nueva cosa de Woody Allen (no quiero hablar del horror que es Crisis in six scenes -2016-).

https://www.youtube.com/watch?v=swTWozTxQ-E

Se nota en Christopher Guest una verdadera devoción por la comedia (aunque nunca en tempo acelerado). Ahí está cuando Ed Begley Jr. habla del burro del que se disfraza, el único en fieltro con sus atributos anatómicamente proporcionados; o cuando Bob Balaban y señora se dedican a desgranar cómo se conocieron; o cuando ese maravilloso puño de gomaespuma se estira hasta hacer una peineta. En Mascots suena todo a hallazgo aún para alguien como yo que se ha drogado toda la obra de Guest: ¡si hasta regresa al Corky St. Clair de El experto -1996-! Solo nos faltan sus compañeros Harry Shearer y Michael McKean para que la fiesta sea completa.

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Mascots

Año: 2016
Con ‘Mascots’, Christopher Guest regresa en su mejor forma, en su mejor formato y con su pandilla habitual de anormales.
Director: Director: Christopher Guest
Guión: Guion: Christopher Guest, Jim Piddock
Actores: Intérpretes: Zach Woods, Wayne Wilderson, Sarah Baker